lunes, 23 de mayo de 2011

Anatomía de una pared



Otra manera de medir
a lo ancho
tiene el tiempo.
La epidermis de una herida galopante.




Me faltan las fuerzas, seguirilla de Enrique Morente, disco DESPEGANDO.

Ay, me faltan la fuerzas
ay ya no puedo más,
de las fatigas que tiene
mi cuerpo se va al hospital,
me faltan las fuerzas
ya no puedo más.

6 comentarios:

Inés González dijo...

Te regalo estos versos del poeta Mario Romero, un poeta errante y comprometido, murió joven calciando por el exilio y el cáncer.
Vieja Pared

Adivino tu muro, lo palpo. Aquel muro que levantaste, niña de trenzas, para esconder lo vedado y olvidaste que lo habías levantado, y no te diste cuenta de que el eremita había quedado afuera, en este bosque de sendas de gacelas, donde me sobresalto con el canto de los pájaros, el quebrarse de una rama, la sombra del águila.

Husmeo y palpo tu muro, las piedras húmedas. Yo soy tu muro. Y además el que quedó afuera.
Ya casi me había olvidado. Palpo otra vez: aletea mi sombra en el muro.

Me siento en cuclillas: Tengo que recordar cómo empezó esta broma cósmica de poner lo infinito en lo finito.

Por ahora el eremita arroja la lámpara por encima del muro.
Hay un incendio ahí afuera.
No creo que esas llamas sean yo.
Lo más poderoso de uno
no puede estar ardiendo al descampado.

Tempero dijo...

Inés:

Salta usted los muros con mucha gracia, me refiero al brinco que da, a la sorpresa. Mario Romero, ¡vaya rostro que tenía ese tipo!

Este discurso suyo me ha fascinado por su contundencia vital y su ironía:

Discurso del ahorcado en el árbol del fondo

Lo que me molesta es lo de siempre,
el ruido del agua borboteando en su olla de hierro,
y hervir choclos todo el día,
como si fuese lo único que se puede hacer,
y zapallos y batatas.

Aunque los pájaros no picoteen los ojos de los ahorcados,
ella me descubrirá entre las ramas antes del mediodía
y cortará la soga con el mismo cuchillo con que corta los zapallos.


Pero dado el aire que tu has dado al comentario con el viejo muro te propongo una gacela, como ese bosque de gacelas en el que había quedado el eremita, una gacela, ¡de quién si no?, de Lorca: téngala usted en letra y en música:

GACELA DEL RECUERDO DEL AMOR

No te lleves tu recuerdo.
Déjalo solo en mi pecho,

temblor de blanco cerezo
en el martirio de enero.

Me separa de los muertos
un muro de malos sueños.

Doy pena de lirio fresco
para un corazón de yeso.

Toda la noche en el huerto
mis ojos, como dos perros.

Toda la noche, comiendo
los membrillos de veneno.

Algunas veces el viento
es un tulipán de miedo,

es un tulipán enfermo,
la madrugada de invierno.

Un muro de malos sueños
me separa de los muertos.

La niebla cubre en silencio
el valle gris de tu cuerpo.

Por el arco del encuentro
la cicuta está creciendo.

Pero deja tu recuerdo
déjalo sólo en mi pecho.


http://www.goear.com/listen/700d94c/gacela-del-recuerdo-de-amor-carlos-cano

(Reconozco que no me va el aspecto rumbero que Carlos dió a esta gacela.)

Miquel dijo...

En verdad, no estoy muy versado en ciertos temas, pero me resultan apasionantes...salut

Tempero dijo...

Miquel:

Apasionante: esa es la clave. Postura sincera la tuya siempre. Hace tiempo que no nos saludamos por teléfono.
Versarse en algo (no confundir con Versace). Miquel, ¿nunca te arrimaste a una pared con el cemento cuarteado?
¿Nunca te sentiste cuarteado como esa pared? ¿Necesitas cremas para tu piel? La prosa es más sencilla y también muy infumable en la mayoría de los casos.
Versarse y prosarse (no confundir con Posarse, hay gente que se posa a sí mism@): dos posturas ideales para la pasión por la palabra frente a las cosas.

Salut

Miquel dijo...

Pensé cuando leí, que lo que leía lo había escrito tiempo ha. Que sabía la respuesta, que recordaba mi entresijo...pensé que todo se repetía, y que todo era una vuelta de una vuelta de una tuerca que no paraba de rodar. Esto ya lo he leído, palabra. Esto lo he escrito, palabra. Me se las respuestas y presumo las preguntas. Todo gira alrrededor de todo y, todo me da a entender, que se repite...y no va de broma. Hay algo que no entiendo...

Inés González dijo...

Grandísimo Lorca! Por todo lo alto y sin sombras.
Es verdad Mario Romero tenía una anatomía curiosa, mezcla de jabalí cojudo y hombre de las nieves, daba un poco de susto mirarlo, no obstante era adorado por las mujeres, seducía a las más bellas con sus ojos chiquitos y oscuros.
Qué tendría el negro?
Seguramente el verbo y esa voz profunda y cavernosa.