Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
(aquí también a los pobres nos toca nuestra parte de riqueza
y es el olor de los limones.)
No advertí en su momento un detalle claro que alberga un elemento de esta fotografía. El título aporta todo.
De adivinar ese punto de calor se trata. Disfruten esos tangos.
Hay un bosque perpetuo junto a tu sueño.
Hay alguien que se ha ido, puede que en nuestro nombre,
puede que en el nombre de sí mismo,
nunca en el del Padre.
Deja el Padre, desde que lo es,
las hojas amancebadas, las raíces en su sitio.
Nosotros las cambiamos.
¿Hay algún bosque, acaso, junto a tu sueño?
Me cuenta una breve anécdota Paulino de su padre, de Jaraicejo, a propósito de la verborrea de los dedos ante los teléfonos móviles de los jóvenes (y no tan jóvenes) para emitir whatsApps como cortos mandobles de ida y vuelta en el contar: '¡Ay si se fuera la luz!
Hablé esta mañana con mi madre. A sus ochenta y cinco años la tele es una pantalla de entretenimiento. Algo tiene te tabla de salvación cuando aún se vive solo. Ella vive sola. Me dijo que llevaba tres días sin tele, que le había tocado ya todos los botones y que de la pantalla sólo salía una granilla. Hacía tiempo que no escuchaba esa palabra en ese contexto. Ahora la tele es una emisión continua en cualquier cadena. Cuando yo era pequeño y se acababa la programación veías la carta de ajuste. ¿Y qué habría que ajustar? Y a veces se iba la emisión por deficiencias técnicas y aparecía la granilla. Hoy esa palabra pronunciada por mi madre ha vuelto a cobrar un sentido de simbiosis con mi infancia y con el paso del tiempo. Lo que atrás se quedó y lo que vendrá.
Quién media para que yo viva
en este bosque dividido.
Hay sangre en forma de bruma,
hay coraje, hay llanto.
Hay jabalíes, hay devotos de las ramas,
hay transeúntes llenos de tierra,
hay virajes hacia las fuentes.
Un laberinto, vasos de clorofila
y veneno en forma de monedas.
Hay cadáveres encinta,
mirlos disecados,
hay claves de sol,
está Bach como única fortuna,
se ven hombres con su azadón.
En la boca es donde tengo
aquella huella canina,
aquella incisión paralela
a ese templo efímero llamado vida.
La boca, poema de Miguel Hernandez, interpretación en malagueñas de Pitingo
Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.