Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
El entorno donde crece ese incipiente castaño no es el más propicio. Y no por la voluntad de la tierra que, si puede, da. El problema entre las plantas surge del abuso que algunas ya desarrolladas hacen de la luz. Nada más ver ese castaño me pregunté cómo había llegado allí: ¡en pleno pinar de Valsaín! ¿Alguien soltó alguna castaña? Pero lo que me fascinó fue su voluntad de permanecer, su tesitura ante el medio. Un castaño a luz abierta tendría las hojas apuntando al suelo. En este caso, su propósito de distinguirse le llevaba a tener las hojas absolutamente paralelas al suelo. No tengo nada más que decir, ni poético ni literario, ante el asunto. Sólo que, una vez más, simples detalles de la naturaleza nos inscriben dentro de nuestra propia debilidad ante lo adverso: ¿cómo habríamos reaccionado nosotros?
Pensad la posible respuesta tras Amancio Prada y San Juan de la Cruz.
Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura y, yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de su hermosura.
¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del amado! ¡Oh prado de verduras, de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado!
'...,la parra otoñece cada octubre, octubrece todos los años, y uno quisiera, como ella, crecer en soledad, tener una apoteosis anual que nadie mira y volver luego a la paz, el silencio de los vientos , la minuciosa vida de los pájaros, mientras el vino de la herida se va cayendo en hojas, decolorando en llamas, empalideciendo como la vieja prima donna (María Callas),...'
Francisco Umbral, Un ser de lejanías.
Otra versión de 'Otoñecer' la encontrarán en Sofía.
Intuyo el invierno cuando me distraigo en el otoño. Y, así sucesivamente, con el resto de las estaciones. Intuyo árboles a la deriva de la quietud. Intuyo el roce del silencio en savia detenida. Otoñece por donde miramos, se vierte el único idioma de las hojas en rojo, traducción simultánea al amarillo, quedarse en ocre y no estallar. Otoñece sin filtro, intuyo el ramaje desnudo, el fundamento desnutrido del árbol, su esqueleto vivo. Son intuiciones mi otoño. Al cabo mi yo se intuye como invierno también.
Bernarda por siguirillas. Cante más desnudo sí es posible: sólo con voz. Aquí, compás y voz. Voz sedimentada en tercios donde las historias demandan continuar lo más vivo que se encierra en ellas.
Bajo esta primera seguiriya no perturbo la escucha con el texto.
Ay, ay, puertecitas no tenía primo adonde llamar puertecitas no tengo donde llamar. Con qué fatigas yo llego a la tuya, la encuentro yo cerrá, la encuentro yo cerrá.
Ay, primito mío, mi alma que bien te camelo, como yo te quiero, que bien te camelo, porque tu tienes , porque tu tienes la cara muy gitana y el pelo muy negro, gitano de mi alma que bien te camelo.
Ay, ay, que fatigas más grandes me has hecho pasar qué vergüenza más grande me has hecho pasar. Yo ando pidiendo, yo estoy pidiendo de puertecita en puerta para tu libertad, qué vergüenza más grande me has hecho pasar.
Ay, qué fatiga, me dieron ganas de llorar, ganas de llorar('las cátedras'). Cuando sentí, cuando escuché el pitito del barco, la máquina andar, fatiguitas muy grandes, ganitas de llorar.
Quién dio aquel tirito que en mi puerto dio que los umbrales de mi casa derrumbó. Quién dio aquel tirito que en mi puerta dio.
Bien sabemos los segovianos que Segovia es un balcón flotante desde el que ver a esa mujer que lo es todo menos muerta.
Admirarla así, enaltecida de retamas en primavera o repasada por la nieve. Siempre viva, granítica, luminosa. Mujer muerta germinal, alusión aérea. Por hoy, y por muchas, las veces de sentirte. Las de cantar tu registro amoroso. No detendremos tu agua, serán de probarla nuestras ansias. Colgaremos tus besos, ésos que al mirarte nos solucionan parte del reposo.
Desde mi balcón flotante fui colgando tus besos y ahora todas las noches repican con el viento.
Corazón mio no llores ni tengas penas que si tu pasas fatigas otros arrastran cadenas.
Que me he salido a asomar, ya no me arrimo a las rejas que me solía asomar que me arrimo a la ventana que cae a la soledad. Deseando una cosa parece un mundo luego que se consigue tan sólo es humo. Tan sólo es humo niña, que parece un mundo.
Que soy piedra y puede ser olvídame, pero advierte, que soy piedra y puede ser que algún día en mí tropieces y en mí vuelvas a caer.
El sarmiento en la lumbre y el que se enamora. El sarmiento en la lumbre y el que se enamora por un lado se enciende por otro llora.
