Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno.
Sigo teniendo trenzadas aquellas manzanas de aquel árbol ya inexistente, de aquella huerta de la que sólo queda el perfil óseo de su esqueleto. Pasé hoy por ella y vi que nada queda. Pasé de aquella vieja realidad otoñal al proceder de un sueño: era quien fui, éramos, fruta era aliento por un árbol, subíamos, sabíamos del estimulante morder ácido de una manzana, pero paso ahora a mi hoy, a mi modo de hacer calma con el pasado, acomodándome, fingiendo que lo que como es la parte más versátil de la infancia.
Antes de que la luz llegue a su ansia muy de mañana, de que el pétalo se haga voz de niñez, vivo tu sombra alzada y sorprendida de humildad, nunca oscura, con sal y azúcar, con su trino hacia el cielo, herida y conmovida a ras de tierra.
Claudio Rodríguez, (El vuelo de la celebración)
'Amo la vida que vivo. Vivo la vida que amo.' Me pusiste esa canción mientras íbamos en el coche camino de la sima. Allí nos sentaremos y miraremos la tierra. 'La tierra hoy habla en exceso', te dije mientras la pisábamos para llegar al lugar que nos habían indicado. El sol nos daba un calor sencillo, delicado. Hay momentos en que la tierra pide paso, quiere que la veas, que la cojas, que afiances tus manos a su textura. Ésto no te lo decía pero tu manera de mirarme lo adivinaba. Sabías que iba a hablar poco y que allí nos sentaríamos a amar la vida, a vivirla tal cual. A ser profundos dentro de la superficie que proporcionaba aquella sima. A adherirnos al bullicio permanente de las plantas.
Muddy Watters
I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
See you watching me like a hawk I don't mind the way you talk But if you touch me somethin's got to give I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
So if you see me and think I'm wrong Don't worry 'bout me just let me go My sweet life ain't nothing but a thrill I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
My diamond ring and my money too Tomorrow night could belong to you The girls move me at their will I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
I may bet a thousand on a bet this time One minute later I can't cover your dime Tomorrow night I might be over the hill I just want you to know baby the way I feel
You see me walkin' as I pass you by Don't talk about me 'cause I could be high Just forgive me if you will I Love The Life I Live, I Live The Life I Love
Quiero traeros este hermoso poema titulado 'De flores' de un poeta del Sur llamado Miguel García-Posada, de su libro 'Inclemencias':
Una flor puede ser el emblema de la felicidad. Los poetas de oriente llevan siglos repitiéndolo, sabios y sutiles; yo he encontrado ese emblema en una flor de cielos abiertos: la amapola en sangre generosa, vecina buena, ubicua compañera, fiel intrusa de todos los caminos, musa alegre de todas las cunetas, revisora segunda de los trenes. Doncella de los labios carmesíes, me ha traído mi infancia de la mano, la niñez transparente, alondra tibia, y ha voceado sus nombres más queridos y ha repetido fraternal sus cantos de cristal, sus sonidos de sueño limpio y alto en los afanes. Entonces -era entonces-, mayo venía con su caballo blanco y puro a llevarse en su lomo de jazmines las pálidas cenizas de invierno. Mundo de la promesa, los mitos y los ángeles. Desdichado de aquel que nunca tuvo o no retuvo, el triste, una flor palpitante en la memoria, pues empezamos a morirnos el día que la dejamos en los sucios desmontes del olvido.
Uno se asoma a una ventana de poca altura y ve al niño que fue en un instante. El Sur tuvo la culpa. Allí las amapolas ya están brotando. Eso que llamamos alma surge en la mirada detenida: recuerdos. Cuando éramos niños jugábamos a adivinar la amapola que vendría en los capullos. Uno cogía el capullo y decía a modo de pregunta: "¿Gallo, gallina o pollito?" Había una respuesta y después la solución abriendo el capullo. Si la amapola estaba aún en 'leche' aparecía en blanco: pollito. Si medio madura; si medio colorá: gallina; si explotaba el rojo: gallo. En el capullo de la foto ya digo yo lo que es: cresta, cresta. Juegos que sujetaban la infancia esos que hacíamos.
