miércoles, 18 de marzo de 2009

Luciana



Luciana empezó a estornudar, así, con ese ton que conlleva al son de la moquera. Las salvas estornutorias le venían siempre que Inés limpiaba el polvo de la casa. Ahhhhchisttt. Ines se planteó momificar al polvo y no elevarlo a los altares de la atmósfera, pero no iba con ella. En su profesión de grabadora reinaba la asepsia, el polvo era el mayor enemigo para un buen grabador. Ahhhhchisst. Luciana, deberíamos hacerte las pruebas de la alergia a ver qué dan.

Buenas tardes. Buenas tardes, ustedes dirán. Mire, creo que la niña tiene alergia al polvo, o a los ácaros o a qué sé yo. El caso es que estornuda siempre que limpio el polvo en casa y es que mi relación con el polvo es de una hostilidad absoluta, no puedo con él, no lo soporto. El doctor le hace una línea de siete picaduras con una ligereza indolora. En una de ellas marca una cruz, justo en la que vierte la gota del alergeno del polvo. En el resto de picaduras va el olivo, las gramíneas, el pelo, los ácaros, las arizónicas y la saliva de perro. No pasó ni un minuto cuando la única picadura que aventajó al resto en una proporción volcánica fue la de la cruz. Un volcancito que subía es lo que estaba viendo Luciana brotar, crecer sin cesar. Esperaba una erupción en cualquier momento.

Luciana en seco y en caliente brasa dijo a ambos: ¡Pero si soy alérgica a Dios!

A partir de ese momento el alergólogo, para no alborotarse en sus creencias, decidió cambiar la cruz por el punto en la señal.





Este relato se lo agradezco a Inés González y a su hija Luciana, la niña que está en la tira de fotos.

lunes, 16 de marzo de 2009

Querencias: poesía delicada y desarrollos



http://nomequedo.blogspot.com/

Ybris te invito a unas judías. A esas judías que un vendedor del mercado de Lugo tenía como único género en venta. Te imagino un comer frugal como el de Don Quijote. Con lanza ya te veo en tus desarrollos temáticos, tan deliciosos, tan punzantes, tan de dar en la llaga. Un problema doméstico, irritante y tú lo encierras/abres bajo ese cocinado tan sabio. Y de los poemas qué decirte, la delicadeza de tus palabras, tu temática tan intimista, el cuerpo como lugar en que albergarnos/tenernos, la no estridencia. ¡Que te lean, coño!
Qué decirte de esa bolsa de las judías, que jamás cerrará en negativo como la usurpadora y descarada bolsa para muchos con mayúsculas. Siempre conviene leer la letra pequeña para que no nos engañen. ¡Y aún así!

Abrazos, amigo en y de red. Te dejo con un tema interpretado por la chelista Olvido Lanza en el disco 'Querencia' de Mayte Martín: Glosa a la Niña de los Peines. Me gusta porque el chelo parece respirar.

sábado, 14 de marzo de 2009

Querencias: encina al natural y a témpera




Bajo este título quiero mostrar mi agradecimiento a tod@s aquellas personas que han pasado por este cuaderno tan irregular en temas como excesivo en intimidad. Empiezo por Inés y Pedro. Sus direcciones son:

http://incisionesmultiples.blogspot.com/
http://glup2.blogspot.com/

A los dos les dedico estos versos de Claudio Rodríguez:

(Sobre la encina)

Y con qué rapidez se identifica
con el paisaje, con el alma entera
de su frondosidad y de mí mismo.
Llegaría hasta el cielo si no fuera
porque aún su sazón es la del árbol.
[...]
...¿Es cierta
mi vida así, en sus persistentes hojas
a medio descifrar la primavera?

De el Libro primero de 'El don de la ebriedad'

A Pedro le dedico la foto de la encina por si sus ánimos lo animan en el buen tiempo a hacer de pastor y, en el tiempo libre, elevar con un txistu la grandeza del aire.
A Inés le dedico la acuarela que pinté en su día como versión de esa encina para que disfrute de su luz.

Sé que la única manera de que lleguen al cielo los dos es escalando la encina para allí reposar un rato, pero para eso han de esperar a que la encina pierda su sazón de árbol. Merecerá la pena esperar.

Besos y abrazos.

jueves, 12 de marzo de 2009

Termitas agnósticas/termitas católicas

Verse en la cabeza de un niño es verse lleno de posibilidades.

Ruta diaria de casa al colegio. Coche para arriba, coche para abajo. Montan los niños y yo veo dos cucarachas pintadas en un papel prendido en un limpiaparabrisas. Lo cojo y lo leo rápidamente. Empresa de desinsectación. Toma Luis, mira que bichos. Y Luis, sin haber circulado doscientos metros, me dice, papá, qué son las tesmitas. ¿Pondrá termitas? Sí, sí, termitas. ¿Y qué son? Mira, son como unas pequeñas hormigas que se comen la madera. ¿Y se pueden comer nuestros muebles de casa? No, Luis, normalmente acuden a casas viejas y sobre todo a las iglesias, a los retablos, ¿sabes lo que es un retablo?, lo que estuvieron restaurando en el pueblo, detras de donde se pone el cura. ¿Y las termitas saben si el cura está dando la misa? (Dar la misa, Luis ha captado esa expresión de cuando era pequeño y sus tíos lo llevaban a la misa el día de la fiesta, allá por agosto.)¿Y éso, Luis, para qué lo querrían saber? Pues para que no les molesten mientras comen la madera.

