martes, 16 de febrero de 2010

Arrebol



Partitura particular de escucha:

La petenera se abre mansamente.
La guitarra se abanica hasta entrar en voz.
Un toque eléctrico nos hace una señal.
¿Alegría y pena quererse cómo se quieren?
¡Qué cosas se dicen y encima con guitarra!
Minuto 2'55'': culmen, la hondura del de pensamiento, frenazo en seco de las cuerdas de la guitarra.
Entramos en ritmo de soleá por bulerías, ritmo alegre.
El día cesa, se arrebola.



Ay, ay petenera.
Ay qué alegría y qué pena,
el quererte como te quiero,
ay qué alegría y qué pena,
el quererte como te quiero,
dentro, muy dentro te llevo,
petenera triste de mí,
dentro muy dentro te llevo,
metida en el pensamiento,
ay qué alegría y qué pena
quererte como te quiero.

7 comentarios:

Inés González dijo...

Preciosa esta petenera que resbala por los tejados las paredes y las calles, en este día lluvioso donde anida el olor del rayo que desata la palabra.
Gracias Manuel por tus aciertos, siempre certeros, en acordes y en imagen, como esta que colgaste, no sé si es un atardecer o un incendio lejano...

Amando Carabias María dijo...

Me embarga la misma duda que a Inés sobre la foto. Seguiré la música con tu guía para los aprendices escuchantes.

Shandy dijo...

Buen abanico descriptivo la particular partitura que nos ofreces. Sí que es bonita esta petenera, un cante de claro oscuro, como alegría y pena pueden ser el querer, así los versos de Rosalía: Eres a estrela do río y eres o vento que zoa/ i es a noite y es aurora. Siempre presentes luz y sombra, tocándose por un tiempo, "Beixo preciso" como ese arrebol carmesí que que se posa sobre las sombras del bosque.
"Non che doi o canto,/
-redondez morna de beixo preciso-
do sol na sombra?"
A. C.

Tempero, me acabas de dar la justa palabra castellana para la traducción de "Roibén", no había pensado en ella. Y al ver la foto de ese crepúsculo y el título de esta entrada, me dije esa es! Gracias, pues.

Te copio el texto con el "Roibén", palabra que me parece muy bella:
"Pasaba as horas contemplando o mar e as gaivotas, agardando a que as barcas entrasen no porto, envisado no roibén do ceo e sentindo como a brétema do serán lle refrescaba a cara"

alicia dijo...

Crepúsculo o amanecer... paradojas de la vida que en su principio y su fin tanto se asemeja. Quisiera vivir en ese quejido esta tarde de agua, hacerme agua y barrer las calles de tanto invierno.
Abrazos hondos

JosepMª dijo...

Luz y sombra.
Complementarios.
Día que se apaga.
¿O fuego que se enciende?

Antes de escuchar la guitarra,
me han salido
la abuela de Red Bull
y la Caperucita.
Les daba con la botella...

Flamenco Rojo dijo...

"Quién te puso Petenera
no te supo poner nombre,
que debía haberte puesto
la perdición de los hombres"

Un abrazo.

Tempero dijo...

No es un incendio el de la foto, tras mi vista sí puede haber un incendio sublevado, una corte de cerillas esperando su llama, un reclamo de candiles para la noche. Pero es un atardecer.

Tras la partitura de escucha vaya este Gráfico de la petenera dedicado a Eugenio Montes de Lorca

Inés:

CAMPANA
BORDON

En la torre
amarilla,
dobla una campana.

Sobre el viento
amarillo,
se abren las campanadas.

En la torre
amarilla,
cesa la campana.

El viento con el polvo,
hace proras de plata.



Amando:

Acabarás amando el flamenco.

CAMINO

Cien jinetes enlutados,
¿dónde irán,
por el cielo yacente
del naranjal?
Ni a Córdoba ni a Sevilla
llegarán.
Ni a Granada la que suspira
por el mar.
Esos caballos soñolientos
los llevarán,
al laberinto de las cruces
donde tiembla el cantar.
Con siete ayes clavados,
¿dónde irán,
los cien jinetes andaluces
del naranjal?




Shandy:

'Roibén' es una palabra deliciosa. Otra de igual sonoridad: 'Brétema': su frescor siempre me sedujo, y lo que oculta me atrajo.

LAS SEIS CUERDAS

La guitarra,
hace llorar a los sueños.
El sollozo de las almas
perdidas,
se escapa por su boca
redonda.
Y como la tarántula
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.



Alicia:

Todo quejido tiene un entramado oculto. Deja al invierno quieto, es el metrónomo de la primavera.

DANZA

EN EL HUERTO DE LA PETENERA

En la noche del huerto
seis gitanas
vestidas de blanco
bailan.

En la noche del huerto,
coronadas
con rosas de papel
y biznagas.

En la noche del huerto
sus dientes de nácar,
escriben la sombra
quemada.

Y en la noche del huerto
sus sombras se alargan,
y llegan hasta el cielo
moradas.


Josep María:

Ten paciencia y desoye y después escucha lo que merece la pena. Ahora lee:

MUERTE DE LA PETENERA

En la casa blanca muere
la perdición de los hombres.

Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.

Bajo las estremecidas
estrellas de los velones,
su falda de moaré tiembla
entre sus muslos de cobre.

Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.

Largas sombras afiladas
vienen del turbio horizonte,
y el bordón de una guitarra
se rompe.

Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.


Pepe Gonce:

Muchas gracias por esa Petenera de Pepita Caballero que me has mandado. Su letra dice:

Ni aún durmiendo puedo tener
tranquilo mi pensamiento
porque yo tengo un continuo padecer,
mare de mi corazón, un continuo padecer,
que está pasando mi cuerpo,
ay, que mi cuerpo esta pasando
por culpa de tu querer.

Perfecta la ejecución, cuando la pueda subir lo haré.

Ahora toca:

FALSETA

¡Ay, petenera gitana!
¡Yayay petenera!
Tu entierro no tuvo niñas
buenas.
Niñas que le dan a Cristo muerto
sus guedejas,
y llevan blancas mantillas
en las ferias.
Tu entierro fue de gente
siniestra.
Gente con el corazón
en la cabeza,
que te siguió llorando
por las callejas.
¡Ay, petenera gitana!
¡Yayay petenera!


A todos los que faltan y a los que están:

DE PROFUNDIS

Los cien enamorados
duermen para siempre
bajo la tierra seca.
Andalucía tiene
largos caminos rojos.
Córdoba, olivos verdes
donde poner cien cruces,
que los recuerden.
Los cien enamorados
duermen para siempre.

CLAMOR

En las torres
amarillas,
doblan las campanas.

Sobre los vientos
amarillos,
se abren las campanadas.

Por un camino va
la muerte, coronada,
de azahares marchitos.
Canta y canta
una canción
en su vihuela blanca,
y canta y canta y canta.

En las torres amarillas,
cesan las campanas.

El viento con el polvo,
hace proras de plata.