miércoles, 1 de abril de 2009

Excepto el tren





Oscurecía


Mientras oscurecía el tren seguía su pista perfectamente calibrada. Viajábamos en un tren de esos de traqueteo permeable, de los de humo abundante, de los de tiempo almacenado. Dijimos a modo de broma: viajaremos en un tren donde podamos contar las traviesas si nos aburrimos. Podíamos contarlas desde las ventanas laterales o desde el balcón trasero. Pero no hubo necesidad, como de dormir, que sólo a ojo abatido por el cansancio decidíamos recostarnos el uno junto al otro. Treinta y dos horas llevábamos desde nuestra salida en Ocal. El gesto del paisaje, más allá de parecernos anodino nos resultaba tan silencioso como efervescente: las hostiles estridencias de los descomunales cáctus predominaban. El interior del tren era como una aspersión de personajes, animales, cajas, sed y sueños. ¡Claro que éramos unos gringos para ellos! Pero nos veían tan descalzos que para nada ocultaban el riesgo de vaciarse. ¿Y adónde va Usted?/Sólo trato de llegar y nadita lo pise ire al arroyo a afeitarme estos caños que llevo de dos días. Pediré labor. Llevaba las uñas abatidas. ¿Y Ustedes, adónde van?/Sólo seguimos a este tren. Nos miraba las manos también, las teníamos agarradas. Ustedes trenzan felicidad, dijo./(Una leve sonrisa le apuntamos.) En Fauces se bajaría ese hombre, y nosotros. El río amplio se reinventaba todo el día allí, las nuevas empresas demandaban cada día más y más trabajadores. Todo se renovaba con velocidad exclusiva, excepto el tren, que seguía a carbón.

3 comentarios:

Mirada dijo...

Manuel, continúa esta historia, por favor...
Este texto es un excelente comienzo, el estilo que utilizas para tejer cada una de las palabras, es muy especial. Has creado en un breve párrafo un serie importante de estímulos para querer seguir leyéndote.
Gracias, muchas gracias. Miles de besos.

Inés González dijo...

Este viaje me huele a la patria de Rulfo, donde el tiempo y el paisaje tiene otras dimensiones, Comala, Ocal, Ocal, Comala, mundos que lo aprietan a uno por todos lados, que van vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá...
Grandes travesías esperan a estos jóvenes y frescos personajes, es lo que presiento, me gusta mucho este comienzo.
Malacostúmbranos y escribe pronto.
Un gran abrazo

Shandy dijo...

Tempero, yo también quiero seguir este viaje, si me permites acompañar al escritor con la mirada de la lectora. Seguir contando las traviesas del tren, o seguir el curso de un río sin temor a aburrirme. Seguiré asomada a una ventana lateral o de patio interior con luz.
Esa música con el silbido del tren y el traqueteo es toda una invitación... Se cuentan hasta las traviesas. Qué buen tema!