viernes, 10 de octubre de 2008

Colores sencillos







La energía como custodia clara
de mi afluencia al suelo
como custodia de la alerta llovida.


Vuelvo a las hojas como a ellas las vuelve el viento. De niño eran brazadas constantes las que nos lanzábamos incansablemente. El olor a hoja muerta me brota sólo en las choperas con alma de río. Un olor vivísimo, de genial juego, de pirueta sonámbula. Vieja canción a ritmo de bulería, cuantos recuerdos que no entornan la simple, mi simple pero sustanciosa infancia. Ahora, el liquidámbar de debajo de mi casa es un decir absoluto del color, entre él y yo no hay penumbra, ni si quiera la distancia de un quinto. Sólo el compromiso de verlo cada mañana, alternar su evolución cromática con mi paladar y sonreir ante algo de lo que soy un privilegiado.


lunes, 6 de octubre de 2008

En un lugar llamado desafío






Estamos en un lugar de la mancha, un lugar áspero y silencioso, pero no de gran extensión. Es como una pequeña isla entre viñedos y tierras de regadío. Pero ese lugar tiene el ejemplo de las piedras calizas multiplicadas y a flor de suelo. Desde hace años me siento atraído por esa casa de piedra en la que nadie habita y en la que ovejas se aprovechan de vez en cuando. Casa de piedra piedra, de una encima de otra, sin más miramiento. Un lugar sobre el que no han podido los agricultores, sólo las encinas y los tomillos.
Junto a esa casa estaba ayer leyendo un libro que aún tengo entre manos como algo crucial: 'Mortal y rosa' de Francisco Umbral. El pasaje/paisaje que estaba leyendo en ese momento es el que hace referencia a la solemnidad de los escritores:
'¿Y mi nombre, y mi aura, y lo que he creado en torno de mí? Un nombre de escritor. Todo el que vive confortablemente dentro de su renombre, debe salir al campo, a la naturaleza, y decirlo en voz alta:"Soy escritor, soy importante, soy...". No creo que pueda terminar. Eso no suena nada entre los montes, frente al mar. La gloria no va más allá del término municipal, la perdemos en el campo, de viaje.'
Y mientras éso leía miraba a mi alrededor y me sentía mínimo, nada solemne, sin ser para nada un escritor, aunque ese pasaje vale para cualquiera. El campo, la grandeza de lo natural, abarca tanto que te hace presagiar lo que eres: tránsito. Allí dejé escrito esto:

Desafío podría llamarse este lugar. Sólo piedras y encinas paseando, riscos dice un señor que ha venido a ver qué hacía por aquí, al que le he dicho que me gustaba el lugar por su aspereza, porque nadie ha sido capaz de rentabilizarlo quitándole las piedras. ¿Quién se atreve con ellas? ¿Quién se demanda estando ellas? Haces una casa de piedra y es como si la piedra te hubiera envuelto, no es tu hogar. La casa es otra piedra descolocada, cierta. Es una piedra-casa que imaginamos para devolvernos, al cabo, el entusiasmo de su dominio.



jueves, 2 de octubre de 2008

Arbolente




Viva mirarti omai
Nulla spene m'avanza;
S'allor non fosse, allor che ignudo e solo
Per novo calle a peregrina stanza
Verrà lo spirto mio. Già sul novello
Aprir di mia giornata incerta e bruna,
Te viatrice in questo arido suolo
Io mi pensai. Ma non è cosa in terra
Che ti somigli; e s'anco pari alcuna
Ti fosse al volto, agli atti, alla favella,
Saria, così conforme, assai men bella.

Del Canto 'Alla sua donna', Giacomo Leopardi


A su dama

Ya no tengo esperanza
de contemplarte viva,
si ya no fuese que, solo y desnudo,
por otra vía y hacia extraña estancia
vaya mi espíritu. Y con el nuevo
comienzo de mi día oscuro, incierto,
te supuse de paso en esta tierra.
Pero nada existe en este suelo
que a ti se te asemeje, y si lo hubiese
y en el rostro, los actos, las palabras
te igualase, sería menos bello.

