Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
Salgo. El cárabo me ducha y paro, a escucharlo, él desnudo, empezando la noche, yo vestido, acabando el día, y paro, y decido, echar mi ropa por la borda, dejar mis achaques de ciudad y pegarme a la frontera del árbol donde el cárabo se desvive en la noche.
El instante en que te miro, tu respiración, todo luz, vuelo, alas contenidas, vuélame, yo quieto, el instante en que me miras, no avances, me dices, porque vuelo, rienda suelta, garras no sujetas, te vuelo.
Garras Dos Sentidos (MISIA) Agustina Bessa-Luis – Popular
Não quero cantar amores, Amores são passos perdidos. São frios raios solares, Verdes garras dos sentidos. São cavalos corredores Com asas de ferro e chumbo, Caídos nas águas fundas. Não quero cantar amores. Paraísos proibidos, Contentamentos injustos, Feliz adversidade, Amores são passos perdidos. São demência dos olhares, Alegre festa de pranto. São furor obediente, São frios raios solares. Da má sorte defendidos Os homens de bom juízo Têm nas mãos prodigiosas Verdes garras dos sentidos. Não quero cantar amores Nem falar dos seus motivos.
Ayer, (te voy a llamar ahora amor, me apetece), decía que ayer, amor, estuve delante de un hueco un hueco que me pedía hablarte, un hueco de ida y vuelta, transparente, lleno de aire, un hueco para tenernos, puse mi voz por los dos lados, mientras te hablaba por el mío, tú, improvisándote yo, me decías que se logra lo que nos duerme, y yo, rápidamente, con la escucha tuya, amor, ya patentándome el oído de gozo, te decía lo furtiva que puede ser una cama, y tú, siendo yo, sintiéndote violín desordenado, fijabas la voz de nuevo en mi oído, paseándome, y yo, sobre ti, aclamando tu entrada, insistiendo en el sueño, la palabra, la palabra, te decía, y tú, que en ti estaba, el silencio, el silencio, andarnos por encima, y yo te hice caso, ya entendías el lenguaje de mis manos, y tú, como si yo me acariciase, me trenzaste un grito, y yo lo renové, renové ese grito, como punto de partida, y tú, como si fueras yo, me dormiste yéndote.
Siempre es la lluvia a la intemperie, iniciarme así un poema, en verso sereno, y guarecerme quizá en tu paladar, si me hago agua y acompaño a la tierra, si te haces agua espero a los brotes, sabes de sobra que la semilla no se obceca, que a la humedad se ciñe y al sol se halla, sé que al sol rompe su gen de espera, sabes que al calor toda ella se desata, hablamos de germen e igual podríamos hablar de magma, agua vivida toda afuera, intemperie, magma, agua hundida toda adentro, al llover sé que tengo una cita contigo, y te aviso, me avisas, y regamos de ojos el campo, desde nuestra ventana veo llover, veo llover y te miro, calladamente acordamos una palabra, sustento, sustento.
Se imaginó ese caballo negro. Dejó de imaginar porque hacia ella venía. Veloz, encogiendo el aire. Caballo loco, cielo en huracán venido al suelo. Hacia ella no uno sino un delta de caballos. Hacia ella, hacia el mar. La sangre que vierte su ola en las manos. El desbocado olor del tomillo, la estepa, la delicada y fuerte calidad del trote. ¿Qué podía aventajarla ya?
Imagínate una pradera yerma, un frío intenso, un ligero viento, un sol que se permite a tu cara. Imagínate una silueta muy al fondo atrapada por la poca hierba, imagínate el péndulo de su larga crin. Imagínatelo de negro, su perfil de dentro lleno de sangre. Imagina que viene hacia ti, entero, con su luz puesta en tus ojos. Imaginemos que el calor no se doma y que el frío entra en combate.
Esta mañana, mientras corría por el campo me definía el Haikú:
El crecimiento unitario como poema.
Pasan las nubes, una coreografía celeste y viva.
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Muerte, te hablo de tú a tú.
(Miguel Ángel Curiel)
Escalera
Nos haces ya un descenso, escalera, todo en tiempo y en pulso para tú sobrevivir y nosotros irnos.