Tomasa la Macanita
AGUA, TIERRA, FUEGO Y AIRE (Canción por Balería donde la guitarra de Moraíto Chico cimbrea de ensueño)
En la ventana me pongo a pensar, los recuerdos se dejan pasar y por la mejilla a mi me corre el llanto. Pienso en los caminos que quedaron atrás y el destino que me hizo encontrar a esta alma mia la que quiero tanto Este alma mia a la que quiero tanto me da alegria y me da quebranto.
Es como un río y es como el aire un grano de arena, una montaña grande, es un candil en tu pensamiento.
Engarzada siempre a mi talle a mi suspiro para que la ampare ay, de los miedos que llevo dentro. Este alma mia que llevo dentro me da alegria y me da tormento.
Es como un río y es como el aire Este alma mia a la que quiero tanto... Este alma mia que llevo dentro...
Entre esta misma ladera de olivos cercana a Almodóvar del Río han pasado más de cuatro años y dos estaciones. Verano donde todo queda agostado. Otoño donde la tímida hierba apenas consigue afirmarse. En la pequeña finca donde se halla el olivar hay ovejas que marcan sus senderos y comen dicha hierba. Olivar sostenible, desde luego. Olivar apenas productivo pero protector de la ladera.
Paisaje Poema de cante jondo, F.G.Lorca
El campo de olivos se abre y se cierra como un abanico. Sobre el olivar hay un cielo hundido y una lluvia oscura de luceros fríos. Tiembla junco y penumbra a la orilla del río. Se riza el aire gris. Los olivos, están cargados de gritos. Una bandada de pájaros cautivos, que mueven sus larguísimas colas en lo sombrío.
Otoño 2009
Tengan como asequible el sueño durante estos días.
El sol rompe la niebla centelleando, el sol rompe la niebla centelleando y el olivar se empina para elcanzarlo. Una noche serena, llena de estrellas, anuncia madrugadas más heladeras. Duérmete Joselito, no te desveles, que el manto de la noche guardar te quiere. Ea, la eaea, ea la nana, duérmete mi lucero de la mañana.
Apicultor("off"). Mirad lo que hay aquí: un auténtico demonio.
Ana("off"). ¡Qué bien huele!
Apicultor("off"). Sí; cuando es joven engaña. Pero de vieja ya es otra cosa. Fijaos bien en ella, hijas. Fijaos en ese color verde que tiene el sombrero. Fijaos en esas láminas amarillas y blancas. Es la seta cicuta. No la olvidéis. Es la peor de todas. La más venenosa. Al que la prueba no hay quien le salve; se muere sin remisión...
Creo que ya dije que la película de Víctor Erice se rodó en mi pueblo, Hoyuelos. En la escena que presento a continuación revelo que el monte con neblina que aparece en el vídeo no se corresponde para nada a los parajes del pueblo castellano que acabo de mencionar. Sí, en cambio, el pinar. El mismo que 36 años más tarde fotografío yo. El pinar de entonces se resinaba. Muchos pinos se cayeron. Los que quedan ya no se resinan. El pinar está a unos cuatro kilómetros del pueblo -la mancha más rectangular que aparece bajo otra cuadrada boscosa pinchando/buscando el enlace adjunto(http://maps.google.es/maps?ll=40.997382,-4.5045755&z=15&t=h&hl=es).
Y vuelvo al veneno. Mi despertar hoy tuvo forma de poema. Al ir hacia él, sus palabras no me aconsejaron. En la forma de la huida es donde noto la verdad y el dolor de la palabra, como si la palabra no quisiera verme triste. 'Días habrá', me dice la última palabra como espantada. Y sí, pienso, días habrá donde la tristeza continúe como veneno de vida. Ligeramente puedo intuir en el rastro de las palabras la forma del poema, a quién iba destinado, su medida. Pero ya lo digo, sólo intuir, pues una punzada se me registra de inmediato.
Vemos claro. Vemos borroso. Vemos la profundidad que se nos abre.
