Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
Me pido un alto para reivindicar lo nuestro, una pequeña extensión que no diga por exhuberante, un trozo abierto abierto a la memoria, una parcela custodiada sólo por la raíz. Para acompañarme a este lugar no me valen unos ojos perecederos. Cualesquiera ojos ya me valen: insólitos, deudores, hambrientos, versátiles, labrados. Son los ojos que da el silencio y que después hablan los que quiero que me acompañen, y que digan si en la atalaya desde la que somos insignificantes no prospera la vida más allá de la ciudad.
'Perico no necesitó de complicados tremólos, ni de esos difíciles picados a tres dedos que tan de moda se han puesto ultimamente, ni de unas falsetas repletas de arabescos y virtuosismos musicales. Con el dedo pulgar, a base de alzapúas sobre los bordones, casi punteando, consigue dar al acompañamiento y a sus falsetas el sentimiento, la tragedia, la música que necesitan unas seguiriyas magníficamente cantadas por Menese.' Citado en la entrada del blog de mi amigo Pedro Delgado (Recomendable escuchar los vídeos propuestos).
Ese chico de la foto no es Perico el del Lunar, hijo. Tan sólo sé que lo vi en Zaragoza este fin de semana en la misma plaza del Pilar. Tenía todo el calor de frente. Por alusión se que se llamaba Jesús. Lo cierto es que es que Jesús estaba tocando una seguirilla muy clásica y muy bien ejecutada. El pulgar de Jesús es, cuando menos, relevante. Me interesó mucho su mano, por eso me acerqué a ella. Me interesaron esas venas por las que, seguro corre y ha corrido mucho flamenco. Por mi amigo Pedro Delgado tambien corre el flamenco aunque sé que tiene unas manos muy delicadas y finas. Y por mi amiga La Porverita también corre sangre flamenca y verdialera desde el año 2000 aunque sé que sus manos son alargadas y sin resalte de venas. Os dedico esta entrada niños.
Y a tod@s os propongo la escucha de esta triste historia contada en la seguirilla donde estremece ese final en el que se canta 'Ya no son blancas las paredes donde lo mataron'. Final amargo, sin duda. Y por supuesto, un toque genialísimo y sin trémolos del maestro Melchor de Marchena.
Se abrieron las puertas y sono una voz ya principiaron las públicas audiencias que lo condenó.
Levanta la cara y mira a mi hermano cómo lo llevan prendido los geres y amarrao las manos.
Ya habían dao las doce cuando lo sacaron ya no son blancas las paredes donde lo mataron.
Me amarga la boca cuando lo maldigo, cómo amargaba la aceituna verde del olivarito.
Ante el agua y su certeza circuló ese elemento de hierro que tan socio fue de la vida como del esfuerzo de Ellos. Si ahora sigue el pozo, si sigue sólo, si conserva su señal pero no su cadencia, si la soga no es un elemento, al menos, visual, hablaremos entonces de pasado. Presente y futuro también encajan en esta conversación visual por cual me decanto. Mi adicción por el agua me hace tremolar en exceso sobre el pasado, sobre su elegante disposición que en cualquier punto del campo tenía. Ahora, sobre una roldana seca, mellada, chirrío y trato de que, aquí, salga lo más fluido posible. Y, ojo, éso sabiendo que el pozo al que está hermanada esta pieza este año sabe de mucha humedad.
Profundidades, Taranta del formidable disco 'Flamenco' de Rafael Riqueni.
Esa moda de desubicar los olivos en las rotondas....
Sombra de lo que eres, olivo, rumor sonoro para mí, verdad la tuya en verde, siempre en éso nos aventajas, no estar en tu sitio y reclamar, al final, tu voz, pero no ya la que tenías junto a la tierra que te dabas. Debate este desubicar vida constantemente, cuando no clausurarla, por no ser recio en el decir, pero más nítido nos entra el oír arrasado, claro que más lágrimas secas provoca. Pero el rumor es inapelable, para bien o para mal.
Quise saber cómo transitaba la lombriz. Sus recorridos, sus empachos de tierra fresca. Lo que su interior me sugería. Acabé dendro de una carpa desmedida y hambrienta.
Niña. Erase una vez, un mariposa blanca que era la reina de todas las mariposas del alba, se posaba en los jardines, entre las flores más bellas, y le susurraba historias al clavel y a la violeta. Felíz la mariposilla, presumidilla y coqueta, parecía una flor de almendro mecida por brisa fresca… más llegó un coleccionista, mañana de primavera, y sobre un jazmín en flor, aprisionó a nuestra reina la clavó con alfileres, entre cartulinas negras, y la llevó a su museo de breves bellezas muertas, las mariposas del alba lloraban por la floresta.
Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca y el clavel se molestó, blanca la mariposa y rojo el clavel, rojo como los labios de quién yo se rojo como los labios de quién yo se. Jardines, entre las flores más bellas, y le susurraba historias al clavel y a la violeta.