Eu Canto (Carlos do Carmo) Composição: Poetisa Cecília Meirelles
Eu canto Porque o instante existe E a minha vida está completa Não sou alegre nem sou triste Sou poeta Irmão das coisas fugidias Não sinto gozo nem tormento Atravesso noites e dias No vento Se desmorono ou se edifico Se permaneço ou me desfaço Não sei se fico Ou passo Eu sei que canto e a canção é tudo Tem sangue eterno a asa ritimada E um dia eu sei que estarei mudo Mais nada
Mientras el afilador bailaba su cuchillo por la piedra ellos se quedaron mirando al galgo que presidía el movimiento, las chispas, el futuro corte. Luis ejecutó la demostración del perfecto afilado: la sabia presión del pulgar sobre el filo, el sentir cómo el acero te encaja sin derramarse una gota de sangre. Luego fileteó un folio en varios trozos que cayeron al suelo. Perfecto. El galgo permanecía inmóvil, ellos no. Pagaron y Luis siguió chiflando su trabajo al aire del verano. Él llevaba el cuchillo envuelto en un periódico atrasado. Ella lo cogió del brazo. Entraron en el bloque de su piso. Mencionaron las chispas, los gestos del afilador y su destreza con el papel; y al galgo. Es como tú, delgado. Tenían en la mente aquella carrera que vieron y que ganó la liebre. Partió varias naranjas limpiamente. Nos tomaremos un zumo fresco. El exprimidor vertía el zumo como una fuente agónica de finales de septiembre. Es su musculatura, sus quiebros, su corazón latiente tras la carrera lo que me excita, dijo. La última vez ella le había tocado el pecho tras el fallido intento, ahí se dio cuenta que el corazón nunca bromea. Fue incapaz de contar tan rápido. Ella tenía un reposo más asequible. En su última revisión, el médico apuntó 56. Buen pulso en reposo. Bebieron el zumo en silencio. Después él le ofreció la pulpa. Sólo una cucharada. Era una cucharilla pequeña la que él utilizó para recoger la pulpa. Se la llevó a su boca y después la besó. Supongo que la pulpa bailó en sus bocas. Contar lo que sucede en el interior de dos bocas no es fácil, las lenguas son fascinantes, los ritmos muy personales y la emoción inexplicable. Se besaron. Ella le llevó la lengua al lóbulo, le dejó una pincelada, una brizna. Le tocó el corazón como al galgo y dijo en alto: no me miente. En ese momento, el afilador seguía chiflando por la calle con su galgo por delantera.
En esta malagueña bellísima y recordada, Enrique Morente dice:
De tu pelo por las trenzas de tu pelo un canario se subía y se paraba en tu frente y en su boquita bebía creyendo que era una fuente.
Ay se me apareció la muerte cuando cuado intenté de olvidarte se me apareció la muerte como la vida es tan amable yo volví de nuevo a quererte.
Nieva, envío de vida, ante este instante en que el cielo revienta tengo el encargo de medirme al momento, a la palabra y a la emoción. Ahora miro esa dinamita aérea que conforman los copos, miento, ahora escribo de lo que vi, aunar palabra o festejar lo que cayó, y cae, qué hacemos sino recoger, calcar en un poema lo que sin duda almacenamos en la retina, en la mente, y que en el suelo tiene su verdadero esplendor. Dejo aquí el intento, prefiero el estallido de la nieve.
Hace un rato, al ojear/hojear, unas ciudades invisibles de Calvino me encontré en una de sus ciudades del deseo un folio doblado en cuatro cachos. Un título y cuatro versos de hace unos cuantos años que decían:
Favor a un espejo
Mirar lo de ti en Ella, eso sólo me pides, sólo eso, sin apenas Tú saber que para eso Ella me tiene que mirar.
SOLEÁ cantada por Rubito hijo en su disco "De tomillo y romero" (Soleá por la que siento predilección.)
El tiempo pone remedio y a los daños más sentidos que no hay más sabio que el tiempo, su remedio es el olvido.
Dejar de mirarme así que son tus ojos candelas y no respondo de mí.
Yo te miro, tú me miras. Yo te hablo, tú me hablas, este querer no es mentira, pero hubo secas palabras.
Con que me mires me sobra, ya ves con qué limosnita mi corazón se conforma.
Que siendo hermosa, ¡ay!, hondas espinas clavan las rosas.