Preferiría no hablar de sueños. Sé que al hablar de ellos una parte del, digamos, alma está resquebrajada. Pero mi sueño es que esa puerta tuviese uso. Mi sueño es que al mirar por la cerradura pudiese ver a Catalina. Catalina era soltera, guapa y más guapa cuando tendía la ropa en ese corral. Catalina sabía de nuestros ojos y de su cerradura y por éso cantaba más. 'Pasad', y lo decía de espaldas. Pasábamos. En un largo tronco cabíamos los cinco de la pandilla y ella. En verano sacaba una jarra de agua y un vaso. Íbamos bebiendo y nos contaba. Catalina en la escuela era algo más seria.
O'Carolan es un espléndido grupo de folk aragonés que recomiendo con fervor.
Van por el aire, ahora, las hojas, fuera de su otoño, caen al suelo, gestan ocres.
Reconozco que me entiendo mejor con el invierno que con el verano. En esta estación calurosa las palabras suben con dificultad a mis manos. No se si es pereza o soy yo. Me pido disculpas y decido restringir mi savia hasta que el frescor me acomode. Y sí, aun contradictorio, la savia me es más fluida a partir del otoño. Al álamo blanco que tenemos enfrente de nuestra ventana le ha ocurrido algo similar. Señal de las altas temperaturas hace a ciertos árboles perder sus hojas de modo anticipado. Una defensa inteligente de su propia vida el perder para mantenerse. El ejemplar de hoja que muestro es de ahora, de hace un día; el punto de luz de los álamos revela esa pérdida en amarillo. Gratos los ocres que difunde esa hoja. Como grato fue el anticipo de otoño que sirvió para ilustrar la noción de lo que es poesía en el cuaderno de nuestro hijo. Poema de Antonio García Teijeiro.
A la espera de las hojas de otoño, a la espera de vientos frescos, añado estas seguidillas de Eliseo Parra que van por el aire:
Una pared así, en seco, en sujeción ya del cielo. La miro con los ojos diestros en lamentos. La miro con la plenitud de haber sido junto a ella. La miro acelerado y paso. La miro quieto para sentir la desproporción que acusa la infancia, lo realmente querido y no planteado. No hay momento que no pasee por aquellos lugares y no arrime la infancia a desenfundar un recuerdo, a alimentar un gesto o una pequeña carrera. Una pared así, en seco, el tributo de irnos de su lado.
Puedo decir que el título de esta entrada no es mío, es de Sofía, de ella. Ahí estábamos los tres ante la seducción del pozo. Reconozco que siempre me gustaron dos cosas con respecto a los pozos: mirar al fondo y tirar una piedra para oír el sonar del agua. Recuerdo también ese pozo que colocaron en el campo de mi pueblo: era en el año 1973, yo con 8 años, cuando Víctor Erice y Elías Querejeta decidieron rodar la película 'El espíritu de la colmena' en mi pueblo. El pozo aludido era de cartón piedra; lo sabríamos después cuando, por arte de magia, dejó de estar. 'No os acerquéis allí que es peligroso.' Y lo peligroso era que descuajeringásemos aquella ficción. Pero tan pintadito daba el pego, junto a aquellas ruinas en las que se escondía el maqui. Y si digo que el título es de mi 'ajustada compañera' es porque ella quiso esta foto para reflexionar sobre la profundidad. 'No, Sofía, este pozo es para mí, pero sobre todo por lo que ha dicho Luis.' Y es que Luis, que sofoca con curiosidad todo lo que ve, miraba y miraba tras la verja del pozo. Mientras Sofía hacía las pertinentes fotos (alguna que otra impertinente) se me ocurrió decirle a Luis que si veía el fondo, o que qué veía: 'Papá, cada vez veo más pozo'. Ya, dije, otra vez que no te escapas como exposición en el cuaderno. No sé si es que me asombro con una expresión normal y corriente o quizás nuestro leguaje de adulto no sería capaz de llegar a esa expresión. Lo cierto es que ahora la expongo como alivio placentero de mi memoria. Cada vez veo más pozo. Sacada de contexto, esa expresión entraría dentro del campo de una persona profundamente deprimida o angustiada. En ese contexto fue, una vez más, la confirmación del rango literario que tienen lo niños a la hora de expresarse y asombrar. Una y otra vez me la repito. Cada vez veo más p...