Os lo dejo así, amig@s, tal como sucedió el grato viaje hacia el colegio. No os voy a enredar sobre quién ha sido más termita si los que dan la misa o el insecto real. Y no digo nada sobre los que dan la misa lo que han importunado a la hora de comer. He dicho que no decía nada, vale, os dejo con Serrat y Ginesa Ortega en un buen encuentro con los macarras de la moral.



Los Macarras De La Moral
Sin prisa pero sin pausa,
como el "calabobos"
desde las mas tierna infancia
preparan el cebo
"Si no te comes la sopa
te llevará el coco"
"Los tocamientos impuros
te dejaran ciego..."

Y te acosan por la vida
azuzando el miedo,
pecando en el río turbio
del pecado y la virtud
vendiendo gato por liebre
a costa de un credo
que fabrica platos rotos
que acabas pagando tú.

Son la salsa
de la farsa.
el meollo,
de un mal rollo.
La mecha
de la sospecha.
la llama
de la jindama

son el alma
de la alarma.
del recelo
y del canguelo.
los chulapos
del gazapo.

Lo macarras
de la moral.

Anunciando el apocalipsis
van de salvadores
y se les dejas te pierden
infaliblemente.
Manipulan nuestro sueños
y nuestros temores
sabedores de que el miedo
nunca es inocente.

Hay que seguirlas a ciegas
y serles devoto
creerles a pies juntillas
y darles de la razón
que: "el que no se quede quieto
no sale en la foto"
"Quien se sale del rebaño,
destierro y excomunión"

Son la salsa...

Sin prisa pero sin pausa
esos carcamales
organizan sus cruzadas
contra el hombre libre
mas o menos responsable
de todos los males
piensan que por su cuenta,
sueñan y lo dicen.

Si no fueran tan temibles
nos darían risa
si no fueran tan dañinos
nos darían lastima
porque como los fantasmas,
sin pausa y sin prisa.
no son nada si se les quita la sábana.

Son la salsa...

lunes, 9 de marzo de 2009

Hoyuelos





Que no es como cuando entonces te tenía,
o me tenías, tanto da.
Aglutinabas de los sencillos juegos
su espacio más elevado, su textura de calle
ensamblada en nosotros.

¡Cómo te has ido escribiendo en mí!

Imagino sonidos que te siguen habitando,
son como una espontánea mansedumbre
decidida a rebajarme, por instantes,
al niño de indumentaria permanente, semanal.
Me divertí, aunque fueran rugosos tus inviernos.

Te rebota ahora mucha ruina
en su declamar de adobe,
de piedra, de abandono.
Bajo tus campanas no entro ya
como entraba con el agobio
de las rancias sotanas,
pero si da que las oigo, sereno
puede que mendigue
recuerdos al niño claro.

Si no te veo, si no entro en ti,
el porvenir de la ausencia está asegurado.
Pero, ¡ay! si te veo, viran los recuerdos
a la luz intensa, luz de ausencias.
Recuerdos con semblante de fugacidad.

Vigilante sigo a menudo,
en la alta memoria. Muy elástica
es aún la mirada de mimbre que en ti tuve.




Remembranzas (Juan Ramón Jiménez)
(A Manuel Reina)

Recuerdo que cuando niño
me parecía mi pueblo
una blanca maravilla,
un mundo mágico, inmenso;
las casas eran palacios
y catedrales los templos;
y por las verdes campiñas
iba yo siempre contento,
inundado de ventura
al mirar el limpio cielo,
celeste como mi alma,
como mi alma sereno,
creyendo que el horizonte
era de la tierra el término.
No veía en su ignorancia
mi inocente pensamiento,
otro mundo más hermoso
que aquel mundo de mi pueblo;
¡qué blanco, qué blanco todo!,
¡todo qué grande, qué bello!

domingo, 8 de marzo de 2009

182

¿Quién da la vez?
Tiene que coger el número en esa máquina, junto a la columna.
Pulsé. 182.
Miré a la pantalla, iba por el 171. Los cuatro mostradores estaban ocupados, el resto de la sala permanecía bastante quieto. Pero, mientras llegaba mi número, más me obcecaba en él. 182. ¿Un simple número? ¿Quizás sea el número de la risa, o de la sonrisa; o un punto de partida; o una sucesión de números posteriores, o anteriores; o un insignificante destello; o un viaje reposado; o un desierto inacabado; o un fiasco; un loable gesto del tiempo; un significado exclusivo; la temperatura de una flor? No sé. Pensaba en ese número y avanzaban los precedentes en el panel.
182.

