Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
Puerta, ajustada, establecida en la serenidad. Quédate con ese hueco para si alguien me recibe. Entrar sería toparnos con silencios parlantes, esa longitud del abandono tan dedicado al campo. Para recibirte a ti, lumbre alzada, inquieta danza.
¿A qué lugar me arrastras, Baco, lleno de ti? ¿A qué bosque, a qué gruta soy llevado rápidamente y con un nuevo espíritu?
Es un dulce peligro, oh Leneo, seguir al dios que se ciñe las sienes con el pámpano verde.
Estamos ante Horacio en la oda señalada, sus tres primeros y sus tres últimos versos, respectivamente. Cosas que tiene el vino. Pero, a parte de interesarnos Horacio, que mucho, nos interesa Santos, el hombre que aparece en la fotografía y que puede que nada sepa de aquél. De lo que sí sabe es de la tierra. Amor a la misma como lo tenía Leonardo, nuestro primer invitado a este cuaderno que, ante todo vibra con el terrón, el agua y la vida. Las viñas sobre las que estaba vendimiando Santos tenían, según sus cálculos, unos cuarenta años. Variedad Airen, la blanca de toda la vida. Siempre que me acerco al campo me interesa la aparición de esa palabra que se escapa de quien conoce su medio extraordinariamente. Gente que tiene los sentidos hacia la tierra alertados. Vieja, noble y hermosa sabiduría para absorber. Mientras yo le iba viendo en su labor le preguntaba sobre lo observado y que me parecía que resaltaba: una viña muy pequeña y lánguida a punto de secarse y justo la de al lado exhuberante. 'Eso es porque tiene más molla.' ¡Cuidado que me habla esa palabra, 'molla'! ¡Cuánto no tiene de chicha esa palabra! ¿Qué hubiera dicho un técnico agrícola para responder a mi pregunta? No sé, pero Santos aportó emoción y literatura. Otra pregunta mía: ¿Y cuando se muere una cepa? 'Pues se le pone de una nueva buena.' ¿Y cuándo? 'Pues por Enero o Febrero, cuando las cepas están muertas.' 'Muertas' no es lo mismo -aunque sí- que decir que cuando haya dejado de circular la savia en el periodo invernal. No es lo mismo. Como tampoco es lo mismo decir, cuando la savia empieza a circular entre Abril y Mayo, que el sarmiento 'llora'. Gozoso lloro. Y si observan la tierra verán que es una tierra caliza que traga muy bien el agua que cae del cielo. Pero ya me lo dijo Santos, 'Aquí, en este terreno, si se agarran las nubes y caen mas de 15 litros al contao puedes entrar en la tierra.' ¡Qué expresion más visual esa de 'agarrarse las lluvias'! Modos de elevar el placer literario a la palabra hablada.
Quédense con una soleá de un hombre cercano a Villarrobledo, de donde es Santos; Oscar Herrero nos transmite Manantial con su guitarra.
Está él. Sonríe y sabe que lo miro. Lo miro ganándome una recua de labios. Se acerca y me menciona la luz del día. Yo contesto con la intensidad del calor. Motivos para ejercitar las fugas que llevamos dentro.
Cats and dogs are not our friends They just pretend They just pretend It's just emotions we invent Like photographs we put on shelves Cats and dogs are not our friends Scratch their ears they'll wave their tails And if it rains again next weekend It's all because of them Little doggy Come to mummy Cats and dogs are not our friends They just pretend They just pretend It's just emotions we invent So we forget we're by ourselves Little catty Come to daddy Miaou miaou Ouaf ouaf ouaf ouaf You feed your dog You feed your cat You feed your kids You feed your wife You feed your pets Aren't you fed up to feed the world around You feed the world around !
Camille, disco 'HOLE'
¿Son los gatos y los perros nuestros amigos? ¿Acaso siempre están fingiendo? ¿No seremos nosotros que nos inventamos las emociones con los animales? Una foto en una estantería, y se erige la compañía para siempre. Moverán sus rabos, rascarán sus orejas,... ven a mamá. Si nos inventamos emociones, ¿no olvidaremos que somos nosotros mismos? Alimentar a mascotas, alimentar, ¿no estás harto de alimentar?
El gato y el perro que muestro gozaban de libertad, no eran mascotas de nadie, ni fingían. ¿Qué cómo lo sé? Por cómo me ignoraban.
La energía como custodia clara de mi afluencia al suelo como custodia de la alerta llovida.
Vuelvo a las hojas como a ellas las vuelve el viento. De niño eran brazadas constantes las que nos lanzábamos incansablemente. El olor a hoja muerta me brota sólo en las choperas con alma de río. Un olor vivísimo, de genial juego, de pirueta sonámbula. Vieja canción a ritmo de bulería, cuantos recuerdos que no entornan la simple, mi simple pero sustanciosa infancia. Ahora, el liquidámbar de debajo de mi casa es un decir absoluto del color, entre él y yo no hay penumbra, ni si quiera la distancia de un quinto. Sólo el compromiso de verlo cada mañana, alternar su evolución cromática con mi paladar y sonreir ante algo de lo que soy un privilegiado.
