jueves, 22 de abril de 2010

Hondura


Háblame para dejarme un cerco.
Allí estábamos cuando sobre el cuello nos urgía el suelo.
Querías palabras ejecutadas más allá de las manos.
Las caricias las siento, las palabras me ahondan.
Me agaché y con las manos toqué esa raíz que nos temblaba. Te señale lo que no se veía de ella.
No sé si me dijiste te quiero. Fue la tuya una voz leve.
Aún quiero preservarte, regirme por lo que nos dimos tras aquella raíz.
Hondura.
Sí, éso fue lo último que me indicaste.




17 comentarios:

Porverita dijo...

Preciosa música, tempero. Esta vez diste de pleno.

Siento que de un momento a otro se va a alzar esa raíz incrustada en la tierra -la de la derecha- y va a ponerse a bailar y retorcerse como serpiente encantada que sale del su sueño de hondura.

En la última foto adivino una criatura marina que observa con indiferencia, con su ojo semicerrado, al observador... que se inclina sobre ella.

Salud.

Haré por verte en el Instituto Francés.

Amando Carabias María dijo...

Es sabido de la familia mis problemas de hipermetropía. Tantos que yo lo he visto al revés justo que Porverita, y he pensado en criaturas acuáticas en la foto de arriba y en un reptil en la de abajo...
El texto es hondo, no sólo por el título. Es hermoso siempre el encuentro amoroso en plena tierra.
En la de la música coincido con Porverita.

Tinta de aterrizaje dijo...

Son tan esenciales las palabras como las caricias.
No podría prescindir de ambas.
No deja de ser una buena metáfora amorosa esa raíz de...?

No estoy muy acostumbrada a ese tipo de música que propones, pero reconozco una gran sutileza en ella.

Shandy dijo...

La música: acompaña bien a un sutil cortejo amoroso de ambas criaturas que van al encuentro. Invita a mostrarse, a contemplarse, a recrearse, a acercarse lentamente... Es la seducción.
Las imagenes: Él, agua, la de la izquierda. Ella, tierra.
Palabra y caricia son necesarias, lenguajes distintos que despiertan diferente sentidos y emociones. Pero para llegar a la raíz, a la hondura, el tacto es imprescindible. La palabra puede seducir, puede acariciar el alma, es poesía. La comunión, de producirse, llega con los tactos- prueba de fuego -, con las honduras de los tactos. Y ya no hay palabras...

Pedro Delgado dijo...

Si no fuera por el árido fondo que las sostiene yo diría que son renacuajos que esperan su metamorfosis para convertirse en ranas; pero con ese fondo (hondo) lo dejamos en reptiles.

Y digo yo: no nos basta con contemplar su belleza seca y esteril que queremos reinventar o explicar lo inexplicable

Saludos flamencos

mateosantamarta dijo...

Una parte de esa hondura emerge a tomar aire, otra permanece en la raiz. Dentro el encuentro completo aunque no sea evidente. Un abrazo.
Todo: la música, el texto y las fotos dicen mucho y callan más.

Miquel dijo...

no he podido poner la música...me sabe mal..

Miquel dijo...

solventado el problema...me gusta ¡¡¡¡

JosepMª dijo...

Raíces
de música
rescatada
de los calendarios.
Cómo os agradezco
(a tí & Sofía)
estas ofertas sonoras:

Jordi Savall.
Montserrat Figueras.
Arianna Savall.
...
Placer de escuchar.

Tempero dijo...

Porverita, yo lo único que deseo es que a esa raíz no la agredan más pues atraviesa un camino y es constantemente pisada.
También me imagino yo cosas, sobre todo de la última foto.

Ya se me hace tarde escuchar esa combinación mozárabe-flamenco programada para el día 24.

Besos.

Tempero dijo...

¿Ver más de lo debido no es un problema, no, Amando?

Las raíces son grandes lombrices somnolientas y la la música siempre nos derriba por su placer. Jordi Savall lo consigue y, por cierto, alguna que otra vez actuó en el Alcázar de Segovia.

Abrazos.

Tempero dijo...

Veces hay que hasta me considero raíz. Virgilio habla de la profundidad de la raíz de la encina; a modo de 'iceberg' señala a la encina, donde una parte aflora y las otras dos corresponden a profundidad.

Es pura metáfora.
Buenos son tambien los temas de jazz que tú recoges en tu cuaderno.

Tempero dijo...

Vamos Shandy, que al final hay que tocar porque el poema te puede llegar muy hondo, 'tocarte' la parte más sensible, hasta excitar, llegado el caso. Pero el tacto es la revelación analógica de nuestras huellas digitales, y es clave.

Tempero dijo...

Pedro, que ya sé que se trata de una raíz de encina, que me conmueve profundamente su disposición, que admiro la belleza 'seca y estétil' y que sólo recreo. ¿A que la palabra recreo te gusta? Conociéndote un poquito presiento que tuviste que ser un buen maestro. Ahora eres maestro de lo 'jondo'. Titularé una entrada así 'Jondura'.

Abrazos.

Tempero dijo...

No suelen emerger las raíces de las encinas. Solemos ser nosotros quienes las destapamos a nuestro paso. La raíz tiene ese sino: hincar y buscar.

Mateo, ¿va todo bien?

Gracias.

Tempero dijo...

Miquel, la música depende muchas veces de los servidores. No suele dar problemas aunque a veces tiene publicidad.

Nos vemos.

Tempero dijo...

Josep María:

Tándem se llama.

Gracias a tí por recalar por estos espacios tan efímeros.