viernes, 13 de noviembre de 2009
Sobre el riesgo de ser, al menos, dos en la vida
¿Por qué sin ser yo dos vengo y me desplazo, me resbalo hacia ellos? Uno me dice, el otro no reprime, uno calla, el otro enerva al silencio, uno me grita, el otro excluye la moderación, uno me intenta escribir poemas, el otro disuade a la mayoría de palabras que no soporta, el uno que yo me creo ama, el otro se desagua con los labios. El uno me está cerca, el otro se refugia en mi médula.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Praza de Azcárraga: ¡Ay Carmela que chove!

Estábamos en la Praza de Azcárraga. Algo debió de darle al viento para pronunciarse así. Miramos hacia arriba para transitar por esos breves segundos que van de la quietud al disloque. Las copas de los plátanos que allí habían haciendo corro nos recobraron el presagio de la certera lluvia. Me dijiste: '¿te acuerdas?' Y yo te amanecí a Pucho rastreando tu talle.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Locuras a pie de calle
Me llamo Rosario. Mi vida es homónima, llevo las cuentas con el rigor que exige la espera.
Decir que mi matrimonio es un puto fracaso no lo puedo decir porque ya estaría separada.
No, mi vida conyugal quebró, quiebra.
A los tres meses de casarme planteé la fuga. Mi marido se acababa de convertir en un metrónomo.
A los tres años me dije que qué hacía yo dentro de esa situación (en realidad, para mí, me decía que qué coños hacía yo aguantando a ese tío que quería en exceso).
Llevo treinta años casada y el metrónomo sigue, con oscilaciones de celos.
Trescientos son demasiados, pero espero.
Unha vez tiven un cravo
Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón,
i eu non me acordo xa se era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentóu,
que eu día e noite sin cesar choraba
cal choróu Madalena na Pasión.
“Señor, que todo o podedes
-pedínlle unha vez a Dios-,
dáime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición”.
E doumo Dios, arrinquéino.
Mais…¿quén pensara…? Despois
xa non sentín máis tormentos
nin soupen qué era delor;
soupen só que non sei qué me faltaba
en donde o cravo faltóu,
e seica..., seica tiven soidades
daquela pena…¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
¡quén o entenderá, Señor!…
Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)
Poema de 'A las Orillas del Sar'
Rosalía de Castro
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
-Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?
Decir que mi matrimonio es un puto fracaso no lo puedo decir porque ya estaría separada.
No, mi vida conyugal quebró, quiebra.
A los tres meses de casarme planteé la fuga. Mi marido se acababa de convertir en un metrónomo.
A los tres años me dije que qué hacía yo dentro de esa situación (en realidad, para mí, me decía que qué coños hacía yo aguantando a ese tío que quería en exceso).
Llevo treinta años casada y el metrónomo sigue, con oscilaciones de celos.
Trescientos son demasiados, pero espero.
Unha vez tiven un cravo
Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón,
i eu non me acordo xa se era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentóu,
que eu día e noite sin cesar choraba
cal choróu Madalena na Pasión.
“Señor, que todo o podedes
-pedínlle unha vez a Dios-,
dáime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición”.
E doumo Dios, arrinquéino.
Mais…¿quén pensara…? Despois
xa non sentín máis tormentos
nin soupen qué era delor;
soupen só que non sei qué me faltaba
en donde o cravo faltóu,
e seica..., seica tiven soidades
daquela pena…¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
¡quén o entenderá, Señor!…
Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)
Poema de 'A las Orillas del Sar'
Rosalía de Castro
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
-Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Fruto del paseo

Dicen que el suelo se acaba cerrando. Lo vi abrirse bajo los gritos de los manzanos. Dicen que el suelo es una gran cicatriz constante. Lo vi curarse de inmediato cuando la liebre no paró de correr. Dicen que es viejo. Enhebra viento bajo las piedras que codician su peso. Dicen de su rendición. Las banderas que llevan los lagartos recorren el sol que arde al movimiento. Hablan de su escaso color. Notorio es el permiso de los camaleones para enrojecer los horizontes. Alguien escucha la ceniza acumulada. Los árboles viejos hacen recuento de los metros hallados donde vocear su clorofila. Dicen de la tierra hallada de ciudad. Sí, un cerrojo abatido tras una vida es un hábil adelanto en la dentadura de la ciudad, de tierra en espera. Dicen de la tierra del campo. Basta con cruzarla abierta, de lado a lado.
Planteamientos

