martes, 19 de abril de 2011

La habilidad del cielo (continuación)


La habilidad del cielo no es ser grieta.

Una pared es tan sólo un gajo,
el cielo no es un cimiento discordante,
y la casa es la miniatura de los verbos.

No pasa el agua por el derrumbe,
no tiene cita con un tejado,
ni tan siquiera su afán es ser en la boca.
Se te añade el agua si eres intemperie.

Vacío tiene un perfil sereno,
doloroso,
austero,
vacío no tiene sujeción,
término medio,
duda.

8 comentarios:

Miquel dijo...

Vengo de beber lo que no puedo...
cago en dios, el Innombrable...
Vengo de ingerir lo inacabable,
vengo de vengarme de un tal miedo.

Vengo de vengarme porque puedo.
Vengo de olvidarme por amable,
gilipollas y altanero,
pero puedo...y, como oxígeno inestable

se os follen...porque puedo y,
si no puedo, joder, y si no puedo
porque si
porque vengo de vengarme
se os follen
otra vez
de nuevo...




Poema libre en ocaso peredne...
Miquel

Daniel dijo...

Poema umbrío, tiznado por esa pena que te estalla, sin sujeción, aplomo, ni columna vertebral.
Dudo del sereno perfil del vacío, pura contradicción y engaño, como las polillas tiesas que duermen escondidas a la siesta.

Inés González dijo...

Miro la foto y no dejo de pensar, o mejor sentir, el despojo que me provocan estas paredes torpedeadas.
Parte de su historia y vida ya fueron.
No hay sujeción, ni armazón, ni nadie que corretee por los pasillos y el suelo.
Tampoco la serenidad contiene al vacío, sí la dolorosa agonía de la soledad de los muros, como un amor arrasado, mancillado y estrujado hasta el límite.
Sin duda, sin retorno...

Tempero dijo...

Miquel:

creo que bebo menos que tú, creo que a dios se le debería de nombrar menos, el miedo es muy terco y la risa absolutamente necesaria, como el follar. En serio, Miquel.

Salut.

Tempero dijo...

Daniel:

en mi tierra, Segovia, en pleno sistema Central, se halla lo que llaman la 'Mujer muerta'. Alcanza los 2100 metros de altitud. Lo que siempre me fascinó fue el canchal de su UMBRÍA. Probablemente sí pase períodos de sombra que poéticamente son más rentables. Peor te diría que preferiría el sol a ser poeta, cosa que aún estoy en disyuntiva de si considerarme o no.
Pero lo que sí te advierto es la osadía en decirme que me estalla una pena. ¡Y encima tiznado! ¿Tanto me conoces?
Cuando del vacío se pasa a la pura nada creo que se alcanza la máxima serenidad: la muerte, por ejemplo. Así pues, no creo que haya mucha contradicción.
Las polillas siempre me dieron repelús, por ese polvillo que sueltan al volar. ¿Por la noche no duermen las polillas?

Tempero dijo...

Inés:

tú, que si me conoces un poco, sabes que me obsesiona el abandono, su deterioro y, sobre todo, la vida que contuvo todo lo que la gente ha amado.
Utilizas dos términos propios de contienda bélica: torpedear y arrasar. No me gustarían para mi vida.

Te digo lo que a Daniel: una vez llegado al vacío, nada. Llegar a él, no hay serenidad y sí máxima inquietud y desasosiego.

Inés González dijo...

No se me desnude así compadre, de cubito dorsal y sin tapujos.
Aquí no estamos para conocernos mucho o poco, ni hacer el sicoanálisis de las palabras, sino para vomitar lo que nos provocan y sugieren.
Ultimamente su verbo tiene peso y densidad, me gustan, me gustan mucho estas desgranadas suyas.
Una especie de conciencia de la pírrica vida, y del amor también como parte de ella.
En eso no se engaña y es la clave.
Será por eso que le salen tan redonditos.
Siempre ha sido y será un gozo catarle las paridas.

Caminante dijo...

En defecto del maestro, Ybris, veo que tus palabras, también, provocan en los leedores un caudad poético estimable; empezando por Miquel que, las más de las veces, lo que yo le arranca es "salut"

Pues eso, salud

PAQUITA
-pasé a través de Mateo Santamarta-