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Mi amor por la tierra es tan grande que en mi infancia en Martínez le pedí al jardinero que cavara un pozo de mi tamaño. Me introducía en él y pasaba largas horas en contacto con la tierra fresca, gorda y negra, apoyando en ella mis mejillas, acariciándola, observando sus pequeños habitantes, escarabajos, lombrices y "bichos bolita".
Cuando se me buscaba sin hallarme, mi madre o mi tía decían: "Ha de estar en el pozo".
Julio Llinás, Querida Vida, Ediciones El sol de Ícaro.
Tres esquinas, de Tango Quattro. Disco: Fin de siglo.