Una palabra como brindis. Soy adicto a las palabras y al vino (al bueno, que el rondar de los buitres merece serenidad). Hoy se despedía un compañero no de viaje, sí de trabajo. Se organizaba una comida en Alcorcón, en el Charrito. Uno bebe igual que conduce, con prudencia. Pero el octanaje activa y el vino asesora: '¿Qué quiere usted, blandirse contra sí mismo?' 'Pues sí.' 'Pues adelante, indujo.' Y es cuando divierto mi copa y mis labios, mi paladar registra el beneficio de la duda que no es otra cosa que es no dudar bajo ningún pretexto, que es el recoger lo que entiendes por esencia: Viña Sastre, Crianza, 2005, 15º. 6 copas. Ojo, esto no es apología del alcoholismo, es acogida del placer. Pero os dije palabra como brindis para reanudar. Mi compañero Gaspar en un momento avanzado-final de la comida me dijo: 'Manolo, ¿qué tal vas?' Le conteste: 'Rasado.' Él lo entendió a la primera como buen etnógrafo y salmantino que es. Sabía del uso de las fanegas (medidas antiguas) de trigo, o de cebada. Sabía que se rasaban las medidas cuando se llenaban los sacos de rafia con un fanega y media, unos ochenta y tantos kilos. Y a mi 'rasado' me contestó: 'Ten cuidado con el cogüelmo.'
Hala, a buscar 'cogüelmo' y a adivinar cómo acabé la jornada.
viernes, 26 de junio de 2009
sábado, 13 de junio de 2009
Mensaje

Uno prefiere derivarse a la deriva, entrar en una botella y darse a la mar. Podría darme a la bebida. Pero no. Me daré al mar, al gran sol, al oleaje, al temblor de la sal, pero, sin duda, a la deriva. En tierra sería devorado por los de arriba y tragarme la misma sería algo así como pudrirme. O sea, a la mar y en botella.
Hasta pronto y agradecido a tod@s.
Amor, cuando yo pienso
en el mal que me das, terrible y fuerte,
voy corriendo a la muerte,
pensando así acabar mi mal inmenso.
Mas, en llegando al paso
que es puerto en este mar de mi tormento,
tanta alegría siento,
que la vida se esfuerza, y no le paso.
Así el vivir me mata,
que la muerte me torna a dar la vida.
¡Oh condición no oída
la que conmigo muerte y vida trata!
miércoles, 10 de junio de 2009
-¡Que sepas que me acuerdo de todo, abuelo, que me acuerdo de todo!
-¡Que sepas que me acuerdo de todo, abuelo, que me acuerdo de todo!
Ante esta admiración llevo rendido más de un año. Vamos, desde que me la acercó el mencionado abuelo. El trabajar en una cárcel es lo que tiene. Hay mucha vida detrás de cada persona presa. Sólo ahondaré en los detalles precisos para que esa frase con la que comienzo tenga todo el sentido de profundo relato, de cuento real. Me hice muy amigo del abuelo mientras estuvo preso, un año y pico, intercambiamos nuestras experiencias. Seguimos como lo que afianzamos: entramados de amistad. Sólo tenía un pesar el abuelo: evitar que su nieta mayor, su ojo derecho, supiese de su encierro. '¿y cuando viene el abuelo, mamá?' 'El abuelo está en Chile, está por una buena temporada.'
Y en sus visitas a la cárcel, ella, su hija, le decía que su nieta no hacía más que preguntar por él.'Tranquilo, papá, cree que estás en Chile'. 'Manuel, si deseo salir es para ver a mi nieta, siempre es la que primero se sube a mi rodilla cuando iban a verme a casa. De nadie eran mis rodillas. Y yo le contaba...Ya te he dicho, son nueve años y ya tiene perspectiva real del lugar donde me encuentro. No la traen porque preguntaría y no quiero que pregunte. Estoy en Chile.'
Y fue por navidad, tras su primer permiso en quince meses. Le esperaban en en la escalera de su vivienda unifamiliar toda la piña familiar. La primera, su nieta mayor. Cuando el abuelo llegó, Julia se lanzó a su cuello, lo beso y le dijo:
-¡Que sepas que me acuerdo de todo, abuelo, que me acuerdo de todo!
Ante esta admiración llevo rendido más de un año. Vamos, desde que me la acercó el mencionado abuelo. El trabajar en una cárcel es lo que tiene. Hay mucha vida detrás de cada persona presa. Sólo ahondaré en los detalles precisos para que esa frase con la que comienzo tenga todo el sentido de profundo relato, de cuento real. Me hice muy amigo del abuelo mientras estuvo preso, un año y pico, intercambiamos nuestras experiencias. Seguimos como lo que afianzamos: entramados de amistad. Sólo tenía un pesar el abuelo: evitar que su nieta mayor, su ojo derecho, supiese de su encierro. '¿y cuando viene el abuelo, mamá?' 'El abuelo está en Chile, está por una buena temporada.'
