Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
"Me pegaba a mí y a mis hijos. Cuando estaba muy borracho sacaba un cuchillo y lo ponía encima de la mesa para amenazar. Y mira ahora, de cuchillo ha muerto, el pobre".
Hay frases, declaraciones que merecen excitar la atención literaria para entrar en ellas. ¿Hubiera sido lo mismo que Daniela Pop hubiese dicho 'Y mira ahora, de una cuchillada ha muerto, el pobre'. Los buenos textos tienen que remover la percepción de las cosas, los sucesos. Éste, amén de la tragedia, es un buen texto.
¿Qué hacer?¿Uñas y garras a un asidero? Dejarse crecer.
Este haiku está inspirado en las uñas de Gines(aquí) y la significación es, como todo buen lector debe apreciar, dispersa e inquietante. Además, lleva un post-título: En fin.
Sabe adentrarse a la vida el caracol. Y también salir.
Miro todos los días a ese caracol pegado a un ladrillo siempre en sombra. Lo miro mientras estiro sobre un poyete cercano. Mañana , con la lluvia, aflojará su ajuste y saldrá a por su alimento. La hiedra continuamente se renueva.
'Apreciemos el instante' titula Arianna Savall su tema musical con poemas de Omar Jayyam y Robaiyyat. Apreciemos esas caléndulas-claveles.
Antonino 'el puerro' es este señor que presento en la foto. 'El puerro' no es un mote sino un apodo cultivado. Toda su vida se ha dedicado a la huerta. Hablábamos el otro día en un pequeño parque del pueblo de la bondad de estos días casi veraniegos. Le comentaba sobre la posibilidad de plantar los tomates ya. Me dijo que por mucho invento de plásticos allí, en la Castilla fresca, como mucho, la recogida, se adelantaría diez días. Y tiene razón. Y además no quiere trabajar de balde. Quiere poner sus tomates como siempre y al raso, y a partir de san Isidro. A lo seguro.
Pero lo que me sedujo de su conversación fue su interpretación particular sobre las caléndulas que tiene en su huerta. Para él, son claveles. El dijo: 'Ay que ver cómo conservan la raza esos claveles (los teníamos al lado del banco donde nos sentamos). 'Los tengo yo en un rincón en la huerta y son los mismos que plantó mi abuelo y ahí siguen, que no se pierden nada.' Ya ven que habla de raza Antonino y no es para nada ario. Es una forma de hablar hermosa la que tienen la gente de los pueblos. Yo hago mi traducción simultánea y callada. Entiendo que por raza podría decir especie. Y también sé que sería absurdo hablar de la genética de las plantas. Lo cierto es que sus caléndulas se sostienen en el tiempo.
A aún hay más. Me comentó que puso años atrás un árbol de neftarinas. 'Casi todos los años se me hiela. Se ve que es un árbol que madruga mucho.'(Este año se le volvió a helar el 29 de marzo.) Volví a traducir simultaneamente: los neftarinos arrojan demasiado pronto la flor para aquel clima castellano. Pero ese 'madrugar' del árbol me satisface más literaria y humanamente en una conversación.
Puso Cervantes en la boca de Sancho muchas palabras que luego el de la barba afilada le corregía. Sabio Cervantes y sabio lenguaje el del pueblo, quizá el menos realacadémico pero sí el más vivo. Ojo que de trastocar palabras a hablar mal hay mucha diferencia. Ya quisiera que el 'guay', 'tope', por ejemplo se ramificase en las voces de hace un siglo para elogiar a algo o a alguien.
Ver esa indicación (Foto 1)hacia un lugar recóndito de Lugo da que pensar. Habrá quien vea un pequeño acto vandálico en el emborronado y en la añadidura. A mí me hizo gracia cómo la cercanía de las vocales te invitan a la delicia del lenguaje. Os advierto que la costa está lejos, pues Lugo es de interior, pero cerca está la cuesta/costa que en 300 metros empinadísimos nos lleva a la aldea de San Fiz, aledaña a Lugo.
Allí ya es primavera, ya es Abril, ya menudean las flores de los cereixales. Por partes. Primero las más orientadas al Sur. Después vendrán las otras. En la Vera (Cáceres) los cerezos ya pasaron su nieve floral.
Pero hoy me interesa hablar del lenguaje y su deslizamiento. O mejor, de su antideslizamiento. Hace días leí en el cuaderno Tot Barcelona esa mención a las palabras antideslizantes. Su autor no pudo recurrir a mejor término para hablar, sin decirlo, de los eufemismos. Por ejemplo: Residencia Geriátrica por aparcamiento de personas mayores, retiro forzoso. Seguid ese cuaderno si quieren conocer de una manera particular y amena la ciudad de Barcelona.