En la película aludida una niña lee en voz alta este poema de Rosalía de Castro:
Ya ni rencor ni desprecio; ya ni temor de mudanza; tan sólo sed..., una sed de un no sé qué que me mata. Ríos de vida, ¿do vais? ¡Aire!, que el aire me falta.
-¿Qué ves en el fondo oscuro? ¿Qué ves, que tiemblas y callas? -¿No veo! Miro cual mira un ciego al sol cara a cara. ¡Yo voy a caer en donde nunca el que cae se levanta!
Este poema pertenece a una sección de Follas Novas titulada 'Vaguedás' que en original:
Xa nin rencor, nin desprezo, Xa nin temor de mudanzas; Tan só unha sede…, un-ha sede, Dun non sei qué, que me mata. Ríos da vida, ¿onde estades? ¡Aire! que o aire me falta.
-¿Que ves nese fondo escuro? ¿Que ves que tembras e calas? -¿Non vexo! Miro, cal mira Un cego á luz do sol crara. E vou caer alí en donde Nunca o que cai se levanta.
Estoy de acuerdo -a parte de habernos puesto de acuerdo- con que esta taranta que ya acudió a este cuaderno es honda, limpia y despejada. Y añado algo más: cautivadora y de una intimidad subyugante. Disfrutadla.
Verse en la cabeza de un niño es verse lleno de posibilidades.
Ruta diaria de casa al colegio. Coche para arriba, coche para abajo. Montan los niños y yo veo dos cucarachas pintadas en un papel prendido en un limpiaparabrisas. Lo cojo y lo leo rápidamente. Empresa de desinsectación. Toma Luis, mira que bichos. Y Luis, sin haber circulado doscientos metros, me dice, papá, qué son las tesmitas. ¿Pondrá termitas? Sí, sí, termitas. ¿Y qué son? Mira, son como unas pequeñas hormigas que se comen la madera. ¿Y se pueden comer nuestros muebles de casa? No, Luis, normalmente acuden a casas viejas y sobre todo a las iglesias, a los retablos, ¿sabes lo que es un retablo?, lo que estuvieron restaurando en el pueblo, detras de donde se pone el cura. ¿Y las termitas saben si el cura está dando la misa? (Dar la misa, Luis ha captado esa expresión de cuando era pequeño y sus tíos lo llevaban a la misa el día de la fiesta, allá por agosto.)¿Y éso, Luis, para qué lo querrían saber? Pues para que no les molesten mientras comen la madera.
Os lo dejo así, amig@s, tal como sucedió el grato viaje hacia el colegio. No os voy a enredar sobre quién ha sido más termita si los que dan la misa o el insecto real. Y no digo nada sobre los que dan la misa lo que han importunado a la hora de comer. He dicho que no decía nada, vale, os dejo con Serrat y Ginesa Ortega en un buen encuentro con los macarras de la moral.
Los Macarras De La Moral Sin prisa pero sin pausa, como el "calabobos" desde las mas tierna infancia preparan el cebo "Si no te comes la sopa te llevará el coco" "Los tocamientos impuros te dejaran ciego..."
Y te acosan por la vida azuzando el miedo, pecando en el río turbio del pecado y la virtud vendiendo gato por liebre a costa de un credo que fabrica platos rotos que acabas pagando tú.
Son la salsa de la farsa. el meollo, de un mal rollo. La mecha de la sospecha. la llama de la jindama
son el alma de la alarma. del recelo y del canguelo. los chulapos del gazapo.
Lo macarras de la moral.
Anunciando el apocalipsis van de salvadores y se les dejas te pierden infaliblemente. Manipulan nuestro sueños y nuestros temores sabedores de que el miedo nunca es inocente.
Hay que seguirlas a ciegas y serles devoto creerles a pies juntillas y darles de la razón que: "el que no se quede quieto no sale en la foto" "Quien se sale del rebaño, destierro y excomunión"
Son la salsa...
