Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
Reciente tengo el concierto que Rubito hijo ha dado en el salón de la facultad de Bellas Artes esta tarde. Ya le tenía ganas después de haberle escuchado su hermosísimo disco 'Tomillo y romero' del año 2003, del que pertenece la soleá que adjunto. Hay conciertos que a uno lo ajuntan más al buen flamenco. '¿Me ajuntáis?', decíamos mucho de pequeños en los pueblos. El buen flamenco ajunta sin preguntárselo. Bastó comprobar el control de voz que tiene Rubito, sin ninguna estridencia; bastó comprobar el toque minucioso, clásico y delicado de Francisco Cortés; bastó con que el sonido fuera perfecto; bastó con que no hubiera aglomeraciones porque a Rubito casi nadie lo conoce (me refiero al público en general, y eso que ganó la Lámpara Minera en el 2003). Disfruté, disfrutamos. Además, sus buenas letras tenían humor, ironía, picaresca y crítica social con gracia.
SOLEÁ cantada por Rubito hijo en su disco "De tomillo y romero" (Soleá por la que siento predilección.)
El tiempo pone remedio y a los daños más sentidos que no hay más sabio que el tiempo, su remedio es el olvido.
Dejar de mirarme así que son tus ojos candelas y no respondo de mí.
Yo te miro, tú me miras. Yo te hablo, tú me hablas, este querer no es mentira, pero hubo secas palabras.
Con que me mires me sobra, ya ves con qué limosnita mi corazón se conforma.
Que siendo hermosa, ¡ay!, hondas espinas clavan las rosas.
Desde que he llegado a casa he percibido un elemento nuevo en el exterior. Un animal que antes no tenía: una chicharra. ¿Será porque el/los árboles han crecido demasiado? Para mí siempre la chicharra fue la infancia en el pinar a mediodía, cuando con calor. Varios pinos tengo debajo de casa ahora, una fortuna visual en una ciudad que no alivia su calor en los días de verano sin viento. En alguno de esos pinos debe de estar ese instrumento animal que expectora su calor y su deseo. Y es que así es, la chicharra macho es la que se alivia con su canto. Un órgano estridulador con membranas quitinosas llamadas timbales y unos sacos con aire que funcionan como caja de resonancia son los encargados de emitir sonidos de atracción hacia las hembras. Y sigue, sigue el canto hasta que a ella te acercas. No es el caso. Sigue.
Hace once años estuve en unas jornadas flamencas en Fuenlabrada viendo a unos músicos extraordinarios que acababan de publicar unos de los mejores discos en los que fusionaban, fundamentalmente, guitarra y sitar. Recuerdo vívamente cómo un espectador, mientras Gualberto García afinaba el sitar, decía: ¡¿Y éso, si es una chicharra?! 'Contrastes' es un grandísimo disco donde una guitarra luminosa penetra y un sitar irradia. Ahí tienen el ejemplo propuesto, una soleá donde el exotismo corre a cargo de la voz de la india Bina J. Mehta.
Ahora son la 00.30 minutos y la chicharra ha callado. No me pregunto por qué. Imagino que ya detectó su posibilidad de pasar la noche sin tener que frotar más sus alas. Noche animal, sueño de atrás el mío, oportunidad que se me brinda en esta soleá de pensar en un refugio/cueva donde el silencio es una partitura incesante y donde la voz es el justo reclamo para sentir.
Andarrio (Soleá)
Ay, ay ay.
Arriba en el castillo porque hay una cueva fría, porque le falta su dueño Manolito el de María.
Locura es negarlo para mí tú has muerto y aunque vivieras cien años.
Poseo el don del oleaje, no lo he de saber, ya mis manos diluidas en el mar, yo que en el más del tiempo lo abarqué. Pero no es de abuso mi postura, no es una fragua de lanzas mi garganta, y caso hago si dan por voz buena la de amar y demorarse, que yo ante esa voz doy recorte a las bridas y manejo el mar hasta hacerlo pupila de colibrí y verso de una sóla sílaba, mar, mar abreviado es el que te puedo conceder, mar donde la única plata es el perfil de los peces, mar como único intento de presentir las esquinas del oxígeno.