Felíz la mariposilla, presumidilla y coqueta, parecía una flor de almendro mecida por brisa fresca… y llegó un coleccionista, mañana de primavera, y sobre un jazmín en flor, aprisionó a nuestra reina la clavó con alfileres, entre cartulinas negras, y la llevó a su museo de breves bellezas muertas, las mariposas del alba lloraban por la floresta.
Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca y el clavel se molestó, blanca la mariposa y rojo el clavel, rojo como los labios de quién yo sé rojo como los labios de quién yo sé.
No hubo ninguna guerra este invierno en Uclés. Si hubo agua y nieve como hacía tiempo. Mercedes es la dueña de la casa que hay tras esas portadas azules y que cierra ese muro blanco algo descascarillado. Era justo hace una semana cuando estuve en Uclés. Pueblo de grato silencio y monasterio imponente. Del silencio siempre sospecharé porque sé que siempre hay alguien que te escucha y ve cuando te crees solo. Y qué casualidad. Fotografiar esas puertas cerúleas y aparecer Mercedes.
Buenos días. Buenos días. Me gustan esas puertas, su color. Son mías. Lo malo es que este año la pared ha terminado derrotada.
Derrotada. Volvemos a la adicción por las palabras dichas, Manuel. Y es que me extraña que en ese contexto tan sencillo, de tan mañana, una señora de unos 73 años no me dijese que su pared estaba hecha una pena por las lluvias y nevadas del invierno. No, derrotada. Derrota implica contundencia en el trato, cierto. Y seguro que a esa pared le queda más vida que a mí. Seguro. Pero, ¿será el amor por lo propio lo que le llevó a Mercedes a sentir por su pared ligeramente descascarillada de cal una derrota? Yo, a esas palabras, las denomino 'apuntes literarios salidos del fondo de una conversación normal'. Y bellos que són esos apuntes que grata guerra me dan.
O quizás fue el oleaje lo que atacó a la pared por haber dedicado la casa a la proa.
Ya yace el mar junto a la casa. A partir de ahora te digo los veneros azules que hallarás si traspasas la puerta. La rutina bajo un remo, removiéndose, filtrándonos en la musculatura de los delfines. Fue sencillo traer el mar a puñados, a un lado la sal, a otro el agua con su espuma concentrada. Fue preciso traérnoslo, dedicar la casa a la proa y, sin más, dejar de llorar.
Dejadme llorar
Dejadme llorar a mares, largamente como los sauces. Largamente y sin consuelo. Podéis doleros... Pero dejadme. Los álamos carolinos podrán, si quieren, consolarme. Vosotros... Como hace el viento... Podéis doleros... Pero dejadme.
Antes de que la luz llegue a su ansia muy de mañana, de que el pétalo se haga voz de niñez, vivo tu sombra alzada y sorprendida de humildad, nunca oscura, con sal y azúcar, con su trino hacia el cielo, herida y conmovida a ras de tierra.
Claudio Rodríguez, (El vuelo de la celebración)
'Amo la vida que vivo. Vivo la vida que amo.' Me pusiste esa canción mientras íbamos en el coche camino de la sima. Allí nos sentaremos y miraremos la tierra. 'La tierra hoy habla en exceso', te dije mientras la pisábamos para llegar al lugar que nos habían indicado. El sol nos daba un calor sencillo, delicado. Hay momentos en que la tierra pide paso, quiere que la veas, que la cojas, que afiances tus manos a su textura. Ésto no te lo decía pero tu manera de mirarme lo adivinaba. Sabías que iba a hablar poco y que allí nos sentaríamos a amar la vida, a vivirla tal cual. A ser profundos dentro de la superficie que proporcionaba aquella sima. A adherirnos al bullicio permanente de las plantas.
Muddy Watters
I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
See you watching me like a hawk I don't mind the way you talk But if you touch me somethin's got to give I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
So if you see me and think I'm wrong Don't worry 'bout me just let me go My sweet life ain't nothing but a thrill I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
My diamond ring and my money too Tomorrow night could belong to you The girls move me at their will I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
I may bet a thousand on a bet this time One minute later I can't cover your dime Tomorrow night I might be over the hill I just want you to know baby the way I feel
You see me walkin' as I pass you by Don't talk about me 'cause I could be high Just forgive me if you will I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
La simetría: el lugar oculto de lo mismo. Hasta un limón es simétrico. Hasta yo soy simétrico y nadie me ideó. Hasta mi simetría es falsa. Hasta me puedo triplicar. Pero no me metan entre rejas y menos que haga circo. Quiero ser Shere Khan.
William Blake
El tigre
Tigre, tigre, que te enciendes en luz por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué profundidades distantes, en qué cielos ardió el fuego de tus ojos? ¿Con qué alas osó elevarse? ¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro, y qué arte pudo tejer la nervadura de tu corazón? Y al comenzar los latidos de tu corazón, ¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
¿Qué martillo? ¿Qué cadena? ¿En qué horno se templó tu cerebro? ¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas y bañaron los cielos con sus lágrimas ¿sonrió al ver su obra? ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
Tigre, tigre, que te enciendes en luz, por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo osó idear tu terrible simetría?