Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
A golpe de labios subo a este bosque, bosque atrincherado ya que el viento no cede y se reinventa, cedro vertical y muerto, sabinas retomando la vida, en constante insomnio. No cedí hasta entrados en mi boca todos los preceptos de la vida: el latir arrítmico de esta ladera, el débil mensaje del agua, misterios, en fin, bajo los que nosotros apenas tendríamos que hacer y que ellas, las sabinas, saben abastecerse. Siempre, a golpe de labios.
en esta mañana no excesivamente fría era un esbozo en un charco tan débil que quebrarlo dependía sólo de meter la mano y lo hice por memorizar la temperatura a partir de la cual uno empieza a ser palpado por el miedo.
Te remito al sol por ser él quien da la dentellada cuando el frío.
Esta soleá me gusta por la letras de sus tercios pero, sobre todo po la ejecución soberbia de Perico el del Lunar y, sobre todo, sobre todo, por el silencio minúsculo entre el 1'48" y el 1'49".
Vendrán por lo olivares a traicionarte los sueños que tú por ellos soñaste.
Dime cómo puede ser una tierra tan hermosa sea a la par cruel.
No confíes demasiado, el toro negro andaluz derrota por los dos lados.
Me debo en forma de ser al musgo, a las hojas, a los frutos permanentes, tanto me debo que me diría que ecosistema y palabras son mis más ceñidos versos.
Donde lo verde es experto en humedad, ahí me quiero, me revelo en ese entusiasmo.
Morente, tuviste casa flamenca, oídos de albaicín, ojos de alhambra y un encuentro pleno hacia el arte nada arriesgado. Ahora te disfrutamos desde tu balcón.
Introducción de su disco ALEGRO, SOLEÁ Y FANTASÍA DEL CANTE JONDO
Desde mi balcón flotante
fui colgando tus besos
y ahora todas las noches
repican con el viento.
Corazón mío no llores
ni tengas penas
que si tu pasas fatigas
otros arrastran cadenas.
Que me he salido a asomar,
ya no me arrimo a las rejas
que me solía asomar
que me arrimo a la ventana
que cae a la soledad.
Deseando una cosa parece un mundo
luego que se consigue tan sólo es humo.
Tan sólo es humo niña, que parece un mundo.
Que soy piedra y puede ser
olvídame, pero advierte,
que soy piedra y puede ser
que algún día en mí tropieces
y en mí vuelvas a caer.
El sarmiento en la lumbre
y el que se enamora.
El sarmiento en la lumbre
y el que se enamora
por un lado se enciende
por otro llora.
La iglesia se ilumina cuando tu entras.
Y se llena de flores y se llena de flores
donde te sientas.
De bronce, compañera no más golpes,
mira que no soy de bronce,
mira que una piedra se quebranta
a fuerza de muchos golpes.
Bajo sus pies, bajo sus pies
florecía la mañana.
Y su cabello tenía la cara
de una intacta.
Al andar de la paloma
al andar tu te cimbreas
al andar tu me pareces
un ramo de flores que se balancea.
Tú me pareces un ramo de flores
que se balancea.
El ibas sólo tambaleándose
borracho de amor
borracho de hambre
borracho quién sabe.
Poema de Pedro Garfias musicado por Enrique Morente.
Sombra y tierra, en vuestra forma de quedaros quietas, de rotar, de ser la escuadra del sol, de yo comparar la mía con lo escaso que mido. Una buena forma de entrenarnos, la sombra, andar hacia delante y nunca alcanzarla, volverte y perseguirte ella, sombra, ese minutero telúrico que nada me espanta, sombra, para saber del sol, certeza de luz, cómo adulterar una sombra, me pregunto, cómo diagnosticar el punto rebelde del viento, sombra, ese extremo único por el que cruzar el sol.
Escuchen bien lo que dice Tomasito a ritmo de hip-hop.
Voy caminando, voy despacito porque no tengo prisa, voy caminando, mi sombra delante y yo detrás.
Salgo. El cárabo me ducha y paro, a escucharlo, él desnudo, empezando la noche, yo vestido, acabando el día, y paro, y decido, echar mi ropa por la borda, dejar mis achaques de ciudad y pegarme a la frontera del árbol donde el cárabo se desvive en la noche.
El instante en que te miro, tu respiración, todo luz, vuelo, alas contenidas, vuélame, yo quieto, el instante en que me miras, no avances, me dices, porque vuelo, rienda suelta, garras no sujetas, te vuelo.
Garras Dos Sentidos (MISIA) Agustina Bessa-Luis – Popular
Não quero cantar amores, Amores são passos perdidos. São frios raios solares, Verdes garras dos sentidos. São cavalos corredores Com asas de ferro e chumbo, Caídos nas águas fundas. Não quero cantar amores. Paraísos proibidos, Contentamentos injustos, Feliz adversidade, Amores são passos perdidos. São demência dos olhares, Alegre festa de pranto. São furor obediente, São frios raios solares. Da má sorte defendidos Os homens de bom juízo Têm nas mãos prodigiosas Verdes garras dos sentidos. Não quero cantar amores Nem falar dos seus motivos.
Ayer, (te voy a llamar ahora amor, me apetece), decía que ayer, amor, estuve delante de un hueco un hueco que me pedía hablarte, un hueco de ida y vuelta, transparente, lleno de aire, un hueco para tenernos, puse mi voz por los dos lados, mientras te hablaba por el mío, tú, improvisándote yo, me decías que se logra lo que nos duerme, y yo, rápidamente, con la escucha tuya, amor, ya patentándome el oído de gozo, te decía lo furtiva que puede ser una cama, y tú, siendo yo, sintiéndote violín desordenado, fijabas la voz de nuevo en mi oído, paseándome, y yo, sobre ti, aclamando tu entrada, insistiendo en el sueño, la palabra, la palabra, te decía, y tú, que en ti estaba, el silencio, el silencio, andarnos por encima, y yo te hice caso, ya entendías el lenguaje de mis manos, y tú, como si yo me acariciase, me trenzaste un grito, y yo lo renové, renové ese grito, como punto de partida, y tú, como si fueras yo, me dormiste yéndote.
Siempre es la lluvia a la intemperie, iniciarme así un poema, en verso sereno, y guarecerme quizá en tu paladar, si me hago agua y acompaño a la tierra, si te haces agua espero a los brotes, sabes de sobra que la semilla no se obceca, que a la humedad se ciñe y al sol se halla, sé que al sol rompe su gen de espera, sabes que al calor toda ella se desata, hablamos de germen e igual podríamos hablar de magma, agua vivida toda afuera, intemperie, magma, agua hundida toda adentro, al llover sé que tengo una cita contigo, y te aviso, me avisas, y regamos de ojos el campo, desde nuestra ventana veo llover, veo llover y te miro, calladamente acordamos una palabra, sustento, sustento.