sábado, 3 de enero de 2009

Hojarasca



Ahora es como si estuviera detrás
toda esa hojarasca rendida.
De cuando éramos niños. Percibo
lejanía, sé que la niñez ahora
no deja de ser una terapia,
no por haber avanzado el tiempo,
no por éso, sino por habernos
agujereado de desasosiego,
habernos destemplado. Mucho antes
de ahora, el suelo almacenaba
el calendario imperturbable del juego.
La hojarasca, el sentir de su brazo,
su envoltura, su perfil sin riesgo.
¿Y ahora que en la ciudad la aspiran
cual delincuente otoñal?
Hojarasca seca, húmeda, limpia,
sincera al suelo, fuente de alimento:
temí que no vinieras.

4 comentarios:

ybris dijo...

La niñez es sin duda una terapia.
Sobre todo la niñez rendida como hojarasca fecunda.
Su desasosiego es lenitivo; nutritiva su sinceridad.
Bien es de temer que no viniera nunca.

Un abrazo.

Ramona dijo...

La hojarasca seca me recuerda mi niñez en Palma. Cuando atravesa la avenida donde vivía para ir al cole, y èsta llena por completo de hojas secas crujian bajo mis pies. A mi ese ruido me gustaba...
Esa Avenida hoy no tiene hojarasca. Hay un seto que divide dos direcciones de tráfico...El precio del progreso.

Mirada dijo...

La misma paz.. el mismo lugar...
la misma luna... la misma lluvia corriendo detrás tuya, vuelve a sonar y al compás...

Me la has recordado, Tempero querido.
Resulta que ayer caminando por un lugar de la ciudad apartada, me encontré con la hojarasca, el olor, la húmedad y justo (no te había leído) pensé que bien que no la aspiren :-)
oh lala la....
Miña nenez, fermosa entre os montes a cabalo dunha vaca, nadando entre as gamelas, comendo minchas, desfacendo muiños ....
gracias por facilitar que llegase.

Cada vez me gusta más, se nota tu constancia y confianza.

Milleiros de bicos :-)

sticker dijo...
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