Traducción de Antonio Colinas, 'Cantos, Pensamientos',
Giacomo Leopardi, Debolsillo, 2008


Ella me acompañó, seguimos la senda de las manos, seguimos a los robles, las nieblas aun no se habían precipitado, los osos por allí respiraban, no nos fatigábamos. Arbolente puede ser una palabra quieta o un lugar desde donde mirar lo alto menos bajo, o el lugar donde leer y conversar con alguien detenido por soledad. Arbolente.

lunes, 29 de septiembre de 2008

LA CALMA



EL MURO BLANCO

Estoy sentado frente a un muro blanco:
áspero muro, seco como un grito
de cristal, o quizá como la nieve
de infancia en el silencio de los páramos.
Un muro blanco, blanco como hueso
calcinado, o quizá como cal viva
que en las tumbas abraza carne blanca.

Y, mirándolo, yo también soy blanco,
pues blanco es el fuego o es la luz
que va y viene en las venas venturosas.
Mientras dure la luz no llegará
lo negro hasta este muro limpio y blanco.
Mientras dure mi luz todo lo blanco
del mundo envolverá la sala, el aire,
las horas de esta casa que es hoguera.

Estoy sentado frente al muro blanco
esperándolo todo y obteniendo
todo de cuanto es nada en su blancura.
El muro que es desierto de mi alma.
El muro que es desierto de la luz.


Antonio Colinas, El libro de la mansedumbre, Ed. Tusquets


El viraje del tiempo, esa blancura repleta de techos blancos. Acudo a esa tregua necesaria que es la luz que ilumina y que no necesariamente nos ha de mostrar nada. Puede que con estar frente a algo sea suficiente. Siempre acabaremos palpando los trazos mas insignificantes, los más duraderos. Nos permitiremos sentirnos como quien nos cava. Que la vejez es calma, que la mirada es síntoma de tiempo, que uno se acaba sentando para desposeerse de todo. Los miro y viajo hacia ese destino que no se recurre: la calma.



Cavando En Mis Adentros (Taranta) - Sergio Monroy

jueves, 18 de septiembre de 2008

Tobogán de gatos




INTERROGACIÓN A LA LUNA

Teatro de luz lívida y tiniebla,
plata, en la noche lenta, de la luna,
entre nubes de plomo prisionera,
carruaje de nieve en ruta oscura;
lejana levedad de roca blanca,
moneda errante de valor incierto,
diorama de bruma iluminada,
fantasma en soledad del universo,
tú, que has visto mi tiempo consumirse,
el fluir de su agua temerosa
por el cauce del sueño y del insomnio,
revélame el secreto, por fin dime
qué queda de la vida en la memoria,
qué queda en la memoria de nosotros.


FELIPE BENÍTEZ REYES Interrogación a la luna (La misma luna, Visor)


Ante todo, la luna es fértil. Fértil de luz. La luna es gesto constante, ese monte de caras conversando sobre secretos y andanzas. Será la luna lo que uno quiera que sea, una moneda si está llena, un alfanje si vacía. Estrellas prensadas. Ojos enmarcados para mirar toda su lengua. La luna llena: una canasta de tres puntos. La menguante, un tobogán de gatos. La creciente, el sentir como alguien respira. La nueva, saber esperar. Ante todo, la luna es interrogación.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Vista aérea


REFUGIOS

¡Cuántos de los que amabas
ya han bajado a lo oscuro!
¡Hasta los antiguos árboles, regatos,
un perro, libros, atardeceres,lilas!
Más son misericordiosos y hacen sombra
su memoria y recuerdo, y te acoges
a ella. Descubres verdaderamente
que te amaban. ¿Será tarde?


José Jiménez Lozano (Elogios y Celebraciones)

viernes, 12 de septiembre de 2008

Sonó la flauta



Esto no es un cartel anunciador de las diversas paradas que el autobús de Villarrobledo hace por sus calles, es una flauta.

"Pero el niño está ahí, dorado de sí mismo, vivo,(...),haciendo hablar a las cosas, gozoso de la locuacidad de los objetos y las esquinas, asomado al culo de la vida, viendo el revés de todo, encontrándole al mundo púas musicales, resortes de payaso.

