jueves, 24 de marzo de 2011

Canto



Un canto,
de perdiz, por ejemplo,
es un extremo deseado,
un periplo de hojas verdes.
El rastrojo
como punto de partida
del vuelo,
del nuevo canto
a las solanas del otoño
en pleno monte.
El oído gesticula hacia adentro,
queda a salvo
cuando escucha, al menos,
un canto
de perdiz.

10 comentarios:

Miquel dijo...

complejo el saber leerlo...

Porverita dijo...

Niño, con permiso de la perdiz -tan surreal- mañana tenemos una fantástica guitarra flamenca en la Librería Balquerna (Madrid) a las 21 horas: Juan Ramón Caro.

Tempero dijo...

Miquel:

¿has escuchado alguna vez el canto de una perdiz? Supongo que sí. Es un poco sincopado. Pues esa idea es la que he querido transmitir en el breve poema. Yo te lo podría leer. No controlo el poder grabarme la voz y pasarla a mp3 y subirla a estos lugares. Si supiera lo haría. Pero te puedo asegurar que no es complejo.

Salut.

Tempero dijo...

Porverita:

¿Tan surreal? A ver, amig@s. Miquel habla de complejidad que dudo que exista; tú me hablas de perdiz surreal. Lo único que he hecho es acercar el costado de la perdiz al máximo que daba el zoom de la cámara. El resto es coser y cantar.

Amando Carabias María dijo...

El oído gesticula hacia adentro... Tremendo verso, tremendo.
Y ese gesticular hacia dentro, me suena a pivote de todo el poema, porque gesticular hacia adentro es como caer por un precipicio y necesitamos de un asidero que evite que nos despeñemos... el canto de la perdiz.

Isolda dijo...

Ahí tienes la prueba: Amando te ha entendido a la primera, a mí me cuesta mucho, pero no dejaré de intentarlo y me encanta que me expliquen los poemas. Ya sé que a la mayoría no les gusta hacerlo, pero me aprovecho de todos los comentarios.
Besos siempre, amigo.

Tempero dijo...

Amando:

dispones de buen oído. Y sí, ese verso, digamos, es el más llamativo, el que rompe el propósito sencillo de ese decir del canto.
Cuando lo compuse se lo di a leer a un compañero del trabajo y también se paró en ese verso. Se paro pero por extrañeza. Quien no está acostumbrado nada más que a una prosa plana o poesía llana y simplona, que de eso hay mucho, escuchan esos requiebros del lenguaje y hasta lo consideran erróneo. La leche blanca. Pues no. Entonces le he explicado ese efecto que se consigue de amansamiento cuando lo que se escucha no son estridencias. Y en ese caso es como sí asintiésemos hacia adentro.
Pivote el poema en ese verso, Amando, es cierto, pero tu apreciación del gesto con la caída ha ido mucho más allá de mis pretensiones.

Un abrazo y a ver si nos vemos la próxima vez que pasemos por SG.

Tempero dijo...

Isolda:

salvo el verso que apuntó Amando, salvo que no seas de campo y no hayas visto como circula una perdiz por hierbas, montes y rastrojos, creo que se entiende el poema. El mismo poema es un canto sencillo.
Pero eso es lo que yo me creo.
Pero te lo puedo explicar si quieres.

Besos y suerte en la salud.

Tesa dijo...

Y ese ruido de alas cuando levantan el vuelo las patirrojas...

(Qué maravillosa foto, Tempero)

Tempero dijo...

Tesa:

ese ruido es un prodigio de sonoridad. Y lo sabes porque las has visto.
Y nada te digo de las alubias con perdiz, sabedores de lo que nos gusta la buena cocina. Pero perdiz de criadero, nada de plomo. O escabechada.

Gracias, T.