Mares y soles (A Zenobia)
En el breve celeste de tus ojos, el mar, tan pequeñito, es tan inmenso como el mar. Todo en él nubes, espumas, sal, gaviotas, se repite en idéntica belleza a la luz que le sube de tu alma. Pero ambos mares vamos Los dos a ti y a mí y a España, a un tiempo; por ambos mares la hermosura eterna me sorprende con nuevas armonías cada hora de oro, o niebla, o sombra; y miro a uno y otro, y, luego, no sé qué mar es el mar único; y me parece el sol esté solito que tu ojo recoge y el sol éste del cielo inmenso y puro el sol de tu alma.
En uno de los textos que circulan por ese mural de Cosmocaixa (Alcobendas) dice que:
El paisaje externo de un ser vivo es una de sus partes internas más trascendentes.
Os dejo con esa frase que asumo hasta la médula. Y os la dejo frente a esa rotonda de la misma localidad de Alcobendas donde los surcos son de hormigón blanco y durísimos. Eso sí, los olivos al menos tienen buen aspecto. Ya veis surcos en contraste con los de la anterior entrada. Surcos de hormigón, vista simulada. Amo la tierra de verdad, no quiero el paladar seco.
Salvador Távora y la Cuadra de Sevilla
Mi sangre va por los surcos empapando los terrones el fruto de mi trabajo se lo llevan los señores.
De lo olivos las aceitunas de mis esfuerzos los sinsabores escarcha fría en el invierno y en el verano son las calores los campos blancos de Algodonales se vuelven grises con mis sudores y mi voz rota de tanto grito `por esta tierra de mis dolores.
'Perico no necesitó de complicados tremólos, ni de esos difíciles picados a tres dedos que tan de moda se han puesto ultimamente, ni de unas falsetas repletas de arabescos y virtuosismos musicales. Con el dedo pulgar, a base de alzapúas sobre los bordones, casi punteando, consigue dar al acompañamiento y a sus falsetas el sentimiento, la tragedia, la música que necesitan unas seguiriyas magníficamente cantadas por Menese.' Citado en la entrada del blog de mi amigo Pedro Delgado (Recomendable escuchar los vídeos propuestos).
Ese chico de la foto no es Perico el del Lunar, hijo. Tan sólo sé que lo vi en Zaragoza este fin de semana en la misma plaza del Pilar. Tenía todo el calor de frente. Por alusión se que se llamaba Jesús. Lo cierto es que es que Jesús estaba tocando una seguirilla muy clásica y muy bien ejecutada. El pulgar de Jesús es, cuando menos, relevante. Me interesó mucho su mano, por eso me acerqué a ella. Me interesaron esas venas por las que, seguro corre y ha corrido mucho flamenco. Por mi amigo Pedro Delgado tambien corre el flamenco aunque sé que tiene unas manos muy delicadas y finas. Y por mi amiga La Porverita también corre sangre flamenca y verdialera desde el año 2000 aunque sé que sus manos son alargadas y sin resalte de venas. Os dedico esta entrada niños.
Y a tod@s os propongo la escucha de esta triste historia contada en la seguirilla donde estremece ese final en el que se canta 'Ya no son blancas las paredes donde lo mataron'. Final amargo, sin duda. Y por supuesto, un toque genialísimo y sin trémolos del maestro Melchor de Marchena.
Se abrieron las puertas y sono una voz ya principiaron las públicas audiencias que lo condenó.
Levanta la cara y mira a mi hermano cómo lo llevan prendido los geres y amarrao las manos.
Ya habían dao las doce cuando lo sacaron ya no son blancas las paredes donde lo mataron.
Me amarga la boca cuando lo maldigo, cómo amargaba la aceituna verde del olivarito.