Ir con él por la calle, por el campo. Y nos da la medida de nuestro exilio, porque él sí prtenece a los cielos viajeros, a la luz del día, al estallido de la hora, y nosotros ya no. Nosotros nos hemos distanciado con el pensamiento, la reflexión, la impaciencia y el orden. El niño, que no tiene programas, se incorpora inmediatamente al clima, entra a formar parte de la metereología, es natural en la naturaleza, y todo le sonríe, como dijo el poeta que los líquidos sonríen a los niños.

El niño pasa del sueño a la vigilia dentro de una misma palabra, sin ruptura, sin trauma, y va por la casa despertando a lo que siempre estuvo dormido, hasta que el llegó: los picaportes, los cierres de los armarios, el fondo de las vasijas y el revés de los objetos."

Este texto no es mío. Es de Francisco Umbral. Es de su inmenso libro 'Mortal y Rosa', dedicado a su único hijo muerto. Sugiero su lectura íntegra donde la poesía y la prosa se mezclan constantemente, vertiginosamente, con una pausa y un ritmo acogedor.

Pero dije al principio que lo que mostraba la foto era una flauta. Y sí, es lo que vio Miguel,de dos años y medio, cuando lo llevaba agarrado de la mano y pasaba por allí. Eso es lo que vio y que yo no hubiera visto. Ahora, si se fija uno bien en las paradas, una de ellas es la Escuela de Música. A lo mejor Miguel vio esa parada antes que yo y de ahí que le sonara la flauta. A lo mejor: la niñez.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Colores y alegría



Cuando ando, a veces sólo quiero que los colores aventen la soledad, que ventilen el granito.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Sonriente precipicio




Hace un año, no sé si en un despejado sueño o en la bruma de una realidad, Julia Martínez E. me dijo en un momento de charla que 'en el fondo un precipicio es la superficie', pero también me pudo decir, 'en el fondo, un precipicio es la superficie'. Tampoco estaba yo para que me aclarase si concebía la frase con la ','. Ya es cada uno como quiera analizarla.
Detrás de la valla hay un precipicio, justo en la parte de Priego de Córdoba que da a las huertas que allí siembran.
Y es que una frase de esas tiene su miga y sus asideros, aunque nos hable de un precipicio, que no nos lo define sino que nos lo equipara. ¿Me querría decir Julia que tan precipicio es la superficie que pisamos como el fondo que vemos, o que sólo cuando estamos abajo, en su fondo, ya dentro de él, es como estar en la superficie? Porque el mérito de un precipicio no es mirarlo, ni estar en él, en su fondo, su mérito es que te puedas caer. Pero, tal como me lo describió, ¿podría considerarse a la superficie el mismo mérito, el de poderte caer? Quizás lo dijese a modo de metáfora, pero cuando te dicen eso dentro de una conversación es que la superficie que pisa quien te lo dice es muy movediza. Pero yo no me fio, porque a veces sueño que me caigo y lo cierto es que ni me he movido del suelo.
Ha pasado un año y Julia se ha esfumado. Supongo que lleva un buen trecho de superficie andado.




SOLEÁ cantada por Rubito hijo en su disco "De tomillo y romero"

El tiempo pone remedio
y a los daños más sentidos
que no hay más sabio que el tiempo,
su remedio es el olvido.

Dejar de mirarme así
que son tus ojos candelas
y no respondo de mí.

Yo te miro, tú me miras.
Yo te hablo, tú me hablas,
este querer no es mentira,
pero hubo secas palabras.

Con que me mires me sobra,
ya ves con qué limosnita
mi corazón se conforma.

Que siendo hermosa,
¡ay!, hondas espinas
clavan las rosas.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

E MORREN DE SAUDADE NOS XARRÓNS (Y MUEREN DE SOLEDAD EN LOS JARRONES)



Entro directamente en Ramiro Fonte y su poema acogedor del libro 'A ROCHA DOS PROSCRITOS':


AS FLORES CIDADÁS

As flores cidadás son compañeiras,
Teñen nome de parvas margaridas
Que medran nos camiños portuarios,
Entre vellos raís, mercadorías,

Asombradas polas xigantes grúas
Que estiban con destreza as horas mortas,
E así as van desprazando polo ceo
Como se fosen deusas mitolóxicas.