Por cierto, la palabra deslizante de marihuana es el costo.
El tema musical propuesto lleva una pregunta clara: '¿De dónde venimos?' Yo añado otra ante las imágenes de estas dos encinas y su horizonte: ¿Adónde vamos? No me interesa la batalla por Marte ni la carrera espacial. Me interesa la tierra que piso, su fulgor y sus heridas. No es que uno de los dos árboles no haya brotado. Los dos árboles son encinas: una muerta y otra viva. La encina muerta probablemente haya sido atacada por el hongo Diplodia sp., hongo que está causando gran montandad de encinas y alcornoques. En lenguaje llano y explícito llaman a ese hongo 'la seca'. Por este hongo y por más cosas me pregunto yo '¿Adónde vamos?'
Estas dos encinas me dan que hablar. Una nació años después, cuando la otra ya estaba muy avanzada. Creció respetando es espacio propio de la otra. ¿Se sometió? No sé si hablar de sometimiento dentro de la propia Naturaleza. Lo cierto es que tuvo cabida y vida, aun inclinada. ¿Quién no ha oído que la Naturaleza es cruel? No, la Naturaleza es como es, es una lucha constante por la vida. ¿Y ahora qué? Una muerta y la otra viva. Pasarán muchos años hasta que esa encina muerta se desintegre. No sabemos si la viva seguirá con su inclinación u optará por la verticalidad. Los años, el tiempo. Aparte de estas consideraciones admiro la estética que me proporcionaron estas dos encinas, probablemente no tan acentuada de haber estado las dos vivas.
Leí el sábado pasado en El País un artículo en su página 41 titulado 'Alerta por la caída de la población de gorriones'. El texto íntegro lo encontraréis pinchando en el enlace: GORRIONES. Y es cierto que en la ciudad apenas se ven estos pájaros bulliciosos de la infancia. Y también es cierto que otras aves como urracas y mirlos se han sabido adaptar muy bien a todo lo que huele a urbano. El mismo sábado traían todos los periódicos reseñas sobre la muerte y la vida de Miguel Delibes. Quise yo volver a abrir un chiquito libro que Miguel escribió en el año 1979 titulado 'El mundo que agoniza'. Un librito a modo de ensayo muy enriquecedor y nada sesudo que debería estar como libro de lectura propuesta en la escuela. No me gusta decir como lectura obligada, sí propuesta. En su apartado 5, titulado 'La naturaleza como chivo expiatorio', Miguel dice que "En la Naturaleza, apenas cabe el progreso. Todo cuanto sea conservar el medio es progresar; todo lo que signifique alterarlo esencialmente , es retroceder." Un axioma sencillo éste. Yo sólo añado que, dentro de la Naturaleza nos hallamos en claro retroceso. Claro ejemplo el de los pardalillos o gorriones que me ha motivado esta entrada. Miguel Delibes fue, ante todo, un escritor del campo, de campo.
Quizás nosotros en unos años no seamos capaces de sostenernos en la verticalidad de una pared como lo hace el gorrión macho fotografiado.
Sí le digo yo a los gorriones de mis recuerdos a modo haiku:
I need another place Will there be peace? I need another world This one's nearly gone
Still have too many dreams Never seen the light I need another world A place where I can go
I'm gonna miss the sea I'm gonna miss the snow I'm gonna miss the bees I'll miss the things that grow I'm gonna miss the trees I'm gonna miss the sound I'll miss the animals I'm gonna miss you all
I need another place Will there be peace? I need another world This one's nearly gone
I'm gonna miss the birds Singing all this songs Been kissing this so long
Cuando estuve a ver a John Berger el 11 de Febrero dijo una cosa muy interesante respecto a la correspondencia. Conviene recordar que su último libro, titulado 'From to A to X', es la correspondencia que Aida escribe a la persona que más quiere y que está en prisión. Las cartas nunca tienen respuesta porque 'X' tiene prohibido mandar cartas. John Berger, desentrañando el personaje de Aida, expuso que no sólo lo que escribe son cartas en las que siente la vida sino que son cartas que nos dicen cómo siente sabiendo ella que está vivo. Un matiz importante cuando no tenemos respuesta es ése: saber que a quien escribimos está vivo.