Estamos en un lugar de la mancha, un lugar áspero y silencioso, pero no de gran extensión. Es como una pequeña isla entre viñedos y tierras de regadío. Pero ese lugar tiene el ejemplo de las piedras calizas multiplicadas y a flor de suelo. Desde hace años me siento atraído por esa casa de piedra en la que nadie habita y en la que ovejas se aprovechan de vez en cuando. Casa de piedra piedra, de una encima de otra, sin más miramiento. Un lugar sobre el que no han podido los agricultores, sólo las encinas y los tomillos. Junto a esa casa estaba ayer leyendo un libro que aún tengo entre manos como algo crucial: 'Mortal y rosa' de Francisco Umbral. El pasaje/paisaje que estaba leyendo en ese momento es el que hace referencia a la solemnidad de los escritores: '¿Y mi nombre, y mi aura, y lo que he creado en torno de mí? Un nombre de escritor. Todo el que vive confortablemente dentro de su renombre, debe salir al campo, a la naturaleza, y decirlo en voz alta:"Soy escritor, soy importante, soy...". No creo que pueda terminar. Eso no suena nada entre los montes, frente al mar. La gloria no va más allá del término municipal, la perdemos en el campo, de viaje.' Y mientras éso leía miraba a mi alrededor y me sentía mínimo, nada solemne, sin ser para nada un escritor, aunque ese pasaje vale para cualquiera. El campo, la grandeza de lo natural, abarca tanto que te hace presagiar lo que eres: tránsito. Allí dejé escrito esto:
Desafío podría llamarse este lugar. Sólo piedras y encinas paseando, riscos dice un señor que ha venido a ver qué hacía por aquí, al que le he dicho que me gustaba el lugar por su aspereza, porque nadie ha sido capaz de rentabilizarlo quitándole las piedras. ¿Quién se atreve con ellas? ¿Quién se demanda estando ellas? Haces una casa de piedra y es como si la piedra te hubiera envuelto, no es tu hogar. La casa es otra piedra descolocada, cierta. Es una piedra-casa que imaginamos para devolvernos, al cabo, el entusiasmo de su dominio.
Viva mirarti omai Nulla spene m'avanza; S'allor non fosse, allor che ignudo e solo Per novo calle a peregrina stanza Verrà lo spirto mio. Già sul novello Aprir di mia giornata incerta e bruna, Te viatrice in questo arido suolo Io mi pensai. Ma non è cosa in terra Che ti somigli; e s'anco pari alcuna Ti fosse al volto, agli atti, alla favella, Saria, così conforme, assai men bella.
Del Canto 'Alla sua donna', Giacomo Leopardi
A su dama
Ya no tengo esperanza de contemplarte viva, si ya no fuese que, solo y desnudo, por otra vía y hacia extraña estancia vaya mi espíritu. Y con el nuevo comienzo de mi día oscuro, incierto, te supuse de paso en esta tierra. Pero nada existe en este suelo que a ti se te asemeje, y si lo hubiese y en el rostro, los actos, las palabras te igualase, sería menos bello.
Traducción de Antonio Colinas, 'Cantos, Pensamientos', Giacomo Leopardi, Debolsillo, 2008
Ella me acompañó, seguimos la senda de las manos, seguimos a los robles, las nieblas aun no se habían precipitado, los osos por allí respiraban, no nos fatigábamos. Arbolente puede ser una palabra quieta o un lugar desde donde mirar lo alto menos bajo, o el lugar donde leer y conversar con alguien detenido por soledad. Arbolente.
Estoy sentado frente a un muro blanco: áspero muro, seco como un grito de cristal, o quizá como la nieve de infancia en el silencio de los páramos. Un muro blanco, blanco como hueso calcinado, o quizá como cal viva que en las tumbas abraza carne blanca.
Y, mirándolo, yo también soy blanco, pues blanco es el fuego o es la luz que va y viene en las venas venturosas. Mientras dure la luz no llegará lo negro hasta este muro limpio y blanco. Mientras dure mi luz todo lo blanco del mundo envolverá la sala, el aire, las horas de esta casa que es hoguera.
Estoy sentado frente al muro blanco esperándolo todo y obteniendo todo de cuanto es nada en su blancura. El muro que es desierto de mi alma. El muro que es desierto de la luz.
Antonio Colinas, El libro de la mansedumbre, Ed. Tusquets
El viraje del tiempo, esa blancura repleta de techos blancos. Acudo a esa tregua necesaria que es la luz que ilumina y que no necesariamente nos ha de mostrar nada. Puede que con estar frente a algo sea suficiente. Siempre acabaremos palpando los trazos mas insignificantes, los más duraderos. Nos permitiremos sentirnos como quien nos cava. Que la vejez es calma, que la mirada es síntoma de tiempo, que uno se acaba sentando para desposeerse de todo. Los miro y viajo hacia ese destino que no se recurre: la calma.
Teatro de luz lívida y tiniebla, plata, en la noche lenta, de la luna, entre nubes de plomo prisionera, carruaje de nieve en ruta oscura; lejana levedad de roca blanca, moneda errante de valor incierto, diorama de bruma iluminada, fantasma en soledad del universo, tú, que has visto mi tiempo consumirse, el fluir de su agua temerosa por el cauce del sueño y del insomnio, revélame el secreto, por fin dime qué queda de la vida en la memoria, qué queda en la memoria de nosotros.
FELIPE BENÍTEZ REYES Interrogación a la luna (La misma luna, Visor)
Ante todo, la luna es fértil. Fértil de luz. La luna es gesto constante, ese monte de caras conversando sobre secretos y andanzas. Será la luna lo que uno quiera que sea, una moneda si está llena, un alfanje si vacía. Estrellas prensadas. Ojos enmarcados para mirar toda su lengua. La luna llena: una canasta de tres puntos. La menguante, un tobogán de gatos. La creciente, el sentir como alguien respira. La nueva, saber esperar. Ante todo, la luna es interrogación.
¡Cuántos de los que amabas ya han bajado a lo oscuro! ¡Hasta los antiguos árboles, regatos, un perro, libros, atardeceres,lilas! Más son misericordiosos y hacen sombra su memoria y recuerdo, y te acoges a ella. Descubres verdaderamente que te amaban. ¿Será tarde?