Sin prisa pero sin pausa esos carcamales organizan sus cruzadas contra el hombre libre mas o menos responsable de todos los males piensan que por su cuenta, sueñan y lo dicen.
Si no fueran tan temibles nos darían risa si no fueran tan dañinos nos darían lastima porque como los fantasmas, sin pausa y sin prisa. no son nada si se les quita la sábana.
Que no es como cuando entonces te tenía, o me tenías, tanto da. Aglutinabas de los sencillos juegos su espacio más elevado, su textura de calle ensamblada en nosotros.
¡Cómo te has ido escribiendo en mí!
Imagino sonidos que te siguen habitando, son como una espontánea mansedumbre decidida a rebajarme, por instantes, al niño de indumentaria permanente, semanal. Me divertí, aunque fueran rugosos tus inviernos.
Te rebota ahora mucha ruina en su declamar de adobe, de piedra, de abandono. Bajo tus campanas no entro ya como entraba con el agobio de las rancias sotanas, pero si da que las oigo, sereno puede que mendigue recuerdos al niño claro.
Si no te veo, si no entro en ti, el porvenir de la ausencia está asegurado. Pero, ¡ay! si te veo, viran los recuerdos a la luz intensa, luz de ausencias. Recuerdos con semblante de fugacidad.
Vigilante sigo a menudo, en la alta memoria. Muy elástica es aún la mirada de mimbre que en ti tuve.
Remembranzas (Juan Ramón Jiménez) (A Manuel Reina)
Recuerdo que cuando niño me parecía mi pueblo una blanca maravilla, un mundo mágico, inmenso; las casas eran palacios y catedrales los templos; y por las verdes campiñas iba yo siempre contento, inundado de ventura al mirar el limpio cielo, celeste como mi alma, como mi alma sereno, creyendo que el horizonte era de la tierra el término. No veía en su ignorancia mi inocente pensamiento, otro mundo más hermoso que aquel mundo de mi pueblo; ¡qué blanco, qué blanco todo!, ¡todo qué grande, qué bello!
Sí, Mérida tiene un fantástico acueducto, un teatro y anfiteatro envidiables. Un museo y restos arqueológicos por doquier. Escueto resumen porque me voy corriendo a esa tienda para el que no quiera aburrirse en la cocina. 'Tracamundeau'. Y no es que yo necesitase un exprimidor en mi visita a esa bella ciudad del teatro clásico. No. Como zumo de mi infancia vino una palabra que mi madre usaba continuamente cada vez que enredábamos sobre cualquier cosa a la que, seguro, practicábamos el inminente desorden. 'Iros de aquí que lo tracamundeáis todo.' Entonces yo no sabía ni lo que era un diccionario ni falta que me hacía. Sabía el significado y me bastaba. Ahora, unos treinta y cinco años más tarde, es cuando me he puesto a buscar el verbo. Nada. Lo más cercano es 'tracamundana' que se le parece bastante. Efectivamente, alboroto, trueque de cosas. Interesante eso que hoy he dado en llamar traqueteo de las palabras, como un viejo carro que viajara con muchas y a las que se les descuelga alguna letra, alguna sílaba. No hay prisa, ya se le añadirá lo que falte a esa palabra, que no se trata de una restauración fiel de una fachada. Sé que la infancia te viene de donde menos te lo esperas, desde una magdalena, un trineo o una tienda de electrodomésticos.
Lo que traigo a este espacio no es sino parte de la nostalgia poética acumulada a mediados de los 90 y materializada en unas hojas de lo que di en llamar 'La palabra a través de sus rumbos'. Se que es un material que contiene mucha ingenuidad, pero también mucho impulso y mucha pureza. Ahora uno se plantea, se enrevesa, se pule, se bifurca y, aun así, acaba por no conformarse. Fue una época especialmente dura para el campo la de esos años. E incluso uno de ellos no se segó la cosecha por secarse anticipadamente en febrero. La sierra no cogió nieve, las fuentes apenas corrieron en invierno y los ríos anunciaban ya su languidez. El inicio del poemario fue un poema dedicado a una zona de la sierra de Guadarrama que llaman la 'Mujer muerta':
Una, dos, tres, mil, un millón, son las lágrimas que el luto no expulsa.
