miércoles, 17 de febrero de 2010

Mirador al Tajo

Ruina(A Regino Sainz de la Maza)

Vienen las hierbas, hijo;
ya suenan sus espadas de saliva
por el cielo vacío.

Mi mano, amor.¡Las hierbas!
Por los cristales rotos de la casa
la sangre desató sus cabelleras.

Tú solo y yo quedamos;
prepara tu esqueleto para el aire.
Yo solo y tú quedamos.

Prepara tu esqueleto;
hay que buscar de prisa, amor, de prisa,
nuestro perfil sin sueño.


Casa en ruinas en el término de Villaconejos (Madrid).

Esqueleto de casa y árbol seco.
Mirador al Tajo.
Altura castigada, precipicio inmerso.
Mirador al Tajo.
Perfecta muerte cuando todo crece.
Mirador al Tajo.
Quien no mira no construye.
Mirador al Tajo.
Preferimos alturas sin oxígeno,
en la ciudad.
Mirador al Tajo.

Acuso al río,
de tanto mirarme,
de nada decirme.


Mirador al Tajo.



Propuse una partitura de escucha de una petenera en la anterior entrada. Ahora es una soleá bellísima de Anoushka Shankar y el pianista Pedro Ricardo Miño. Hago hincapié en su escucha, pese a la publicidad. E igualmente, la misma insistencia en el compás de las manos a partir del minuto 4'.

martes, 16 de febrero de 2010

Arrebol



Partitura particular de escucha:

La petenera se abre mansamente.
La guitarra se abanica hasta entrar en voz.
Un toque eléctrico nos hace una señal.
¿Alegría y pena quererse cómo se quieren?
¡Qué cosas se dicen y encima con guitarra!
Minuto 2'55'': culmen, la hondura del de pensamiento, frenazo en seco de las cuerdas de la guitarra.
Entramos en ritmo de soleá por bulerías, ritmo alegre.
El día cesa, se arrebola.



Ay, ay petenera.
Ay qué alegría y qué pena,
el quererte como te quiero,
ay qué alegría y qué pena,
el quererte como te quiero,
dentro, muy dentro te llevo,
petenera triste de mí,
dentro muy dentro te llevo,
metida en el pensamiento,
ay qué alegría y qué pena
quererte como te quiero.

miércoles, 10 de febrero de 2010

John Berger



Desde que leí a J.Berger quedé absolutamente conmovido por su entrega al mundo campesino, por su atención al mismo a raíz de la mecanización del campo y por la visión del nuevo emigrante a la ciudad procedente del campo. Tres fueron la obras que condensaron esa entrega: Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag. (En la página del enlace pueden ver lo extenso de su obra donde predominan los magníficos ensayos sobre fotografía y su peculiar forma de hacer crítica a las obras de arte.) La primera vez que lo vi me emocionaron esos ojos suyos, tan vivos, tan sugerentes. Fue en el año 96, en la Biblioteca Nacional, en una conferencia que dio sobre Goya. Mañana vuelve a Madrid a la Casa Encendida con motivo de una exposición que Isabel Coixet monta sobre J. berger a propósito de su último libro From A to X.
Tan sólo me gustaría que os toméis el tiempo necesario para leer este artículo que publicó en 'El País' el domingo 3 noviembre de 2003. Dejo el enlace .
AQUÍ. Veréis, una vez leído, si no estamos donde estábamos o estamos peor.

Os dejo, por último, con un poema de su libro-ensayo Páginas de la herida, Ed. Visor. que trata sobre lo que dejamos en el campo cuando nos trasladamos a la ciudad como vagabundos:

En un puñado de tierra
he enterrado todos los acentos
de mi lengua materna

allí yacen
como agujas de pino
reunidas por las hormigas.

Puede que algún día el llanto balbuciente
de otro vagabundo
las incendie
entonces caliente y consolado
oirá toda la noche
la verdad como una nana.



