viernes 20 de noviembre de 2009

Se te acercan




Soy principiante en la melancolía. Paso por un detalle amado, advierto una falta, vuelvo a la melancolía como principiante, como experto adulterado que a ella vuelve. Tan cercano está su estribo. Ya sé de antemano que no hay remedio, ya distingo desde el pupitre lo que es la vida. Vida: esplendor y grieta. De los que me fueron no es su rastro despejada longitud. Siempre algo me husmea, ese vaho que se nota y que te imprime lentitud. Algo a lo que asistes, ¿para qué?, esporádicamente me pregunto. El caso y ello es, me solía decir alguien ya ausente. El caso y ello es la rumia de amor cuando, con un mínimo reajuste, se te acercan.


martes 17 de noviembre de 2009

Encarna

Ya sé que este número, idéntico existe más abajo. Simplemente se trata de otra variante más sentida donde el poema de Cernuda, musicado/susurrado por Morente, me arrastra más hacia el lugar.




Treinta y cuatro. Ese es el número que abanicaba a una plaza y a una fuente. Ese número es el que me dijiste donde detenerme. No estaré, me anunciaste, Ella sí. Ella te contará, son ochenta y cinco años de decires, cuentas, historias y secretos. Puede que halles la plaza demacrada, desposeída de todo lo que fue. Esa es una historia lenta y triste. Pero Ella, verás, es instantánea en decidirte por un paseo emocionante. Dile que vienes conmigo, mejor, que vienes de mi parte, o que surges de los prados, o que has remontado el río. Si todo éso le dices, Ella te dirá. En principio verá a qué hueles; si hueles a palabras mías no fingirá y te dirá del redondel de vida de su casa. Ya te comenté que zanjó su actividad. Ya te conté lo que Ella me contó sobre un novio que tuvo que la rondaba. Pero de Ella sale más templado. Son las historias necesarias de que te hablé. Es el treinta y cuatro, no lo olvides. Ese número ya no abreva de la fuente que ya no está en la plaza. Pasó ya tiempo mas no la exclusiva del hombre por derribar. Aprovecha y dile que yo...



Luis Cernuda

Donde habite el olvido

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Encarna



Treinta y cuatro. Ese es el número que abanicaba a una plaza y a una fuente. Ese número es el que me dijiste donde detenerme. No estaré, me anunciaste, Ella sí. Ella te contará, son ochenta y cinco años de decires, cuentas, historias y secretos. Puede que halles la plaza demacrada, desposeída de todo lo que fue. Esa es una historia lenta y triste. Pero Ella, verás, es instantánea en decidirte por un paseo emocionante. Dile que vienes conmigo, mejor, que vienes de mi parte, o que surges de los prados, o que has remontado el río. Si todo éso le dices, Ella te dirá. En principio verá a qué hueles; si hueles a palabras mías no fingirá y te dirá del redondel de vida de su casa. Ya te comenté que zanjó su actividad. Ya te conté lo que Ella me contó sobre un novio que tuvo que la rondaba. Pero de Ella sale más templado. Son las historias necesarias de que te hablé. Es el treinta y cuatro, no lo olvides. Ese número ya no abreva de la fuente que ya no está en la plaza. Pasó ya tiempo mas no la exclusiva del hombre por derribar. Aprovecha y dile que yo...



Debaju la tu ventana
quité un canto y puse dos
en a cama que tu duermes
bien cujuíamos los dos,
con aire.

Quien pudiera ser el cravu
donde cuelgas el candil
para verte esnudar
y a la mañana vistir,
con aire.

Tu padre y tu madre dicen
que no les deju dormir
ventura tiene tu casa
la que no me deja a mí,
con aire.

Ya sé que estás en a cama
ya se que durmiendo no
ya sé que tienes la mano
donde el pensamientu yo,
con aire.

Si supiera que cantando
daba gusto a mi morena
toda la noche cantando
y a la mañana durmiera,
con aire.

lunes 16 de noviembre de 2009

GNC



El sábado 14 acudí a un concierto -Centro Cultural Francisco Rabal, de Madrid- en el que un gran guitarrista, Óscar Herrero nos ofreció a escasísimos espectadores, por seis euros, un concierto homenaje a Albéniz y su tiempo, al compositor y su obra, al hombre que supo percibir la grandeza y la trascendencia de la música popular y el flamenco. Calidad inapelable la de este guitarrista, ejemplo también dentro del ámbito de la didáctica musical. Soberbio concierto.

Y el sábado 7 estuve en La Coruña, frente al Atlántico, frente a esa ventana granítica e inmensa que mira al océano. Sensación de viento y yodo. Sensación de apertura, sensación de espera. Alegría y satisfacción.

Vayan estas dos experiencias entreveradas con este tema de Óscar titulado 'MIRAGUA', similar a mirada de agua. Bailen si les apetece.

La obcecada vida de una pared

Sé que el optimismo gime, como sé que gimen mis paredes mientras las blanqueo, las paredes y su sinfonía de cal, y gimen porque saben que alguien preparado con un aerosol va a arrancar una frase, sí, una frase, aunque tenga la letra desfigurada, aunque llore su exceso de pintura, una frase atrevida, me cago en el fascismo, y resulta que el fascismo ya murió, pero alguien, el que ha pintado, el escritor, ha sentido de nuevo el hilo demacrado del ahogo.

sábado 14 de noviembre de 2009

Mechero

Me rebelo contra ti, boca, que activas lo que yo quemo.
Tú, boca, fertilidad de nicotina y cuantía sobrada de placer.
Y yo, que mi desnudada llama se interrumpe por tú solicitarlo. No invertiría sino gas hueco si mi orgasmo no dependiese de una chispa.
Pero tú, boca, elucubra volutas que yo habré padecido el efímero instinto de quemarme.

viernes 13 de noviembre de 2009

Sobre el riesgo de ser, al menos, dos en la vida

¿Por qué sin ser yo dos vengo y me desplazo, me resbalo hacia ellos? Uno me dice, el otro no reprime, uno calla, el otro enerva al silencio, uno me grita, el otro excluye la moderación, uno me intenta escribir poemas, el otro disuade a la mayoría de palabras que no soporta, el uno que yo me creo ama, el otro se desagua con los labios. El uno me está cerca, el otro se refugia en mi médula.