Ya yace el mar junto a la casa. A partir de ahora te digo los veneros azules que hallarás si traspasas la puerta. La rutina bajo un remo, removiéndose, filtrándonos en la musculatura de los delfines. Fue sencillo traer el mar a puñados, a un lado la sal, a otro el agua con su espuma concentrada. Fue preciso traérnoslo, dedicar la casa a la proa y, sin más, dejar de llorar.
Dejadme llorar
Dejadme llorar a mares, largamente como los sauces. Largamente y sin consuelo. Podéis doleros... Pero dejadme. Los álamos carolinos podrán, si quieren, consolarme. Vosotros... Como hace el viento... Podéis doleros... Pero dejadme.
Estaba entre ti. Mi invento de ser leve supuso estar, rodearte y tú no verme. Estaba entre ti. Estábamos en el suelo, amantes sin serlo, asomados al festín del calor, estaba entre ti, oyéndote tu no verme, estaba varado, inquieto a un soplo, intención si distinguirme o salvar lo cromático si es que en ello me distingo.
Soleá/Bulería sobre el poema Ausencia Manuel Machado
No tienes quien te bese tus labios de grana, Ni quien tu cintura elástica estreche, dice tu mirada.
No tienes quien hunda Las manos amantes en tu pelo hermoso, y a tus ojos negros no se asoma nadie.
Dice tu mirada que de noche, a solas, suspiras y dices en la sombra tibia las terribles cosas...
Las cosas de amores que nadie ha escuchado, esas que se dicen los que bien se quieren a eso de las cuatro.
A eso de las cuatro de la madrugada, cuando invade un poco de frío la alcoba y clarea el alba.
Cuando yo me acuesto, fatigado y solo, pensando en tus labios de grana, en tu pelo y en tus ojos negros....
Según pasaba hacia el kilómetro 8 de la última Maratón de Madrid observé ese cedro desmochado que veis en la imagen. La hiedra lo cubría ampliamente en una de sus caras. Quise ser terco como la hiedra y decidí fotografiarlo al anochecer. Mis preguntas pasaron a la vez que corría por la parte final del Paseo de la Habana. ¿Qué es lo que había llevado a los dueños de aquella lujosa finca a cercenar de aquella manera a aquel cedro. Sólo me cabe una respuesta dada la fortaleza de tal especie: estaba sembrado tan cerca de la pared de protección de la finca que el único medio de evitar el salto sería acabar con él. Seguro, me juego la palabra. Los cedros son tan bellos que lanzan sus largos brazos paralelos al suelo. Preferir un cedro manco es como dar talento a la muerte.
SONETO DE LA DULCE QUEJA (Sonetos del amor oscuro, F.G.Lorca)
Tengo miedo a perder la maravilla de tus ojos de estatua y el acento que de noche me pone en la mejilla la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla tronco sin ramas; y lo que más siento es no tener la flor, pulpa o arcilla, para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío, si eres mi cruz y mi dolor mojado, si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado y decora las aguas de tu río con hojas de mi otoño enajenado.
Ayer, en el XII Festival Flamenco "Tío Luis, El de la Juliana", en el Colegio Mayor Universitario Isabel de España cantó el cordobés Manuel Moreno Maya, 'El Pele'. Cante de tremenda voz y fiel acompañamiento de guitarra. Repertorio clásico de soleares, seguirillas, malagueñas con fandangos abandolaos, copla, chispazo de malagueña, alegrías susurradas en su comienzo y bulerías lentas en pie. Y martinete. Todo éso si no me equivoco. Cantado con sensualidad, con retorcimiento, con un constante grillear de los dedos de las manos cuando no llevaba el compás él mismo. 'Ponle donde tú quieras, tú eres el que mandas', le dijo a Antonio de Patrocinio a la hora de ajustar el tono. Ya veis, humilde y generoso. Hubo un momento de compenetración memorable en la soleá: cuando paró El Pele en el tercio abrió la mano como helecho tierno hacia Antonio y éste le mimó con un acorde de cielo. Antonio estuvo volcao en El Pele: lo instó con olés a rabiar. Concierto flamenco de los de verdad, con buen sonido y escasa luz. Y ese arco de voz que posee El Pele, donde el grito esta tan modulado como el susurro. Se me olvidaba: los zapatos de El Pele me gustaron mucho, aparte de emocionarme también con su compás.