El vídeo propuesto pertenece a la hermosa película de Víctor Erice donde Agustín (Omero Antonutti) le dice a su hija Estrella(Icíar Bollaín) que 'es bonito decir a todo el mundo lo que piensas' a propósito de una pintada que 'El carioco'(Miguel, amiguete de Estrella) había hecho en la tapia de su casa exponiendo claramente 'Te quiero'. Agustín ha sufrido una derrota de amor con la mujer que llevaba una correspondencia: ella le dice que no le escriba más. Él calla su amor, lo ha ingerido tanto, necesita tanta luz -El sur- que decide ante la derrota suicidarse. Quien no haya visto esta película llena de metrónomos vitales/visuales que lo haga.
En la zona de Braga, Portugal, hay una simbiosis perfecta entre olivos y naranjos. Cuando vi esos altos y viejos olivos, ya desatendidos, pregunté la razón de los naranjos bajo su copa. Me dijeron que, para evitar en los naranjos las heladas severas, caso de producirse, los olivos los protegerían pues soportan mejor el frío. Qué propuesta tan hermosa, tan bien observada. Pienso en ese aroma fragante de azahar que allí ya estará a punto de rondar. Pienso en esos olivos protectores tan desprotegidos ellos ya. Pienso en la palabra 'lagar' cuando me contaron el sabor del aceite que antaño producían y que allí llevaban para moler las aceitunas. Pienso, a veces, sobre nuestro escaso presente, sobre ese pasado tan sólido, tan inteligente.
Carmen Linares canta estos versos del poeta Juan Ramón Jiménez. Más información en el enlace sobre su DISCO.
Dejadme en el jardín fragante, porque quiero ver el sol en el agua blanca de mariposas; pues si esta tarde de oro pasa el frío y me muero, me llevaré mi alma toda llena de rosas.
Llegan los carnavales y desde luego no me voy a disfrazar de Wang Lun. Si, al menos fuera una barra estilizada de pan me disfrazaría de pan real o de folar, como los que hacen todavía por Vinhais (Portugal). Y es que hoy, casi todo es disfraz. Disfraz y duda. Pero hoy no quiero que penséis. Escuchad a El Ecijano en esos tanguillos muy próximos al carnaval.
Ay María - Tanguillos
Tanquillos alegres y burlones, acordes con el espíritu gaditano indisoluble a este palo. Curiosa y renovada composición musical de Pedro Sierra, en sintonía con la renovación de las letras de la pieza. Dejamos atrás “los anticuarios” y nos encontramos con una letra de la que extracto algunos pasajes: “Estos tanguillos de Cádiz/ se los quiero dedicar/ a aquellas personas gordas/ que quieran adelgazar. Y un consejo les voy a dar/: menos pan y menos plato/ y más suela de zapato.” “Ay, María/ qué buena está la comida:/ un salmorejo bien hecho/ y una siesta al medio día.” “Hay que adelgazar, / después de comer/ yo no quiero andar./ Después de comer/ yo quiero un sofá.”
Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar sus víctimas, pero toda la vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición. Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir al patíbulo y Wang Lun, con un golpe de espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo: -¿Por qué prolongáis mi agonía? -le preguntó-. ¡Habíais sido tan misericordiosamente rápido con los otros! Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo: -Tened la bondad de inclinar la cabeza, por favor.
El hecho real fue que a un compañero con bastantes problemas familiares-que desconocía- a punto de jubilarse le dejé una antología de cuentos e historias mínimas de los siglos XIX y XX y le señalé este relato como fascinante y sin ninguna pretensión más allá de la meramente literaria. Al día siguiente mi relación con Pedro se descalabró y fue poco menos que traumática e huidiza. El me había traído a cambio un ejemplar de Un día en la vida de Iván Denísovich de Aleksandr Solzhenitsyn.
Ubaldo Rojo Barrero, natural de Martín Muñoz de las Posadas (Segovia) acudirá con rostro a este rincón mío que avento cadenciosamente para darnos unas lecciones de restauración de fuentes. Al tiempo. Pero ahora viene sólo parte de la conversación que tuvimos con él en la que hubo una palabra sincera que se derramó en la conversación a raíz de explicarnos la existencia de un pozo artesiano -sí, artesiano y no artesano como yo creí en un principio- en las cercanías del lugar. Pulso fue la palabra. 'La tierra tiene su pulso y donde menos te lo imaginas revienta', éso me dijo Ubaldo. Y magnífico era ese reventar de agua natural que yo desconocía a 5 kilómetros de mi pueblo (Hoyuelos). Y ayer fue cuando desde un alto observamos esas sombras de unos cortados a las que asigné de inmediato la idea de electrocardiograma. Si la tierra tiene su pulso, me dije, tiene también electrocardiograma. Plano sería mál síntoma. Pero escarpado el electro también podría significar sufrimiento.
