jueves, 1 de enero de 2009

Hábitos saludables




Como siempre, mi madrugar no varía. Me asomo a mi ventana tan privilegiada de este Madrid tan desordenado y no sólo aprecio la serenidad de un día que se acabará revolviendo en días posteriores. Es lo que tienen los barómetros. Y veo que lo que continúa fiel es el canto del mirlo pese a los insistentes petardazos de la noche. Ellos se preguntarán a qué ha sido debido tanto desbarajuste. Yo no me pregunto a qué ha sido debido su canto: al amanecer. Y mientras, en los pueblos, los gallos, si aún quedan.

5 comentarios:

ybris dijo...

Como mi madrugar tampoco varía (aunque los petardazos me obligaron a usar tapones para dormir) aprovecho para oír también los mirlos de la madrugada del nuevo año.
En algunas zonas las cotorras se han hecho las dueñas después de echar a las urracas.

Un abrazo.

Pedro Delgado dijo...

Se han urbanizado y adaptado a la vida ciudadana, petardos incluidos. Me refiero, claro, a los mirlos. En el seto del patio de mi casa, una pareja lleva anidando un par de años.

Feliz Año Nuevo

Mityu dijo...

Apenas dos o tres tipos de sonidos escucho habitualmente de las aves que cruzan por sobre mi cabeza, sobrevolando el cemento sobre el que ando.
Como entrar en una casa y sentir de pronto el casi impúdico olor del hogar.
Ha traído tu mirlo a mis ojos la paz.
Besos chiquitos

Mirada dijo...

Felices amaneceres.

maicher dijo...
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