Con ese título, a principios del año 98 hice una serie de ¿poemas?
Lo cierto es que en la vertical ya tenía una médula que ansiaba indagar en los hechos que más se pronunciaban en mí.
Ya dije en otra entrada de su ingenuidad, que reconozco, pero ciertos ¿poemas? aún me regatean. Este, por ejemplo:
Indaga si los sonidos que te cruzan
son voces de tu tiempo,
o transcurso de algún río;
son densidad de gorriones,
o la aldaba de tu vieja puerta;
son las sirenas que siempre han raptado
la salud del silencio,
o la tos de alguna fachada o rincón,
son los saltos de tu teléfono,
o la llama que se alimenta de leña;
son las piruetas de un cohete nervioso,
o la agonía de aquel jergón;
son tus voces, coladas a tus sueños,
a tus paseos, a tus labios,
o es una noche de grillos;
son tus voces que no se miden
en la salida, para seguir en ti,
o el violín que liba en la orquesta;
son las gárgolas que en el agua
presienten una parábola,
o es la punta de cien grullas que van;
son los cabeceos de un ciprés,
o el vapor que espera a la leche de un café;
son infinitos sonidos.
Cada sonido asiste a tus pasos,
éstos que hacen de cada camino
una escucha, un catálogo de líneas cruzadas.
Pero indaga, en la intersección,
el silencio.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Castaño incipiente tratando de hacerse un hueco

El entorno donde crece ese incipiente castaño no es el más propicio. Y no por la voluntad de la tierra que, si puede, da. El problema entre las plantas surge del abuso que algunas ya desarrolladas hacen de la luz. Nada más ver ese castaño me pregunté cómo había llegado allí: ¡en pleno pinar de Valsaín! ¿Alguien soltó alguna castaña? Pero lo que me fascinó fue su voluntad de permanecer, su tesitura ante el medio. Un castaño a luz abierta tendría las hojas apuntando al suelo. En este caso, su propósito de distinguirse le llevaba a tener las hojas absolutamente paralelas al suelo. No tengo nada más que decir, ni poético ni literario, ante el asunto. Sólo que, una vez más, simples detalles de la naturaleza nos inscriben dentro de nuestra propia debilidad ante lo adverso: ¿cómo habríamos reaccionado nosotros?
Pensad la posible respuesta tras Amancio Prada y San Juan de la Cruz.
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.
¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!
viernes, 30 de octubre de 2009
Otoñecer






'...,la parra otoñece cada octubre, octubrece todos los años, y uno quisiera, como ella, crecer en soledad, tener una apoteosis anual que nadie mira y volver luego a la paz, el silencio de los vientos , la minuciosa vida de los pájaros, mientras el vino de la herida se va cayendo en hojas, decolorando en llamas, empalideciendo como la vieja prima donna (María Callas),...'
Francisco Umbral, Un ser de lejanías.
Otra versión de 'Otoñecer' la encontrarán en Sofía.
Intuyo el invierno cuando me distraigo en el otoño. Y, así sucesivamente, con el resto de las estaciones. Intuyo árboles a la deriva de la quietud. Intuyo el roce del silencio en savia detenida. Otoñece por donde miramos, se vierte el único idioma de las hojas en rojo, traducción simultánea al amarillo, quedarse en ocre y no estallar. Otoñece sin filtro, intuyo el ramaje desnudo, el fundamento desnutrido del árbol, su esqueleto vivo. Son intuiciones mi otoño. Al cabo mi yo se intuye como invierno también.
Lo más vivo: Fernanda de Utrera