sábado, 7 de marzo de 2009

El i-limitado reptar de las palabras




Dejamos Córdoba, sus ríos y sus poemas para entrar en la escucha de las palabras. ¡Y qué mejor sitio que un mercado en la calle para ello! Uno despliega el oído y se encuentra con un sinfín de palabras y expresiones que se ajustarían como un guante a una prosa de lo más seductora. Os propongo: si os digo 'precios de cartera' probablemente así, en seco podéis pensar que se trata de lo que valen las carteras. O cualquier otra cosa. Pero uno va por el mercadillo y oye a la señora que aparece en la foto decir: 'Bolsos de l-imitación de piel a precios de cartera'. ¡Cómo no me voy a detener a captar ese instante tan literario! Sí, así lo considero. Y os juro que mi oído aún da para mucho. Seguro que en su mente tenía el concepto de 'imitación' de piel, oye que la señora era honrada, que no mentía, que no nos engañaba, que eran bolsos de imitación, que serían de piel sintética y mala, de esa que se despelleja al hacerle una mínima caricia. Pero repitió hasta la saciedad 'limitación de piel'. Estaba siendo doblemente sincera con una sola expresión: bolsos malutos con la piel limitada. Pero ¿y lo de a precios de cartera? ¡Señores de la Academia!, los tiempos de crisis son cruciales para ajustarnos las carteras, para no dejar volar los billetes, y los precios de cartera son los que son y nunca serán lo que no querríamos pagar. Porque en la cartera de un comprador/a que acude a los mercadillos ya hay una condición y es la de ser escasa o, al menos, parecerlo. Y si no fíjense en el marido, no lleva cartera y tan repleto. Así que cuando queráis preguntar por el valor de una cosa no os cortéis en decir si tiene precio de cartera. Y, hala, hala, a contárselo a los de la Academia.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Abú Meydán



Sin alejarnos de Córdoba, un gran poeta sufí sevillano, Abú Meydán, escribió unos versos muy encendidos donde el Guadalquivir seguiría siendo un afluente de corazones y jardines de fuego. En esta canción, Nasser, interpreta esos versos con laúd y voz donde lo que importa es el sentido de la emoción al que el amor siempre ha contribuido, desgajándole a uno de su sí. O uniéndole.


¡Oh corazón!, visitaste al amado y no se apaciguó esta pasión.
¡Qué maravillosa es para un corazón que se abrasa en la dicha!
Creció el amor alejándose la paciencia
y al intentarlo ante la visita, se ocultó.
Las llamas del amor las avivó un jardín,
y ante él la voluntad se liberó de la paciencia.




Yo, apenas escriba estos versos callo:


Sé que ella me advierte tras estos olivos.
No padezco lo que sus frutos,
que habrán de transitar hasta el envero
para luego entregarse maduros.
Sé que al otro lado acorrala el río
al castillo. No escapará. Impaciente,
restringiré su salida que no sea hacia
el imponente deseo, que nada escatima
en llamas herradas de fuego.

martes, 3 de marzo de 2009

Decálogo propio o prestado para calarse la mirada ante los olivos.



No me fatigaré jamás viendo tanto olivo.
Amo al olivo, al olivar, siento su fruto.
Mando, elevo, siento mis piernas entre sus dominios.
Eligo que me rodeen, que me emprendan.
Se que soportan frío y calor, también participo.
Su disposición, si anárquica, mejor.
Si los hallo llenos de tierra férrea, no los suelto.
Voy a ellos como ellos a mí: con torsión sangrante.
La mímesis me enreda, agiliza mi postura.
Si puedo, mi aire sentido engloba a la palabra.




Cayó al suelo una paloma
que le partieron las alas,
parece que convenía
que el vuelo no levantara.

Ramita de oliva, del pico cayo
ay rama del limonero,
ramita de oliva, limonero no,
cerca del limón el aire,
los dos cerquita de tí,
y limón,y aire y las hojas,
verde y pintao,
ramita de perejil.


Farruca inmensa.
Letra de Francisco Moreno Galván interpretada en la voz comprometida de José Menese. Todo un clásico

viernes, 27 de febrero de 2009

Me dijiste




Que inmensidade vagante de auga
en gotas tecidas de seda!

Benquerencia(no) mar, Xosé Otero Canto, de su libro 'Arelas de prata e soños'




Ya mar somos, inevitable botadura, me dijiste.

No retrocedas, prefiero ser pecio a que vuelvas a la playa. Mírame, ignora que vienes de la tierra, que nos anticipó. Parte de ti ha de saber de los arpones que disimulan su quietud constantemente. No te fíes, son sólo una apuesta a cuanto emerge. Por eso, todo el aire que puedas y, después, nada hacia adentro. Añade vértigo a tu forma de nadar, seduce a las algas, a las rocas, a todos los peces. Siempre nos servirá su compañía. Pero no vuelvas, la tierra es incierta, jugosa. Además, la sal nos inventa cada día, es nuestro alarde de sabor. Ah, y olvídate de las flores. También me dijiste.