Creo que ya incorporé esta deliciosa taranta al piano de Sergio Monroy. Cavar en los adentros es una forma de de comprender el pulso de las cosas.
Lucas es un tipo que ha dado mucho de sí en su vida laboral. Harto y ojo avizor de lo destructuctivas y asoladoras que son las relaciones personales decidió crear una empresa que llamó Navelina. Navelina no es el nombre de ninguna rusa ni ucraniana. Es una variedad de naranja entera. Y como no tenía ganas de exprimirse en el nombre decidió dotar de medias naranjas a quien las necesitase. Más o menos su empresa es una agencia matrimonial. Pero no es necesario casarse. Tiene ubicada su empresa en un antiguo chalet.
Elisa. Elisa es la mujer que llevó a Lucas por la calle de la amargura. No se me apuren, porque perfectamente pudo ocurrir al revés. A veces, la calle de la amargura es asfaltada por ambos.
Ella. Ella es Teresa. Diréis que la mujer de la limpieza. No. Ella da para más. Quizá tenga un instinto felino o quizás vierta la clave de todo lo sucedido.
Ellos. Ellos, los que estaban de fiesta son tan irrelevantes como lo que comerá el gato. Ellos, en ese momento del relato, formaban parte del desagüe emocional de Lucas.
Gato Negro. No tiene nada que ver con el gato blanco de Kusturica. Tampoco tiene que ver con las lanas del gato negro. Abrúptamente: el gato negro es el cómplice.
Érase una vez una papelera. Sobre ella estaba comiendo un gato. Lo estaba haciendo a lo grande, diríase que se teñía mientras probaba bocado. Al abrir la puerta, primero la miró con la cara y los hocicos bien rojos...., después, saltó a la mesa de Lucas dejando las huellas de unas almohadillas tintadas; otra breve mirada, los mismos hocicos y un decir a sus ojos como diciendo de su inoportunidad frente a su festín...
Lucas la había llamado por la noche. Le dijo que fuera temprano a limpiar la casa donde tenía ubicado el despacho, la casa donde había vivido toda su vida con Elisa. Pudo deducir a través de la llamada que estaba con más gente, no hablaban, sí reían, y a carcajadas... En el gato, completamente negro, reverberaba lo que a ella le pareció, sin duda, sangre. Había muchos gatos por aquellas calles tan silenciosas de coches y tan pobladas de chalets. Chalets de los más antiguos de la ciudad, algunos de ellos abandonados, algunos de ellos, incluso, comportándose como árboles, al salirles alguna que otra rama por las ventanas.
Habían dejado abierta la ventana del despacho, una ventana que daba a un breve jardín...Fue avanzar ella un paso y el gato saltar al alféizar, retar a la espera, a la reacción del grito. O a que huyese ella para volver a la papelera...
Quien sí saltó entre aquel cruce de miradas fue el teléfono. El gato quedó inmóvil y ella sin saber qué hacer. Siete tonos. -Sí, vine a limpiar como me dijo, pero... -¿Pero qué? -La ventana estaba abierta y en la papelera... -¡Deje a ese gato y váyase!
Apenas cerraba la puerta de la casa el gato volvía a aquella papelera, a rendir cuentas con su hambre o, quizás, a hacer un favor a Lucas. A los diez segundos ella decidió volver...
Esta noticia que leí el otro día en el MUNDO es la que me ha llevado a desencadenar esta entrada donde la carrera y las palabras se encuentran. Ya hace bastantes años solía hacer lo mismo que hago ahora en las vacaciones, pero más rápido: madrugar y correr. En una ocasión, en plena sierra de Grazalema, iba yo desde Benaocaz hacia Villaluenga del Rosario (unos siete kilómetros). Tal sudada llevaba que al llegar a Villaluenga , antes de retornar y sobre la marcha saludé a unos señores que allí estaban tomando el sol en la entrada del pueblo. No me dijeron 'Hola' de inmediato sino "¡Vaya aguardiente que traes!" Comprendí la hermosura de la imagen y la evocación de la palabra. En el retorno a Benaocaz iba yo tan contento, con una expresión en la mano. Desde luego, siempre que termino de correr, la sensación de acabar con las cosas más claras ha sido relevante. Pienso y me relajo. Pero ya veis, hacía falta un estudio con ratones para darse cuenta de los beneficios en la masa gris. No os pido que corráis. Creo que los mismos beneficios se consiguen andando. Bueno, los mismos no: el aguardiente sólo se destila a cierta velocidad.