Bernarda de Utrera.
Bernarda por siguirillas. Cante más desnudo sí es posible: sólo con voz. Aquí, compás y voz. Voz sedimentada en tercios donde las historias demandan continuar lo más vivo que se encierra en ellas.
Bajo esta primera seguiriya no perturbo la escucha con el texto.
Ay, ay, puertecitas no tenía primo adonde llamar
puertecitas no tengo donde llamar.
Con qué fatigas yo llego a la tuya,
la encuentro yo cerrá,
la encuentro yo cerrá.
Ay, primito mío, mi alma que bien te camelo,
como yo te quiero, que bien te camelo,
porque tu tienes , porque tu tienes
la cara muy gitana y el pelo muy negro,
gitano de mi alma
que bien te camelo.
Ay, ay, que fatigas más grandes me has hecho pasar
qué vergüenza más grande me has hecho pasar.
Yo ando pidiendo, yo estoy pidiendo
de puertecita en puerta
para tu libertad,
qué vergüenza más grande me has hecho pasar.
Ay, qué fatiga, me dieron ganas de llorar,
ganas de llorar('las cátedras').
Cuando sentí,
cuando escuché
el pitito del barco,
la máquina andar,
fatiguitas muy grandes,
ganitas de llorar.
Quién dio aquel tirito
que en mi puerto dio
que los umbrales de mi casa derrumbó.
Quién dio aquel tirito
que en mi puerta dio.
jueves, 29 de octubre de 2009
Mujer viva



Bien sabemos los segovianos que Segovia es un balcón flotante desde el que ver a esa mujer que lo es todo menos muerta.
Admirarla así, enaltecida de retamas en primavera o repasada por la nieve.
Siempre viva, granítica, luminosa.
Mujer muerta germinal, alusión aérea.
Por hoy, y por muchas, las veces de sentirte.
Las de cantar tu registro amoroso.
No detendremos tu agua, serán de probarla nuestras ansias.
Colgaremos tus besos, ésos que al mirarte nos solucionan parte del reposo.
Desde mi balcón flotante
fui colgando tus besos
y ahora todas las noches
repican con el viento.
Corazón mio no llores
ni tengas penas
que si tu pasas fatigas
otros arrastran cadenas.
Que me he salido a asomar,
ya no me arrimo a las rejas
que me solía asomar
que me arrimo a la ventana
que cae a la soledad.
Deseando una cosa parece un mundo
luego que se consigue tan sólo es humo.
Tan sólo es humo niña, que parece un mundo.
Que soy piedra y puede ser
olvídame, pero advierte,
que soy piedra y puede ser
que algún día en mí tropieces
y en mí vuelvas a caer.
El sarmiento en la lumbre
y el que se enamora.
El sarmiento en la lumbre
y el que se enamora
por un lado se enciende
por otro llora.
La iglesia se ilumina cuando tu entras.
Y se llena de flores y se llena de flores
donde te sientas.
De bronce, compañera no más golpes,
mira que no soy de bronce,
mira que una piedra se quebranta
a fuerza de muchos golpes.
Bajo sus pies, bajo sus pies
florecía la mañana.
Y su cabello tenía la cara
de una intacta.
Al andar de la paloma
al andar tu te cimbreas
al andar tu me pareces
un ramo de flores que se balancea.
Tú me pareces un ramo de flores
que se balancea.
El ibas sólo tambaleándose
borracho de amor
borracho de hambre
borracho quién sabe.
Poema de Pedro Garfias musicado por Enrique Morente.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Intenciones truncadas
Igual pudo descerrajar dos tiros. Igual pudo elegir la escopeta entre las tres que tenía, pero descartó la repetidora. Por la paralela es como sintiese el hocico del animal nada más apuntar, era su arma querida, la que conocía la disposición de los matorrales, ¡tanto había ido con ella! Por la superpuesta sabía que norte y sur se pueden deteriorar con un simple gesto del gatillo. Norte era su cara y sur el entramado de su pelvis. Pero ya lo he dicho, que igual le pudo descerrajar dos tiros por toda la contienda amorosa que llevaron constantemente.
Esta vez le perdonó la vida. Su padre justo se había llevado las escopetas a revisión al cuartelillo.
Fue como un mensaje pospuesto.
Esta vez le perdonó la vida. Su padre justo se había llevado las escopetas a revisión al cuartelillo.
Fue como un mensaje pospuesto.
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