sábado, 16 de julio de 2011

Hábitats


( De un reencuentro )

Estaba en un pinar.
Un par de perros olfateaban obsesivamente el rastro de un gran dogo.
Elena no decía nada, sólo se dejaba oler; no decía nada.
Ella había dicho que a su perro le inquietaban los bosques; como a Ella.
Ahora no decía nada, algún cigarro para mover sus labios, nada más.
No lo encontraron.
A Elena le dio por reír.
Por la noche fue sola al pinar. El fuego comenzó por un bote de resina.
Algunas colillas se recogieron como muestra junto a la vereda.
A Elena la despertaron unos rasguñazos sobre la puerta de madera de su casa.
Olía mucho a humo su gran dogo.

Episode, DAKOTA SUITE, de su disco ALONE WITH EVERYBODY

5 comentarios:

Ventana indiscreta dijo...

Enigmático dogo.
Enigmática Elena. Más que enigmática diría yo que muy perra. Vamos que se le escapa el dogo y lo saca del pinar echando humo. Y enima va luego a lamerle el culo por la mañana. Una relación extraña la de ese perro y Elena-piromana.

Miquel dijo...

ya sabes que a veces me cuesta entender el argumento...salut

Tempero dijo...

Sofía:

lo más relevante del relato: la extensa relación de Elena con su perro. Elena tiene unos puntos muy raros e ininteligibles. Menos mal que no la pillaron prendiendo fuego al pinar.

Besos, guapa.

Tempero dijo...

Miquel:

El perro de Elena se pierde; Elena sufre; los perros que la buscan necesitan oler a Elena, ella los proporcionará el rastro; Elena no utiliza perfume, pero huele; Elena no comprende por qué se le escapó el dogo; Elena, por sus propios medios decide sacar al dogo del pinar, lo prende; al final, al dogo le queda, o quemarse o salir ahumado.
Sale y vuelve a casa.

Salut.

Inés González dijo...

Algo le habrá hecho al dogo Elena. Nunca los animales se van porque sí, quizás se sentía atrapado, cansado, aprisionado, o simplemente deseaba ser libre, vivir la vida lejos de un amo.
Elena es posesiva, sus métodos son temerarios, extremistas y egoístas, no le importa cargarse a otros seres ( los pinos) para conseguir lo que quiere: el dogo.
Y el pobre dogo es poco valiente, su libertad llega cortito, tampoco le interesa ir hasta el final, por eso baja las orejas y vuelve a casa. Sumido, sumiso, sumiso, sumido.