Dividí el poemario en secciones. Una de ellas fue la de 'Naturaleza inmensa'. Este poema ahí pertenecía:
Pienso de qué nos avisa el agua cuando arremete con su caudal. O cuando encije su postura para ser hilo de voz o, simplemente, nada.
El agua sin reflejos es poder, es asalto a su doma, es tierra violada a su quietud. Es hambre y capricho. También belleza.
Su ausencia es memoria, es riego de una agonía, es tierra olvidada, es huida, es tiempo de espera, espejismos de reflejos.
¿De qué nos avisa? De nuestro alarde, de nuestra soberanía. Si el agua se encalma, o se sucede con justeza, su reflejo nos avisa de lo escasos que somos.
Y el último poema que muestro lo incluí en una serie titulada 'Recovecos', palabra que me evoca mucho. Lo dediqué a un pinar cercano al pueblo donde me crié:
Todavía se da el bosque al relato de sus sombras, ése que nos cuenta la destreza del sol en maniobrar el sentido de los árboles.
No quisiera yo atravesar las sombras secas de los recintos que se dieron al juego. Y es que el bosque se multiplica con la luz y, con ella, en su amable trasiego, las sombras se redactan.
¿Exijo mucho si pido la infinita lectura de mi bosque, que sólo en ella, la amable oscuridad nos descansa?
Ahora estos poemas continuarán por el cauce del descanso.
Papá, papá, tenemos que buscar una poesía para el día de la paz del colegio. Ellos no dicen poema, un poema. Vale Luis, dime algunas palabras relacionadas con la paz. Guerras, que se acaben, palomas, que tengan para comer, que tengan juguetes. Vale, Luis, suficiente. Vamos a dejar volar a las palomas por un rato. Y así surgió este poema, perdón, esta poesía a la que le puede sobrar alguna letra pero que se entiende.
"Por eso tenemos que hablar de muchas cosas: del tiempo, de la imaginación , de las palabras, de la gente de las ciudades, del mar. Y por eso debemos aprender a mirar. Para ser poeta, sobre todo, hay que aprender a mirar." Lecciones de poesía para niños inquietos, Luis García Montero, Ed. COMARES.
Cosas así había estado leyendo Luis de un libro de poemas de Alberti para niños. ¡O para cualquiera! :
Me siento, mar a oírte. ¿Te sentarás, tú, mar, para escucharme?
Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera.
De lejos tiene el mar conversación de bosque. ¿Tiene el bosque en su umbría conversación de mar?
Y cosas como las de la foto del cuaderno le estaba redactando hace tiempo a Luis para practicar caligrafía. Siempre le dicto frases que le hagan reír o pensar, o las dos cosas. Fue aquel día para mí un día especialmente bello por la lluvia. Muchas veces desde la privilegiada vista de mi casa me detengo a observar, a mirar como dice Luis Gª Montero. Y por mirar tanto, se puede acabar dictando esas cosas a los niños. "Luis, ¿has visto qué azul está el cerro?" Y Luis me miró mientras terminaba las frases, sonrió y me dijo: "Si ésto son como versos". Ahí es cuando me hizo pensar a mí, en su asociación con el libro de Alberti que había estado leyendo. Y en su sonrisa, llena de ingenuidad, picardía e imaginación.
Vuelve ahora a mí ese cuaderno, vuelvo a mi infancia, de cuando don Romualdo nos decía, escriban ustedes lo que yo les copie en el encerado y escríbanlo como si estuviesen acunando a las letras, despacito.
PLEAMAR (Arboleda perdida)
Quiero volver a aquellos dias de mi infancia junto al mar de Cádiz, aireandome la frente con las ondas de los pinares ribereños, sintiendo cómo se me llenan de arena los zapatos, arena rubia de las dunas quemantes, sombreadas a trechos de retamas.