-Franchete, dígame algo de su campo. -Le digo, digo yo, ¿no le ve las espuelas al silencio? -¿Y éso es bueno? -Es lo que es. -¿Y qué tal se convive, así, tantos años como lleva? -No suelo hablar mucho de ésto. -¿Y le producen mucho estas viñas? -La viña antigua necesitaba mucha compañía, mucha charla, ¿sabe usted? De esta emparrada se encarga mi hijo. -Sí, ya sé, la mecanización. -Sí, un modo de campar el ruido.
Uno, que es agricultor a tiempo parcial, ve estos campos de trigo que en su día vio y siente lo mismo: gente que se sabe en la tierra, que la cultiva con mimo, que lucha en ella. Uno se olvida de que existen las grandes producciones por unos instantes. Son producciones no ya sostenibles sino que se mantienen en un hilo y apenas dan de comer. Eso sí, se cuenta con la estética y el paisaje. A mí sí me interesa la estética y el paisaje; creo que a los pintores también.
A cambio, la agresión y la usura para con la tierra apenas existe. Es más, de haber un grave desabastecimiento a nivel mundial, serían de los últimos en perecer de hambre. Juan Echanove se atrevió el otro día en afirmar en El País que 'Dentro de 15 años, el que no lo cultive no lo va a comer'. Se refería a los productos que siempre han sido sabrosos y de temporada. A Él le ha dado por sembrar tomates en Madrigueras, un pueblo rojo en la sierra de Ayllón. Rojo por la piedra que caracteriza el lugar, sobre todo. Yo más bien añadiría que, el que pueda pagar bastante, comerá como es debido. Ójala que dentro de quince años se aprecien los alimentos más y se reflexione hacia donde vamos.
Y así concluyen en Nepal con la recogida del trigo. Con este inmenso color maduro y pleno uno no será rico pero será dichoso. Y no lo digo yo. Ya lo decía Horacio hace más de 2000 años en este precioso Epodo. (Que no se me asusten las mujeres con lo de 'púdica esposa'. Tampoco se me asusten con la mención a los esclavos. En lo demás creo que Horacio llevaba razón.)
El segundo Epodo de Horacio, en traducción de Enrique Badosa, dice:
"Dichoso aquel que lejos de negocios, como la primigenia raza de los mortales, ara el campo paterno con sus bueyes, libre de toda usura, y al cual, como a un soldado, no despiertan trompetas belicosas ni le asusta la mar embravecida, y se guarda del foro y del soberbio umbral del ciudadano poderoso. Así pues, o marida los crecidos vástagos delas vides con los álamos altos, o vigila en un valle retirado sus errantes rebaños mugidores, y con la podadera corta ramas inútiles e injerta otras que sean más fructíferas, o pone en limpias ánforas las mieles exprimidas, o esquila las ovejas de patas inseguras; o cuando Otoño eleva sobre el campo su cabeza adornada de frutos en sazón, cómo goza cogiendo las peras injertadas y uvas que rivalizan con la púrpura para obsequiarte, Príapo, y a ti, padre Silvano, protector de las lindes. Le complace yacer bajo una vieja encina, sobre el tupido césped; mientras tanto, las aguas se deslizan profundas por los cauces, en los bosques las aves se lamentan, y el murmullo del manar de las fuentes invita a un sueño leve. Pero cuando la estación invernal de Júpiter tonante junta nieves, ora acosa por todas partes con sus muchos perros al jabalí feroz hacia las trampas puestas en su camino, ora tiende con una larga vara redes de mallas finas, engaño para tordos comilones, y atrapa con el lazo la temerosa liebre y la grulla de paso, lo cual es un buen premio. ¿Quién con esto no olvida las amargas angustias que produce el amor? Y si, ademas, una púdica esposa participa en cuidar de la casa y a los queridos hijos, e igual que una sabina o la mujer de un diligente ápulo, quemada por los soles, pone leña seca en el sagrado hogar cuando llega el marido fatigado, y encerrando el ganado bien nutrido en el redil trenzado, deja secas sus ubres distendidas, y si extrae de la dulce tinaja un vino de este año, y prepara manjares no comprados, no me gustaría más que las ostras del Lucrino, tampoco el rodaballo o el escaro de Creta, si acaso una tormenta atronadora en los mares de Oriente los trajese a esta mar; ni el pájaro africano ni el francolín de Jonia irían a mi estómago más agradablemente que la oliva cogida del árbol cargadísimo, que la acedera amante de los prados, que las malvas benéficas para el cuerpo doliente o que la corderilla que se inmola cuando las Terminales, o un cabrito arrebatado al lobo. Durante estas comidas, qué agradable es ver que las ovejas regresan al redil, después de haber pastado; ver los bueyes, exhaustos, cómo arrastran con el lánguido cuello el arado invertido, y ver a los esclavos nacidos en la casa, enjambre que denota riqueza, colocados en torno a los brillantes Lares". Después de decir ésto, el usurero Alfio, casi pronto a volverse labrador, recupera en los Idus su dinero y en las Calendas busca colocarlo.