Y en sus visitas a la cárcel, ella, su hija, le decía que su nieta no hacía más que preguntar por él.'Tranquilo, papá, cree que estás en Chile'. 'Manuel, si deseo salir es para ver a mi nieta, siempre es la que primero se sube a mi rodilla cuando iban a verme a casa. De nadie eran mis rodillas. Y yo le contaba...Ya te he dicho, son nueve años y ya tiene perspectiva real del lugar donde me encuentro. No la traen porque preguntaría y no quiero que pregunte. Estoy en Chile.'
Y fue por navidad, tras su primer permiso en quince meses. Le esperaban en en la escalera de su vivienda unifamiliar toda la piña familiar. La primera, su nieta mayor. Cuando el abuelo llegó, Julia se lanzó a su cuello, lo beso y le dijo:
-¡Que sepas que me acuerdo de todo, abuelo, que me acuerdo de todo!
miércoles, 3 de junio de 2009
De cómo un árbol seco sencillamente nos habla

Dice esa encina seca,
dice lo que dio de sí.
Escasez de duda habita
en un árbol con patrimonio
tan sencillo de tierra y agua.
No dudar de ser,
ahora, no dudar del no.
No haber el que cala
y no resistir: es triunfo
de la leña que en directo
se advierte. Es cierto.
Un árbol que nos habla
de derrota nos incluye
en la rutina mineral del suelo,
no siendo sino la presentida
humedad que al resto
aún sostiene y vive.
sábado, 30 de mayo de 2009
En seco

Una pared así, en seco, en sujeción ya del cielo. La miro con los ojos diestros en lamentos. La miro con la plenitud de haber sido junto a ella. La miro acelerado y paso. La miro quieto para sentir la desproporción que acusa la infancia, lo realmente querido y no planteado. No hay momento que no pasee por aquellos lugares y no arrime la infancia a desenfundar un recuerdo, a alimentar un gesto o una pequeña carrera. Una pared así, en seco, el tributo de irnos de su lado.
Etiquetas:
infancia,
paisajes,
poesía,
Querencias,
Tempero
martes, 26 de mayo de 2009
Nido

Cayó este nido al suelo desde un pequeño ciprés que hay justo en la entrada a casa. Apareció en el suelo, así de intacto. Debió de caer tras la tormenta del viernes por la noche. Lo recogimos primorosamente, lo fotografiamos. Lo devolví a su lugar, sabiendo que acabará deshaciéndose.
Elijo un trenzado, el del hilo
vegetal de un nido, elijo la pausa
de un sueño en el acomodo liviano
de las plumas de un nido, elijo
la cuenca calculada, fomento de calor
en un nido, elijo su localidad,
siempre árbol o seto dispuesto,
taza de vida, mimbre abierto al vuelo,
destacada hondura, gesto de recogida
siempre un nido, de dormir, lo haría
sobre el período que dejas tras ellos,
tú nido, ligera abundancia, serena
fuente de primavera y amanecer.
sábado, 23 de mayo de 2009
Vastedad
Donde el mar me añade puede llamarse
vastedad, justo en esa parte que abate,
prolonga o destruye, parte instructora
de lo intenso, extremo navegable al deseo.
Tu no eliges su episodio sereno, o su
indumentaria bravura, entrar donde Él,
no ver horizonte ni tierra, haber hecho
parte a nado y ser, a partir de un momento,
fundamento y rumor, engranaje y hueso,
y, sin quererlo, también instrucción
de la nada, seguro de haberte agotado y
no haber, por parte de las aguas,
su más mínimo aprecio.
Pero oye, así es el mar,
así de injusta tu crecida en Él,
donde te habías creído sal.
vastedad, justo en esa parte que abate,
prolonga o destruye, parte instructora
de lo intenso, extremo navegable al deseo.
Tu no eliges su episodio sereno, o su
indumentaria bravura, entrar donde Él,
no ver horizonte ni tierra, haber hecho
parte a nado y ser, a partir de un momento,
fundamento y rumor, engranaje y hueso,
y, sin quererlo, también instrucción
de la nada, seguro de haberte agotado y
no haber, por parte de las aguas,
su más mínimo aprecio.
Pero oye, así es el mar,
así de injusta tu crecida en Él,
donde te habías creído sal.
jueves, 21 de mayo de 2009
Sacudida
Me sacude una frase y de sobra
sé que no debo pasarla por alto,
hacerlo sería desperdiciar,
llamémoslo, sin riesgo,
un poema: turbulencia tuya
querenciada de palabras.
