martes, 28 de junio de 2011

Hábitats

( De un sueño )


Estaba en la Estación Central de Trenes de la ciudad. Una explanada grande de albero sin un sólo coche y el edificio allí con su gran rótulo: Terminal de Trenes de Aquí. No había nadie esperando. Un señor en la taquilla y otro en la oficina postal. En aquella oficina siempre llegaban los envíos antes que las personas. Pregunté, ¿Hay algo de Elena? Del tamaño de un pequeño libro envuelto en papel de mercado y atado con una cuerda. Tenía remite. El destinatario eran unos versos:

Han adornado el cielo con flechas,
tarjas de jubilosas llamas y yelmos de esplendor,
cuchillos y dagas de silbante luz y furiosas espadas.

Me lo dieron. No lo desenvolví. El tren traía un retraso de dos horas. El calor. Daba vueltas al envío. El tren postal salía a la vez que el de pasajeros, pero llegaba mucho antes. Elena. Lo vi a lo lejos. Cuando paró se abrieron las puertas. Comenzaron a salir perros. Perros que cruzaban los andenes, perros que salían por la estación, perros que iban por donde habían venido. Salió Ella. La reconocí por sus ojos. Él me reconoció a mí. Llevaba las dos manos envueltas en gasas negras. El gran dogo vino a mí, me lamió, puso sus pies en mis hombros. Ella se acercó. La miré, eran sus ojos. Sólo me dijo, Yo no soy Ella, Ella aún conserva las manos.


El cachorro me dijo, de Diego Carrasco, de su disco Voz de Referencia

6 comentarios:

Inés González dijo...

Me ha gustado mucho tu sueño-relato Tempero, tanto que lo he leido varias veces.
Ya me conoces, siempre encontrando explicaciones psicoanaliticas por ahí, me dirás.
Pero es verdad, los sueños son un material exquisito de nuestro interior, y este es un hueso jugoso y cargado de significados.
El personaje femenino es fascinante, una mujer cercenada en su afectividad ( lleva las manos envueltas en gasas negras), desdoblada y que, a pesar de todo, sigue mirando el mundo: conserva sus ojos, para recordarte que la mujer rota que ves tiene otra en su interior que no le han lesionado las manos.
El escenario desolador de la estación de trenes semivacía nos traslada a un cuadro de Hopper...

Miquel dijo...

puede ser, que tal vez, quizás, y en un recodo, los cuadros de Hopper, nos reflejen una realidad cotidiana, no la de estar por casa, sino la coetanea, la del seguir subsistiendo...

Tempero dijo...

Inés:

En este caso atinas: un hueso jugoso: perros hay y a mogollón, pero sobre todo hay médula dentro de ese hueso, y mucha.
Veo que el verbo cercenar te arrastra y no sólo por la interpretación de la rama vertical de tu última entrada sino por la interpretación de la mujer con las manos vendadas que viene en el tren. Igual le mordió las manos uno de los perros, o su dogo.
Se ve que te va el diván. A mí también, pero para tumbarme, relajarme y demás menesteres.

Hopper y sus quietudes...

Tempero dijo...

Miquel:

en occidente me preocupa la subsistencia moral, morirnos de hambre no nos moriremos; en los paises más pobres me preocupa que puedan comer para que luego puedan pensar y/o soñar.

Salut.

Isolda dijo...

Me ha encantado este sueño. De hecho, todos son fascinantes. Comprendo que Inés quiera desmenuzarlo. Me limito a leerlo e imaginar esa Terminal de Trenes de Aquí, vacía, por más señas. Cierto también que, sin los perros, podría ser un cuadro de Hopper y su soledad tremenda. Ni siquiera era Ella.
Besos despiertos, reales.

Tempero dijo...

Isolda:

hay sueños en los que al caer te despiertas, hay sueños en los que avanzas con verdaderos contrapesos. Lo que yo sueño a veces es verdad. Ningún perro llevaba chip.

Besos.