Otra ventaja del campo: la escucha de los pájaros.
Los pájaros son clarines y en medio los cañaverales que le dan los buenos días y al divino sol que sale.
En la localidad toledana de QUERO esta esa imponente casa-museo. Hurguen en la página y verán que casa más bella. Y no es que yo haya ido aún a ese lugar pero la lectura ocasional de un breve artículo en el periódico me ha llevado ahí. Pero ahora no me interesa la casa sino el relato ganador del I Concurso Internacional de Microrrelatos “Museo de la Palabra” de la Fundación César Egido Serrano. Y no me interesan tampoco los 7000 euros del premio. Las noticias son tan pobres y tan ceñidas al aspecto anecdótico de lo que Soledad Uranga va a cobrar por cada una de las dieciocho que consta el relato que olvidan el valor literario o el rumor que atraviesa una obra, aunque sea pequeña.
El hermoso y sensacional relato es éste:
"Hace días que llueve a cántaros. Y la gata se comió el último grillo que nos mantenía despiertos."
Puede que Soledad Uranga se acordase de Gabriel García Márquez y de los cuatro años continuados de lluvia en el Macondo de Cien Años de Soledad, o puede que se acordase del dinosaurio del genial Augusto Monterroso, o puede que le viniese a la memoria alguna otra situación, o puede que se le ocurriese así, sin más. Pero ahora el relato es nuestro, amig@s. Y podemos interpretarlo como queramos. Yo me decanto por una derrota a la esperanza de algo. Lo cierto es que desde que lo leí no me quedó más remedio que copiarlo. Lo hice en el móvil, registrado como mensaje que me hubiera llegado. Como si fuese un sms. Y creedme que me ha estado rondando. Pensé en la dictadura argentina, la que ya pasó, pensé en una familia en paro, pensé en una relación amorosa estancada, pensé. Ahora decidid, si os quedáis con los siete mil euros o con el relato.
Carlos Fava
Scrivo
Scrivo adagio adagio, scrivo con disagio, in continua attesa di una luce accesa. Scrivo delle idee, qualche informazione, uso un po' di arte e un po' di imitazione. Scrivo bambini, scrivo assassini scrivo mestiere, scrivo finalmente amore, scrivo in emergenza, privo di prudenza, scrivo incuriosito dalla tua coscienza.
Scrivo e sto invecchiando ma mi sento bene scrivo dondolando nell'ispirazione scrivo a quattro mani, scrivo solo in coppia scrivo col pensiero e tutto, tutto, si raddoppia.
Scrivo scrivo scrivo che la vita è imperfetta per più di un motivo, scrivo scrivo scrivo che la vita è bellissima per più di un motivo.
Scrivo con due dita, scrivo finché dura scrivo la tua faccia che aspettava la paura. Scrivo e non ci credo a tutto quel che vedo scrivo del mistero che è invece tutto vero. Scrivo per scoprire, scrivo per fermare scrivo e le parole vanno a farsi benedire. Scrivo quel che sono, scrivo l'abbandono, scrivo e poi risorgo col vestito buono.
Scrivo risucchiando tutto l'alfabeto scrivo e mi ripeto mi ripeto e mi ripeto. Scrivo bambino, scrivo ballerino scrivo del destino, scrivo, scrivo Giovannino.
Scrivo scrivo scrivo che la vita è imperfetta per più di un motivo, scrivo scrivo scrivo che la vita è bellissima per più di un motivo. Scrivo scrivo scrivo che la vita è imperfetta per più di un motivo, scrivo scrivo scrivo che la vita è bellissima per più di un motivo.