'¿En qué forma de respirar
debo detenerme?' Y te ha surgido
mientras dabas vueltas al azúcar
de un sencillo café en vaso.
Y en el primer trozo de papel
a mano lo escribes,
tal y como te vino,
para leerlo de nuevo y avanzar
el tramo necesario, concretar
tu adecuada respiración a cada
una de las cosas que te rodean
o te asfixian
y decidir los márgenes
de cada inspiración.
sé que no debo pasarla por alto,
hacerlo sería desperdiciar,
llamémoslo, sin riesgo,
un poema: turbulencia tuya
querenciada de palabras.
'¿En qué forma de respirar
debo detenerme?' Y te ha surgido
mientras dabas vueltas al azúcar
de un sencillo café en vaso.
Y en el primer trozo de papel
a mano lo escribes,
tal y como te vino,
para leerlo de nuevo y avanzar
el tramo necesario, concretar
tu adecuada respiración a cada
una de las cosas que te rodean
o te asfixian
y decidir los márgenes
de cada inspiración.
sábado, 16 de mayo de 2009
Teresa
Se me apareció la muerte
cuando pensé de olvidarte.
Se me apareció la muerte.
Como la vida es tan amable
yo volví de nuevo a quererte.
Malagueña de Gayarrito
Federico Zurita Escalona siempre tuvo en el palomar de los Algoores su espacio de vuelo reservado.
-¿Por quién tocan a clamor?
-Murió Fede, se lo encontraron tirado en el camino de los Algoores con los bolsillos llenos de trigo.
-Se le acabaron los mensajes a Teresa.
-Eso también pensé yo al enterarme de su muerte.
-¿Y fue de muerte normal?
-Debió parársele el corazón.
Alrededor de la puerta de la casa de Federico se congregaba la gente del pueblo que quería echarle un último vistazo. Hablaban. Un pasillo en 'ele' llevaba a las flores, al cirio, a la caja y al silencioso hablar.
De una bandada de palomas se desprendió una para ir a dar junto a aquella puerta. Llevaba una anilla, o algo.
-Trae un mensaje dorado, dijo el primo de Fede.
-No, es un anillo dorado, lo conozco a la legua.
No pasó desapercibida la paloma a nadie. Ni su mensaje o su anillo. Se le dejó pasó. Quería entrar en la casa. La conversación paró mientras los ojos seguían hablando en reposo. La vieron entrar, encarar la 'ele'. Quien salía en esos momentos de la habitación se apartaba y se la quedaba mirando. No giraba la cabeza, andaba suelta, estirada, sin proteger su retaguardia. Sabía adonde iba, se sabía protagonista. Al llegar a la habitación, el almacén de susurros y recuerdos paró en seco. Se acercó a la caja haciendo unos gestos como de querer pasarla revista no fuese que del brillo de la madera se hubiera gestado alguna mácula.
Por un momento se dobló el silencio, pero sólo por ése momento porque al subirse la paloma al féretro la gente empezó a destilar con rigor lo que se intuía: la íntima relación de Federico con cada una de las palomas. Sabían que Federico acudía con trigo en los bolsillos al palomar, que las entrenaba para hacer llegar mensajes, que las seducía para, en su presencia y nada más llegar, le flambeasen un vuelo. Ahora lo confirmaban por la manera de acudir aquella paloma, por la forma de rodearle el rostro tras el cristal, por el sensual afilado de su pico que habría de hacer frente a él.
Tras esas manifestaciones tan luminosas, la paloma se quedó traspuesta, justo en la vertical de la cara del más presente. La dejaron, no la interrumpieron. Intuían de nuevo que la paloma sobrevolaba un momento de paz y respeto y que, es como si viniera a dar el pésame calando un gran sentimiento, si cabe, aún mayor que el de los allí aún vivos y conocidos del difunto presente.
Entre lo que se hablaba en voz baja empezó a destacar el asunto del anillo. Alguien dijo que era el anillo de Teresa.
-Es el anillo de Teresa.
-¿Qué?
-Que dicen que lo que lleva en la pata es el anillo de Teresa.
-¿Qué?
Y de la voz encogida alguien pasó a resaltar, a restallar:
-¡El anillo de Teresa!
En ese momento la semidormida paloma tomó vuelo, como si saliese despedida de la casa. La gente se apartó del pasillo, en la salida.
cuando pensé de olvidarte.
Se me apareció la muerte.
Como la vida es tan amable
yo volví de nuevo a quererte.
Malagueña de Gayarrito
Federico Zurita Escalona siempre tuvo en el palomar de los Algoores su espacio de vuelo reservado.
-¿Por quién tocan a clamor?
-Murió Fede, se lo encontraron tirado en el camino de los Algoores con los bolsillos llenos de trigo.
-Se le acabaron los mensajes a Teresa.