Os propongo esta nana rusa muy ajustada al poema de J. Berger donde la foto ampliada os velará la letra. Al final, parte la Sinfonía del Nuevo Mundo a la que alude Berger en su artículo.





martes, 9 de febrero de 2010

Consejos para disfrutar comiendo


Llegan los carnavales y desde luego no me voy a disfrazar de Wang Lun. Si, al menos fuera una barra estilizada de pan me disfrazaría de pan real o de folar, como los que hacen todavía por Vinhais (Portugal). Y es que hoy, casi todo es disfraz. Disfraz y duda. Pero hoy no quiero que penséis. Escuchad a El Ecijano en esos tanguillos muy próximos al carnaval.





Ay María - Tanguillos

Tanquillos alegres y burlones, acordes con el espíritu gaditano indisoluble a este palo. Curiosa y renovada composición musical de Pedro Sierra, en sintonía con la renovación de las letras de la pieza. Dejamos atrás “los anticuarios” y nos encontramos con una letra de la que extracto algunos pasajes:
“Estos tanguillos de Cádiz/ se los quiero dedicar/ a aquellas personas gordas/ que quieran adelgazar. Y un consejo les voy a dar/: menos pan y menos plato/ y más suela de zapato.”
“Ay, María/ qué buena está la comida:/ un salmorejo bien hecho/ y una siesta al medio día.”
“Hay que adelgazar, / después de comer/ yo no quiero andar./ Después de comer/ yo quiero un sofá.”

domingo, 7 de febrero de 2010

Hecho Real

A.KOESTLER (Hungría, 1905-1983)

EL VERDUGO WANG LUN

Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar sus víctimas, pero toda la vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición.
Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir al patíbulo y Wang Lun, con un golpe de espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:
-¿Por qué prolongáis mi agonía? -le preguntó-. ¡Habíais sido tan misericordiosamente rápido con los otros!
Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:
-Tened la bondad de inclinar la cabeza, por favor.



El hecho real fue que a un compañero con bastantes problemas familiares-que desconocía- a punto de jubilarse le dejé una antología de cuentos e historias mínimas de los siglos XIX y XX y le señalé este relato como fascinante y sin ninguna pretensión más allá de la meramente literaria. Al día siguiente mi relación con Pedro se descalabró y fue poco menos que traumática e huidiza. El me había traído a cambio un ejemplar de Un día en la vida de Iván Denísovich de Aleksandr Solzhenitsyn.

viernes, 5 de febrero de 2010

Hecho sustancial



Hecho de estar vivo es esta vivencia.
Estoy hecho y es un hecho singular
acompasarse a la vida tal cual.
De lejos, asomarse a la dedicación
con que unas cigüeñas se alimentan,
exhiben su corte de plumas, verlas
sin un ápice de extorsión, así de lejos,
me incorpora aún más a su ritmo. Y
de igual diría si entre desgarros y picos
la comida se elevase a violencia en favor
de una manada atestada de buitres. Su
ritmo también sería el mío: considerar
esas vivencias como pequeñas partes
de la necesaria sabiduría.



miércoles, 3 de febrero de 2010

De pulsos y electrocardiogramas



Ubaldo Rojo Barrero, natural de Martín Muñoz de las Posadas (Segovia) acudirá con rostro a este rincón mío que avento cadenciosamente para darnos unas lecciones de restauración de fuentes. Al tiempo. Pero ahora viene sólo parte de la conversación que tuvimos con él en la que hubo una palabra sincera que se derramó en la conversación a raíz de explicarnos la existencia de un pozo artesiano -sí, artesiano y no artesano como yo creí en un principio- en las cercanías del lugar. Pulso fue la palabra. 'La tierra tiene su pulso y donde menos te lo imaginas revienta', éso me dijo Ubaldo. Y magnífico era ese reventar de agua natural que yo desconocía a 5 kilómetros de mi pueblo (Hoyuelos).
Y ayer fue cuando desde un alto observamos esas sombras de unos cortados a las que asigné de inmediato la idea de electrocardiograma. Si la tierra tiene su pulso, me dije, tiene también electrocardiograma. Plano sería mál síntoma. Pero escarpado el electro también podría significar sufrimiento.