Os dejo esa bulería iniciada por La Susi donde se relata una historia de amantes que se escondían debajo de las adelfas.
Quiero traeros este hermoso poema titulado 'De flores' de un poeta del Sur llamado Miguel García-Posada, de su libro 'Inclemencias':
Una flor puede ser el emblema de la felicidad. Los poetas de oriente llevan siglos repitiéndolo, sabios y sutiles; yo he encontrado ese emblema en una flor de cielos abiertos: la amapola en sangre generosa, vecina buena, ubicua compañera, fiel intrusa de todos los caminos, musa alegre de todas las cunetas, revisora segunda de los trenes. Doncella de los labios carmesíes, me ha traído mi infancia de la mano, la niñez transparente, alondra tibia, y ha voceado sus nombres más queridos y ha repetido fraternal sus cantos de cristal, sus sonidos de sueño limpio y alto en los afanes. Entonces -era entonces-, mayo venía con su caballo blanco y puro a llevarse en su lomo de jazmines las pálidas cenizas de invierno. Mundo de la promesa, los mitos y los ángeles. Desdichado de aquel que nunca tuvo o no retuvo, el triste, una flor palpitante en la memoria, pues empezamos a morirnos el día que la dejamos en los sucios desmontes del olvido.
Uno se asoma a una ventana de poca altura y ve al niño que fue en un instante. El Sur tuvo la culpa. Allí las amapolas ya están brotando. Eso que llamamos alma surge en la mirada detenida: recuerdos. Cuando éramos niños jugábamos a adivinar la amapola que vendría en los capullos. Uno cogía el capullo y decía a modo de pregunta: "¿Gallo, gallina o pollito?" Había una respuesta y después la solución abriendo el capullo. Si la amapola estaba aún en 'leche' aparecía en blanco: pollito. Si medio madura; si medio colorá: gallina; si explotaba el rojo: gallo. En el capullo de la foto ya digo yo lo que es: cresta, cresta. Juegos que sujetaban la infancia esos que hacíamos.
Tomasa la Macanita
AGUA, TIERRA, FUEGO Y AIRE (Canción por Balería donde la guitarra de Moraíto Chico cimbrea de ensueño)
En la ventana me pongo a pensar, los recuerdos se dejan pasar y por la mejilla a mi me corre el llanto. Pienso en los caminos que quedaron atrás y el destino que me hizo encontrar a esta alma mia la que quiero tanto Este alma mia a la que quiero tanto me da alegria y me da quebranto.
Es como un río y es como el aire un grano de arena, una montaña grande, es un candil en tu pensamiento.
Engarzada siempre a mi talle a mi suspiro para que la ampare ay, de los miedos que llevo dentro. Este alma mia que llevo dentro me da alegria y me da tormento.
Es como un río y es como el aire Este alma mia a la que quiero tanto... Este alma mia que llevo dentro...
Amarillo pujante. Morado pleno. No hay detención posible. A la savia le han dado su exclusividad. Las esclusas florales, nuestro miedo al frío ya desperdigado.
Ay, moraítas las flores de la jacarandá. Ay, moraítas las horas del árbol de la soledad.
'En el compás de su sangre', soleá de Esperanza Fernández acompañada al piano de Dorantes.
El piano de Dorantes, como atajando las notas entra tímidamente en los ritmos de la soleá. Sube el tono hasta que 'ayyea' Esperanza Fernández. Templar es una palabra clave para cantar. También influyen los duendes, sobre todo en las sobrias soleás. Voz gitana sin muchas aristas la de Ella. El piano se echa en falsetas. La tradición entra en la letra y en el alma. Esperanza termina en alto su sentida soleá.
Nana de Esperanza Fernández acompañada por Renaud García-Fons.
Grave entra el contrabajo enlazándose enseguida a un sonido aviolinado. Es el contrabajo de cinco cuerdas del soberbio Renaud García-Fons. Esperanza canta la nana entre el contrabajo y los violines.