La iglesia se ilumina cuando tu entras. Y se llena de flores y se llena de flores donde te sientas.
De bronce, compañera no más golpes, mira que no soy de bronce, mira que una piedra se quebranta a fuerza de muchos golpes.
Bajo sus pies, bajo sus pies florecía la mañana. Y su cabello tenía la cara de una intacta.
Al andar de la paloma al andar tu te cimbreas al andar tu me pareces un ramo de flores que se balancea. Tú me pareces un ramo de flores que se balancea.
El ibas sólo tambaleándose borracho de amor borracho de hambre borracho quién sabe.
Poema de Pedro Garfias musicado por Enrique Morente.
Igual pudo descerrajar dos tiros. Igual pudo elegir la escopeta entre las tres que tenía, pero descartó la repetidora. Por la paralela es como sintiese el hocico del animal nada más apuntar, era su arma querida, la que conocía la disposición de los matorrales, ¡tanto había ido con ella! Por la superpuesta sabía que norte y sur se pueden deteriorar con un simple gesto del gatillo. Norte era su cara y sur el entramado de su pelvis. Pero ya lo he dicho, que igual le pudo descerrajar dos tiros por toda la contienda amorosa que llevaron constantemente. Esta vez le perdonó la vida. Su padre justo se había llevado las escopetas a revisión al cuartelillo. Fue como un mensaje pospuesto.
Olivos centenarios en venta en la localidad de ESTEPA (Sevilla)
Años de vida, años de llanto son a los que yo me encamino. Esos olivos no son de ahí, fueron arrancados. Un árbol no tiene venta. Un árbol tiene lugar y disposición. Desubicado, de un árbol nos quedará su incesante rumor sonoro. Un no se qué lacerante se me instala en esa parcela tan atroz que los dedicamos. Si un árbol gime, es para no parar.
Fervor por los olivos. Algun@s ya lo saben de mí. Mi infancia transcurrió entre chaparros y retamas. Mi adicción a los olivos es reciente. Media vida llevo tras de ellos. ¡Cómo resurgen, cómo resultan agredidos, cómo son trasplantados! Y ellos dan. Ya sabéis lo que dan. Otra cosa es estar vinculado al zumo de la aceituna, sí zumo, porque éso es el líquido. No descubro nada pero sí derroto la idea de grasa, que también lo es. Fue probar hace años una variedad de Creta llamada 'Koroneiki' y sentir algo sensacional. Probad.
Antonio Machado
¡Viejos olivos sedientos bajo el claro sol del día, olivares polvorientos del campo de Andalucía! ¡El campo andaluz, peinado por el sol canicular, de loma en loma rayado de olivar y de olivar!
Y, ahora, quien quiera que baile. Y quien diga que el olivito es mala leña se las tendrá que ver conmigo:
Pasa. Puedo decir que entras y te distingo por tu forma de hablar, esa que habla por dentro. Pasa, puedo decir que deambulas por lo caído y te distingo por como te paras. Pasa, mira desde dentro lo de afuera, te distingo tu forma de bascularla, la mirada que me cae, ya ves, yo caída, tu que la caes y la rozas y te la entiendo. Pasa, sube, verás el cielo, éste no tiene derrota, sí mi techo, pasa y sube, te distingo como quien baja a lo más callado. Pasa, te cuento, te distingo por decirme.
Amor, cuando yo pienso en el mal que me das, terrible y fuerte, voy corriendo a la muerte, pensando así acabar mi mal inmenso; mas, en llegando al paso que es puerto en este mar de mi tormento, tanta alegría siento, que la vida se esfuerza y no le paso. Así el vivir me mata, que la muerte me torna a dar la vida. ¡Oh condición no oída, la que conmigo muerte y vida trata!
Miguel de Cervantes, 'El Quijote', capítulo 68, 2ª Parte.
Acudir a un concierto de Mayte Martín es asegurarse intimismo, buen hacer y delicadeza. Cante flamenco o cante a poetas. Ella reconoció que en este último disco suyo están todas las Maytes. Mezcla estilos, deja entrever acordes flamencos, derrocha conmoción. Y a los que la venimos siguiendo desde hace mucho tiempo nos hace temblar. Dicho así, temblor líquido en un silencio radical. Agradeció la gran complicidad de sus músicos sin los cuales estos proyectos no saldrían adelante. Olvido Lanza cimbreando sobre su violín, haciendo las mismas sílabas ensimismada cuando le tocaba silencio; Chico Fargas vaciando sus manos en la percusión; Guillermo Prats haciéndose pulgares en el contrabajo de fondo; y José Luis Montón elevando la segunda guitarra constantemente.