Creo que ya incorporé esta deliciosa taranta al piano de Sergio Monroy. Cavar en los adentros es una forma de de comprender el pulso de las cosas.

jueves, 28 de enero de 2010

Lo sucedido (0): Abruptamente: el gato negro es el cómplice

Lucas es un tipo que ha dado mucho de sí en su vida laboral. Harto y ojo avizor de lo destructuctivas y asoladoras que son las relaciones personales decidió crear una empresa que llamó Navelina. Navelina no es el nombre de ninguna rusa ni ucraniana. Es una variedad de naranja entera. Y como no tenía ganas de exprimirse en el nombre decidió dotar de medias naranjas a quien las necesitase. Más o menos su empresa es una agencia matrimonial. Pero no es necesario casarse. Tiene ubicada su empresa en un antiguo chalet.

Elisa. Elisa es la mujer que llevó a Lucas por la calle de la amargura. No se me apuren, porque perfectamente pudo ocurrir al revés. A veces, la calle de la amargura es asfaltada por ambos.

Ella. Ella es Teresa. Diréis que la mujer de la limpieza. No. Ella da para más. Quizá tenga un instinto felino o quizás vierta la clave de todo lo sucedido.

Ellos. Ellos, los que estaban de fiesta son tan irrelevantes como lo que comerá el gato. Ellos, en ese momento del relato, formaban parte del desagüe emocional de Lucas.

Gato Negro. No tiene nada que ver con el gato blanco de Kusturica. Tampoco tiene que ver con las lanas del gato negro. Abrúptamente: el gato negro es el cómplice.

No dejen de visitar:

Lo sucedido (I)
Lo sucedido (II)

miércoles, 27 de enero de 2010

Lo sucedido (I)



Érase una vez una papelera. Sobre ella estaba comiendo un gato. Lo estaba haciendo a lo grande, diríase que se teñía mientras probaba bocado. Al abrir la puerta, primero la miró con la cara y los hocicos bien rojos...., después, saltó a la mesa de Lucas dejando las huellas de unas almohadillas tintadas; otra breve mirada, los mismos hocicos y un decir a sus ojos como diciendo de su inoportunidad frente a su festín...

Lucas la había llamado por la noche. Le dijo que fuera temprano a limpiar la casa donde tenía ubicado el despacho, la casa donde había vivido toda su vida con Elisa. Pudo deducir a través de la llamada que estaba con más gente, no hablaban, sí reían, y a carcajadas...
En el gato, completamente negro, reverberaba lo que a ella le pareció, sin duda, sangre. Había muchos gatos por aquellas calles tan silenciosas de coches y tan pobladas de chalets. Chalets de los más antiguos de la ciudad, algunos de ellos abandonados, algunos de ellos, incluso, comportándose como árboles, al salirles alguna que otra rama por las ventanas.

Habían dejado abierta la ventana del despacho, una ventana que daba a un breve jardín...Fue avanzar ella un paso y el gato saltar al alféizar, retar a la espera, a la reacción del grito. O a que huyese ella para volver a la papelera...

Quien sí saltó entre aquel cruce de miradas fue el teléfono. El gato quedó inmóvil y ella sin saber qué hacer. Siete tonos.
-Sí, vine a limpiar como me dijo, pero...
-¿Pero qué?
-La ventana estaba abierta y en la papelera...
-¡Deje a ese gato y váyase!

Apenas cerraba la puerta de la casa el gato volvía a aquella papelera, a rendir cuentas con su hambre o, quizás, a hacer un favor a Lucas.
A los diez segundos ella decidió volver...

lunes, 25 de enero de 2010

Microrrelato 8: Lo sucedido (II)




'¿Por qué me prestas tanta atención?', le dijo el gato negro a Ella.
Después de todo lo sucedido, Ella prefirió callar.