Ae, deja mi niño de llorar. Ae, niño tú no llores más. Cada vez que un niño deje de llorar un gran arcoiris saldrá. Ae, niño duérmete ya. Ae, en tu cuna de agua y miel te vendrán a mecer todos los niños del mar, del mar de la esperanza. Ae, ay que siempre te protegerán.
Entrada viva de la guitarra en los acordes del taranto. Canto alto y plateado en el primer tercio:
Tan imposible lo hallo de tu querer apartarme como escribir en el agua de una piedra sacar sangre.
Segundo tercio, la voz sigue sublevada y la guitarra interna y honda.
Mi almita te regalé ay, no sé si la que tenía y mi almita te dediqué y a cada paso fui trampa de tu mal querer yo marqué tu vida inquieta. ¿Quién eres tú para hacer y deshacer?
Guitarra perfecta, leve y perfilada. Y la voz de Rocío, onubense, delicadísima en su entrada, paralela en tono a la guitarra. Palo éste, la granaína, poco frecuente:
Y no me la dejan ver y enferma y en la cama está. Y no me la dejan ver ay a mí me mata la pena y porque de seguro sé que al verme se pone güena.
La guitarra baila agaviotada en la falseta tras este primer tercio. Vuelve a su compás:
Ven y cuéntame tus penas y a quién lloras noche y día ven y cuéntame tus penas que por consolarte a ti doy la sangre de mis venas ay, aunque me cueste el morir.
Umbría de la Mujer Muerta vista desde la casa de los Picos-Segovia
Ya te coviene, Viva
Muerta más Viva.
Esperas. Espero.
Existes, eres. Conviene en ti la nieve.
Espero. Esperas.
Eres agua cierta. Paisaje de mi tiempo. Te inventan mis ojos, y tú, con tu vaso pequeño, tus flores detrás, la primavera cada día con su gesto de andar. Ya te conviene, Viva, ser afluente, ser condición, ser parte del amor.
Otras canciones a Guiomar--Antonio Machado A la manera de Abel Martín y de Juan de Mairena
I ¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura! * ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar! * En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento; * en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca; * asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia a traición, ¡siempre tú! Guiomar, Guiomar, mírame en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar
II
Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.
En la zona de Braga, Portugal, hay una simbiosis perfecta entre olivos y naranjos. Cuando vi esos altos y viejos olivos, ya desatendidos, pregunté la razón de los naranjos bajo su copa. Me dijeron que, para evitar en los naranjos las heladas severas, caso de producirse, los olivos los protegerían pues soportan mejor el frío. Qué propuesta tan hermosa, tan bien observada. Pienso en ese aroma fragante de azahar que allí ya estará a punto de rondar. Pienso en esos olivos protectores tan desprotegidos ellos ya. Pienso en la palabra 'lagar' cuando me contaron el sabor del aceite que antaño producían y que allí llevaban para moler las aceitunas. Pienso, a veces, sobre nuestro escaso presente, sobre ese pasado tan sólido, tan inteligente.
Carmen Linares canta estos versos del poeta Juan Ramón Jiménez. Más información en el enlace sobre su DISCO.
Dejadme en el jardín fragante, porque quiero ver el sol en el agua blanca de mariposas; pues si esta tarde de oro pasa el frío y me muero, me llevaré mi alma toda llena de rosas.
No. Esto no es un criadero de perdices. Él es Gabriel, un amigo entrañable. Las perdices no están presas. Gabriel sí. Las perdices han decidido acoplarse a un recinto interior ajardinado desde hace unos años. Allí crían como en el campo, vuelan si las intentas coger y lo que es más importante: si te logras ante ellas, si ellas te perciben, tendrás el privilegio del vuelo. Gabriel lo consiguió a base de tesón. Gabriel puede salir a ese lugar casi ajeno a las rejas. Agostada ya la hierba del recinto le dije: te traeré trigo de casa. Ese año, el 2007, las perdices no concebían los buenos días sin Gabriel. Él tampoco. Gabriel es de campo y me cuenta mucho. Gabriel este año saldrá. Sigue todas las mañanas reclamándolas, ahora a punto celo.
