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.
El viaje apagado
de tus rodillas,
madre,
se mide en fuego,
en lluvia,
en barro.
Ahora que sujeto
tu andar
percibo
más que nunca
la aridez de los huesos.
Ayer,
distinguías bien
las flores emergidas
en un descampado:
de la malva
rabiosamente
dijiste:
aguanta hasta el fuego.
.
.
Me abres el vuelo
pan,
quiebra del hambre,
matiz del sueño.
Tu boca,
tu sexo
también
me es
vuelo.
Siempre habrá
versos
despistados,
cazados,
como quien se besa,
fuertemente,
al vuelo.
.
.
Dame ese pan,
lo abriré
delante de ti,
verás
sus dotes
más allá
de alimento.
Dime adónde
se halla
el vencimiento
de nuestro río.
¿Te acuerdas
de la garza celeste,
de sus ojos
mezclando
hambre y deseo?
Pan con pan,
te digo,
con hambre,
con deseo.
.
.
Por el pan
vive
el pez.
Trago
trigo
a través
de mis branquias
desnudas.
El agua divierte
a lo más subterráneo.
Bajo la lluvia
los pinos
rescatan
su verano.
.
.
Hoy,
mientras llovía,
ejercimos
el gozo
de amar.
Contigo hallo
la eucaristía
íntima,
un bocado tuyo
bastará
para sanarme,
alimentarme.
El pan,
la nieve
nuestra vertiente
hecha cielo.
.
-
Pronto
te adiestraré,
pan,
para mi mano,
mi boca,
mi centro
de gravedad.
Un colibrí
frente a tu flor
como baluarte.
Me expreso
cada día
como un germen
deshabitado
en pleno desorden
tras el agua.
.
.
Cursó
la lluvia
nuestros cuerpos.
Tu sexo
como triángulo
de pan.
Mi memoria
halla
una sobredosis
de verde
y agua.
Dentro de un horno
la harina
habla
a pleno pulmón.
.
.
La medida
de mi pan
es tu pan.
Mi orografía
aún duerme
en la tuya.
El trigo
publica
mes a mes
que te amé.
Hoy he visto
dos mirlos:
no tropiezan
nunca
en el aire.
.
.
Ese hombre
con ese revólver
reluciente
oscurece
el pan.
Harina y pólvora
modelan
balas
muy dispares.
Quiero
herirte
con pan.
.