lunes, 30 de agosto de 2010

Campo campante

"A Daniel, el Mochuelo, le placían estos olores, como le placía oír en la quietud de la noche el mugido soñoliento de una vaca o el lamento chirriante e iterativo de una carreta de bueyes avanzando a trompicones por una cambera."

El camino, Miguel Delibes.



Me mide el campo
por la escasa pisada
que de mí entra en él.




Pensamiento mío
¿dónde me llevas?
Por un camino,
caminito amargo
llenito de piedras.

Ay! Y a la medianoche
me despierto y digo
¿qué le ha pasado
y a la compañera
que no está conmigo?

De la vieja torre
y un grito sonó
que y un hermanito
del alma la vida dejó.

6 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Esta entrada es enjundiosa en todos sus matices.
El texto de Delibes, como todos los textos de Delibes, me parece para enmarcar, y tú, Manuel, lo has enmarcado, no con las comillas, sino con esa fotografía que tiene vocación de lámina, de objeto artístico, de radiografía de esta Castilla que en agosto aún parece más desierto, más silencio, más honda, y más inquisitiva...
y esos tres versos que nos regalas para que meditemos, para que los hagamos rumor de nuestro pensamiento: hemos abandonado el campo y tanto abandono en realidad nos mide a nosotros.

Miquel dijo...

Pocos matices que se puedan añadir. El poema bello; la foto por demás de adecuada: el campo, extenso y pisado con cariño por las ovejas y el pastor...he estado una semana en la tierra de Delibes...cada vez me gusta más...(esa tierra y ese Delibes )....salut

Isolda dijo...

Todo me sorprende de Delibes o mejor dicho nada. Siempre es maravilloso.
Pero no dejo de admirar esa nueva vara de medir que conforman tus versos; tan sólo tres, para constatar, una vez más, cuánto amas los campos de Castilla.
Como con el cante de Calixto Sánchez.
Besos, Manuel.

ybris dijo...

Enternecedora hoy tu visión del campo:
No son nuestros pasos los que lo miden.
Es su imagen la que da la medida de nuestros pasos.

Un abrazo.

cristal00k dijo...

Campos agostados de verdes esquinas...
promesas de vida.
Saludos.

Tinta de aterrizaje dijo...

Tus fotos ya son haikus en sí.
El paisaje es cambiante a nuestra pisada.
Del campo necesitamos hacerlo memorable.