Fandangos de 'El Cabrero'
Ele, viva la puesta del sol
El canto de la perdiz..... y el perfume de la sierra... el canto de la perdiz el ganao en la sementera es lo que me gusta a mi al llegar la primavera... Fandangos de Valverde)
En el olivo... el petirrojo en la zarza la abubilla en el olivo la alondra con su cantar la zamalla en los camino y en el rio el pato real... (Fandango de la Ría)
Todas las chimeneas nos miran. Nos figuran como hoguera andante. Eso pensaba mientras pasábamos por allí. Con ojos de ciclón amansado me miraste y tu voz dijo que el humo aún no andaba. Pero yo ya sabía que nuestro ciclo era el del fuego donde la ceniza quedaría descartada. Hacía frío en la ciudad. Tu mano izquierda tocó la piel de mi espalda. Deseé tumbar mi sangre. Seguimos caminando. La ciudad era pequeña. Llegamos al hotel, anochecía, me pediste un cigarrillo. Hacía calor en la habitación. Vi salir sortijas de humo por tu boca. Vuelve a encender el mechero, estando de espaldas a mí, dijiste. Te pedí una calada.
No se por donde me vino este querer sin sentir, ni se por que desatino todo cambio para mi. Por que hasta el alma se me iluminó con luces de aurora al anochecer, Por qué hasta el pulso se me desbocó y toda mi sangre se puso de pie.
Me miraste, me miraste y toda mi noche oscura de pena ardió de lucero, me embrujaste, me embrujaste y un rio de copla cantó por mis venas tu amor verdadero. Si estaré mi vida soñando y tendré que despertar lo que a mi me esta pasando no es mentira ni verdad.
¿Qué me diste? ¿qué me diste? que asi me has cambiado de nieve en hoguera de roja pasión no me aleje tu vera que sin ti no hay pa' mi remición. No estas viendo que al llamarte como loca desde el alma hasta la boca se me sube el corazón.
No se si hay otra que quiera con la pasión que yo a ti, vivir de esta manera más que vivir es morir, por que me despierto temblando a sola y miro a la calle desierta y sin luz, por que tengo la corazoná de que vas a darme sentencia de cruz.
Me miraste, me miraste y al mundo mis ojos de frente a los tuyos brillaron de celos. Me embrujaste, me embrujaste y igual que la arena mi torre de orgullo vinieron al suelo. Si será de brujería el nectar de tu querer, que la luz de mi alegría la oscurece tu con el.
¿Qué me diste? ¿qué me diste? que asi me has cambiado de nieve en hoguera de roja pasión no me aleje tu vera que sin ti no hay pa' mi remisión. No estas viendo que al llamarte como loca desde el alma hasta la boca se me sube el corazón.
Llegan los carnavales y desde luego no me voy a disfrazar de Wang Lun. Si, al menos fuera una barra estilizada de pan me disfrazaría de pan real o de folar, como los que hacen todavía por Vinhais (Portugal). Y es que hoy, casi todo es disfraz. Disfraz y duda. Pero hoy no quiero que penséis. Escuchad a El Ecijano en esos tanguillos muy próximos al carnaval.
Ay María - Tanguillos
Tanquillos alegres y burlones, acordes con el espíritu gaditano indisoluble a este palo. Curiosa y renovada composición musical de Pedro Sierra, en sintonía con la renovación de las letras de la pieza. Dejamos atrás “los anticuarios” y nos encontramos con una letra de la que extracto algunos pasajes: “Estos tanguillos de Cádiz/ se los quiero dedicar/ a aquellas personas gordas/ que quieran adelgazar. Y un consejo les voy a dar/: menos pan y menos plato/ y más suela de zapato.” “Ay, María/ qué buena está la comida:/ un salmorejo bien hecho/ y una siesta al medio día.” “Hay que adelgazar, / después de comer/ yo no quiero andar./ Después de comer/ yo quiero un sofá.”