-Eso también pensé yo al enterarme de su muerte.
-¿Y fue de muerte normal?
-Debió parársele el corazón.
Alrededor de la puerta de la casa de Federico se congregaba la gente del pueblo que quería echarle un último vistazo. Hablaban. Un pasillo en 'ele' llevaba a las flores, al cirio, a la caja y al silencioso hablar.
De una bandada de palomas se desprendió una para ir a dar junto a aquella puerta. Llevaba una anilla, o algo.
-Trae un mensaje dorado, dijo el primo de Fede.
-No, es un anillo dorado, lo conozco a la legua.
No pasó desapercibida la paloma a nadie. Ni su mensaje o su anillo. Se le dejó pasó. Quería entrar en la casa. La conversación paró mientras los ojos seguían hablando en reposo. La vieron entrar, encarar la 'ele'. Quien salía en esos momentos de la habitación se apartaba y se la quedaba mirando. No giraba la cabeza, andaba suelta, estirada, sin proteger su retaguardia. Sabía adonde iba, se sabía protagonista. Al llegar a la habitación, el almacén de susurros y recuerdos paró en seco. Se acercó a la caja haciendo unos gestos como de querer pasarla revista no fuese que del brillo de la madera se hubiera gestado alguna mácula.
Por un momento se dobló el silencio, pero sólo por ése momento porque al subirse la paloma al féretro la gente empezó a destilar con rigor lo que se intuía: la íntima relación de Federico con cada una de las palomas. Sabían que Federico acudía con trigo en los bolsillos al palomar, que las entrenaba para hacer llegar mensajes, que las seducía para, en su presencia y nada más llegar, le flambeasen un vuelo. Ahora lo confirmaban por la manera de acudir aquella paloma, por la forma de rodearle el rostro tras el cristal, por el sensual afilado de su pico que habría de hacer frente a él.
Tras esas manifestaciones tan luminosas, la paloma se quedó traspuesta, justo en la vertical de la cara del más presente. La dejaron, no la interrumpieron. Intuían de nuevo que la paloma sobrevolaba un momento de paz y respeto y que, es como si viniera a dar el pésame calando un gran sentimiento, si cabe, aún mayor que el de los allí aún vivos y conocidos del difunto presente.
Entre lo que se hablaba en voz baja empezó a destacar el asunto del anillo. Alguien dijo que era el anillo de Teresa.
-Es el anillo de Teresa.
-¿Qué?
-Que dicen que lo que lleva en la pata es el anillo de Teresa.
-¿Qué?
Y de la voz encogida alguien pasó a resaltar, a restallar:
-¡El anillo de Teresa!
En ese momento la semidormida paloma tomó vuelo, como si saliese despedida de la casa. La gente se apartó del pasillo, en la salida.
martes, 12 de mayo de 2009
Sementera

Por éso. Por éso conservo en mis bolsillos semillas de palabras que sólo germinarán bajo la única condición de que la sombra no les aturda. Luego ellas ya la proporcionarán, pero éso es otra cuestión. Siembro la palabra 'tierra' y lo que empieza a salir es un bulto mullido y jugoso que tenderá hacia una escultura donde las hojas serán de una finísima loza donde comer acompañado. Ahí quedará para cuando la guillotina desbroce la soledad. Siembro la palabra 'amor', para por si acaso, por eso de contrarrestar la penumbra. Y ojo, al principio la planta denota cierta carnivorosidad, ejecuta sombras como soles, no requiere riego, tan sólo la postura de un beso y el cebar unas palabras que, a poder ser, no se las lleve el humo. Reunidas esas condiciones, nos garantizamos el aroma de sus hojas que son flecos de piel y que te pueden hasta anudar los orgasmos para no desperdiciar de ellos un gramo. Siembro la palabra 'escarbar' y gozo por los perros que vendrán a limar sus uñas sólo por ejecutar entre sus dientes los frágiles huesos de cristal antes de que nazcan. Y si alguno logra medrar mucho, se que en árbol de ventanas derivará: subirme a él y abrirlas.
Y más semillas tengo, pero no doy pistas de momento de su fecundidad, de sus riesgos. Ahora voy a ponerlas en remojo pues la soledad es tan incauta que rápido te lleva a actuar y a prepararte adecuadamente.
Ahora, espectador de mi actor, figurante de espera soy.
Dos canciones para mi sementera
Oímos las campanillas de las mulillas.
Alguien canta mientras ara.
Se cantaba en las labores del campo, en la trilla, en la siembra.
Víctor Monge, Serranito, abre la guitarra en esta breve temporera como quien siembra notas a delicado voleo.
Oímos las ventanas al alma.
Vicente cuando quiere escarba, medra hacia el interior de la guitarra.
Y nos hace partícipes de brotes llenos de hondura en esta minera.
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