As flores cidadás son esa rosa
De ninguén, de ningures, sempre libre:
Caeu nos parques longos e nas rúas
Que nos viron pasar, sendo infelices,

Flotou nas augas mortas dos estanques
Como cabelos de afogada noiva,
E arde como coitelos de mariños,
Pelexando, fatais, por esa rosa.

Tamén son semellantes ás camelias
Porque desfollan días dun inverno,
E xiran nas esquinas eses días,
E son vagos papeis, cosas sen prezo.

Descoñocidas flores cidadás,
Que amoucan no sombrizo corredor,
Na man secreta dos traidores murchan,
E morren de saudade nos xarróns,

Na pátina lustrosa dos pianos
Como morre sen ceo algunha estrela,
Nas coroas dos mortos paseantes,
Pero tamén nos versos dos poetas.

Sobreviven nas páxinas dun libro,
Na fiestra dunha casa ruínosa,
Pero de daren sombra a algún camiño
Prefieren os sendeiros das aforas.

As flores cidadás son verdadeiras,
E alíanse connosco doadamente,
E son leais incluso cando saben
Que nós xa as traizoamos moitas veces,

Que deixamos a vida e renunciamos
Ós poderes do mundo, a tanta cousa
A cambio dunha rosa de papel,
Todo a cambio daquela falsa rosa.




Ahora me toca verterlo al castellano, aunque se entienda bastante bien:

LAS FLORES CIUDADANAS

Las flores ciudadanas son compañeras,
Tienen nombre de tontas margaritas
Que crecen en los caminos portuarios,
Entre viejos raíles, mercancías,

Asombradas por las gigantes grúas
Que estiban con destreza las horas muertas,
Y así las van desplazando por el cielo
Como si fuesen diosas mitológicas.

Las flores ciudadanas son esa rosa
De nadie, de ningún lugar, siempre libre:
Cayó en los parques largos y en las calles
Que nos vieron pasar, siendo infelices,


Flotó en las aguas muertas de los estanques
Como cabellos de ahogada novia,
Y arde como cuchillos de marinos,
peleando, fatales, por esa rosa.

También son semejantes a las camelias
Porque deshojan días de un invierno,
Y giran en las esquinas de esos días,
Y son vagos papeles, cosas sin precio.

Desconocidas flores ciudadanas,
Que se sienten apagar en un sombrío corredor,
En la mano secreta de los traidores marchitan,
Y mueren de soledad en los jarrones,

En la pátina lustrosa de los pianos
Como muere sin cielo alguna estrella,
En las coronas de los muertos paseantes,
Pero también en los versos de los poetas.

Sobreviven en las páginas de un libro,
En la ventana de una casa ruinosa,
Pero de dar sombra a algún camino
Prefieren los senderos de las afueras.

Las flores ciudadanas son verdaderas,
Y fácilmete se alían con nosotros,
Y son leales, incluso cuando saben
Que ya nosotros muchas veces las traicionamos,

Que dejamos la vida y renunciamos
A los poderes del mundo, a tanta cosa
A cambio de una rosa de papel,
Todo a cambio de aquella falsa rosa.



Imagino a esas margaritas de Ramiro Fonte en el Ferrol, cerca de su pueblo natal, Pontedeume. Y, sin irnos de La Coruña, dirigiéndonos hacia Porto do Son, es donde yo presento a mis flores ciudadanas: unas umbelas, unas gramíneas y unos dientes de león. Los dientes de león, esas flores que aceptan tantos deseos como ganas de soplar tenga uno, con su amarillo encendido. La fotografía está tomada en los primeros días de agosto de este año y, el lugar, la carretera que atraviesa el pueblo. Cualquier rincón aprovechan las flores ciudadanas, cualquier rincón para entregársenos. El bordillo amarillo de la foto: prohibido aparcar, pero para las flores nunca hay un prohibido salir. Luego vendrán con máquinas o con herbicidas, pero salir, saldrán. Saldo positivo es siempre la flor espontánea. Hasta se deja pisar y no se da por muy herida. No es esa flor de jardín salpicada de esmero que un pequeño roce podría lastimar.Las flores ciudadanas no entienden de riesgos, entienden de ímpetu y de oportunidad. Y para mí, hombre de campo que vive en la ciudad, las flores ciudadanas me salvan muchos instantes la mirada pura.