El concierto siguió fielmente su disco último: 'Al cantar a Manuel'
El poema que presento a continuación es uno de los que más me gustó. Me toca fibra. El campo descampado. La mano que tanto ha intervenido en el campo muere, se esconde. El poeta recuerda su campo interior de Málaga. Mayte aludió a la forma que tiene el poeta de tratar la muerte: 'de una manera dulce y nada dramática'. Os dejo el poema de Manuel Alcántara y su música doble, la intrínseca y la que nos bendice Mayte.
al sur de los limones
el campo esconde manos, las entierra al sur de los limones, tierra adentro vivir se queda huérfano de manos del nativo decálogo del cuerpo.
tantas utilidades escondidas residen para siempre en el silencio...
un haz de manos quietas es la muerte yacimiento de manos es el tiempo debajo de la tierra no hay saludos los muertos no conocen a los muertos.
Glup 2.0 es un blog en el que el electrocardiograma literario jamás es plano. Cierto es que la mujer tiene una preponderancia en ellos, en el blog y en Pedro, su domador único y absoluto. Siempre hablando de palabras y emociones, claro esta. Nada de circo. Allí me presentó esta entrada que hoy reproduzco aquí para quien quiera, la conozca ya o no: http://glup2.blogspot.com/2009/10/tempero.html
Voy por la senda del morir más clara y de toda esperanza me retiro; que sólo atiendo y miro adonde todo para, pues nunca he visto que después viviese quien no murió primero que muriese.
Lope de Vega
(Égogla a Claudio-EL DESENGAÑO)
La pintura se iba a desconchar
No, no llamen si creen que es la puerta del cielo. San Pedro no os atendería. Pedro existió, fue mi amo. Murió hace muchos años. Yo también, pero aún hice por mi cuenta cinco años. Yo soy Bernardo. Me llevaron a un herrero en mi edad madura, a los diez años. Pedro le dijo a Paco, el herrador, mírale la cara, mírasela bien y hazme un llamador con su rostro. Yo venía de las piernas de Ella, cuando aún era plumón. La casa donde vivíamos ya está cerrada. El desconche de la pintura es el gesto más inoportuno de lo que se barrunta. Allí hubo vida, generosidad y estímulo. En la casa, en su patio, alrededor de sus kentias luminosas. Yo ladraba maduro. Viene el juez, decía Pedro. Ladraba redondo, viene Ella. Ladraba descolocado, y pasaban chicos por la calle. Ladraba y quedaba quieto, llegaba Mauricio y metía las cartas por la ranura de la puerta. Mauricio me toco cuando era plumón porque era vecino de Ella. Mauricio me sentía quieto y decía desde la calle, hay una de Ella. Le daba las gracias como quien ladra. Pedro la creía muerta hasta que llegaba una carta. Vino Ella conmigo a la casa. Unos meses y se fue. Entonces Pedro me llevó al herrero. Y Ella, ... no sé. No sé adónde se fue. Ella me rascaba, siempre. Pedro metía sus cartas entre maderas olorosas. Mis ojos eran tristes. Bernardo, vendrá, me dijo un día con la convicción de un ladrido. Pero Él no era perro y yo olía de largo las cartas. No vino. Murió mi amo, Pedro. Y yo supe que la pintura se iba a desconchar.
Luego, si me atengo al ocio de la escucha y del escribir, os vincularé al concierto al que asistimos anoche en Madrid de Mayte Martín. Vaya uno de sus mejores temas (definida por Mayte como una grandísima carta de amor: En aquel tiempo
Yo tuve el corazón capaz de lluvia. Ocurría febrero con sus alas y el tiempo digital nos puso juntas las manos y los ojos y los cuerpos: toda la tierra que el amor excusa.
Igual que el viento en las banderas altas se comportó en nosotros esta música.
Me fui quedando acompañado y cierto, entendido en los bosques de mi jungla, leñador orgulloso de raíces que no debieron nunca estar ocultas. Lo de siempre se puso a ser distinto: el mar entero cupo en una urna, el hielo de los vasos provenía de una lejana nieve, nuestra y única, mis manos migratorias se quedaron a vivir en tu tierra más profunda y en mi boca, de siempre descontenta, dimitían de pronto las preguntas.
Presenciadas por dos cambian las torres, la muerte aplaza sus gestiones últimas y estar vivo se agita y condecora. La muerte debe ser como un espejo donde uno mira y mira sin ver nunca. Ven cerca. Más. Que entre los dos no quepa ninguna muerte ni ninguna duda. Te hablo desde febrero y desde siempre: sabemos del amor por lo que alumbra, por lo que tuerce y acrecienta y rige, por su forma de andar en la penumbra... Y así, sobre semanas perseguidas izamos con esfuerzo nuestra alma.