Siempre hay algo que cruje, algo que empuja, algo que precisa ser observado. La sensación de que alguien alberga algo, o de que algo siempre alberga alguna cosa.
Dicen que ahora vives en un agujero negro y que te has vuelto como la nieve mas fría, que ya no hablas con nadie, que todo es gris en tus días de hielo.
Dicen que en tu vida no entra un rayo de sol y que has cerrado para siempre los ojos, que caminas feliz a oscuras por lo que puedas ver.
Dicen, dicen, pero tú no dices nada.
Dicen que sonríes en la soledad y que de noche hablas a escondidas, que cantas y bailas con los espejos esperando alguna respuesta del tiempo.
Dicen, dicen, pero tú no dices nada. De tanto callar, tú ya no dices nada.
Dicen que hay un ángel a los pies de tu cama que siempre vela por tu suerte, pero tú sólo ves la vela al final del camino y la llama en tu lecho de muerte.
Dicen, dicen, pero tú no dices nada. De tanto callar, tú ya no dices nada.
Dicen, dicen, pero tú no dices nada. De tanto callar, tú ya no dices nada.
Dicen, dicen, pero tú no dices nada. De tanto callar, de tanto callar, de tanto callar, tú ya no dices nada.
Inicio una travesía hacia el Sur. Recojo tanta luz como me quepa. Dejo que la hiedra trepe, que no dimita, que se acerque si lo desea. Me voy con esa soleá breve, con el corazón paciente. No me tortura la espera. El Sur siempre me resultó. Ahora sé que llevo el corazón engarzado en rojo. Al Sur mi cubil, mi deseo lleno de ramas. Al Sur por un tiempo. Al Sur más cardinal.
Amarillo pujante. Morado pleno. No hay detención posible. A la savia le han dado su exclusividad. Las esclusas florales, nuestro miedo al frío ya desperdigado.
Ay, moraítas las flores de la jacarandá. Ay, moraítas las horas del árbol de la soledad.
Leí el sábado pasado en El País un artículo en su página 41 titulado 'Alerta por la caída de la población de gorriones'. El texto íntegro lo encontraréis pinchando en el enlace: GORRIONES. Y es cierto que en la ciudad apenas se ven estos pájaros bulliciosos de la infancia. Y también es cierto que otras aves como urracas y mirlos se han sabido adaptar muy bien a todo lo que huele a urbano. El mismo sábado traían todos los periódicos reseñas sobre la muerte y la vida de Miguel Delibes. Quise yo volver a abrir un chiquito libro que Miguel escribió en el año 1979 titulado 'El mundo que agoniza'. Un librito a modo de ensayo muy enriquecedor y nada sesudo que debería estar como libro de lectura propuesta en la escuela. No me gusta decir como lectura obligada, sí propuesta. En su apartado 5, titulado 'La naturaleza como chivo expiatorio', Miguel dice que "En la Naturaleza, apenas cabe el progreso. Todo cuanto sea conservar el medio es progresar; todo lo que signifique alterarlo esencialmente , es retroceder." Un axioma sencillo éste. Yo sólo añado que, dentro de la Naturaleza nos hallamos en claro retroceso. Claro ejemplo el de los pardalillos o gorriones que me ha motivado esta entrada. Miguel Delibes fue, ante todo, un escritor del campo, de campo.
Quizás nosotros en unos años no seamos capaces de sostenernos en la verticalidad de una pared como lo hace el gorrión macho fotografiado.
Sí le digo yo a los gorriones de mis recuerdos a modo haiku:
I need another place Will there be peace? I need another world This one's nearly gone
Still have too many dreams Never seen the light I need another world A place where I can go
I'm gonna miss the sea I'm gonna miss the snow I'm gonna miss the bees I'll miss the things that grow I'm gonna miss the trees I'm gonna miss the sound I'll miss the animals I'm gonna miss you all
I need another place Will there be peace? I need another world This one's nearly gone
I'm gonna miss the birds Singing all this songs Been kissing this so long
Cuando estuve a ver a John Berger el 11 de Febrero dijo una cosa muy interesante respecto a la correspondencia. Conviene recordar que su último libro, titulado 'From to A to X', es la correspondencia que Aida escribe a la persona que más quiere y que está en prisión. Las cartas nunca tienen respuesta porque 'X' tiene prohibido mandar cartas. John Berger, desentrañando el personaje de Aida, expuso que no sólo lo que escribe son cartas en las que siente la vida sino que son cartas que nos dicen cómo siente sabiendo ella que está vivo. Un matiz importante cuando no tenemos respuesta es ése: saber que a quien escribimos está vivo.
El vídeo propuesto pertenece a la hermosa película de Víctor Erice donde Agustín (Omero Antonutti) le dice a su hija Estrella(Icíar Bollaín) que 'es bonito decir a todo el mundo lo que piensas' a propósito de una pintada que 'El carioco'(Miguel, amiguete de Estrella) había hecho en la tapia de su casa exponiendo claramente 'Te quiero'. Agustín ha sufrido una derrota de amor con la mujer que llevaba una correspondencia: ella le dice que no le escriba más. Él calla su amor, lo ha ingerido tanto, necesita tanta luz -El sur- que decide ante la derrota suicidarse. Quien no haya visto esta película llena de metrónomos vitales/visuales que lo haga.
Cantaron ellas. Destaco dos poemas bellos que Esperanza Fernández acopló a su decir cantado, y que Miguel Ángel Cortés enroscó con su guitarra. Dos poemas que desconocía y que fueron como un regalo. Espero que disfrutéis su lectura.
GABRIELA MISTRAL (1889-1957)
BEBER Al doctor Pedro de Alba
Recuerdo gestos de criaturas y son gestos de darme el agua.
En el valle de Río Blanco, en donde nace el Aconcagua, llegué a beber, salté a beber en el fuete de una cascada, que caía crinada y dura y se rompía yerta y blanca. Pegué mi boca al hervidero, y me quemaba el agua santa, y tres días sangró mi boca de aquel sorbo del Aconcagua.
En el campo de Mitla, un día de cigarras, de sol, de marcha, me doblé a un pozo y vino un indio a sostenerme sobre el agua, y mi cabeza, como un fruto, estaba dentro de sus palmas. Bebía yo lo que bebía, que era su cara con mi cara, y en un relámpago yo supe carne de Mitla ser mi casta.
En la Isla de Puerto Rico, a la siesta de azul colmada, mi cuerpo quieto, las olas locas, y como cien madres las palmas, rompió una niña por donaire junto a mi boca un coco de agua, y yo bebí, como una hija, agua de madre, agua de palma. Y más dulzura no he bebido con el cuerpo ni con el alma.
A la casa de mis niñeces mi madre me llevaba el agua. Entre un sorbo y el otro sorbo la veía sobre la jarra. La cabeza más se subía y la jarra más se abajaba. Todavía yo tengo el valle, tengo mi sed y su mirada. Será esto la eternidad que aún estamos como estábamos.
Recuerdos gestos de criaturas y son gestos de darme el agua.
Ana Istarú (Costa Rica, 1960) Poemas abiertos y otros amaneceres, 1980
Soy igual
No olvides
por favor
que tengo
nombre.
Yo soy igual
y soy distinta
Soy igual
en la tierra
y en mi oficio
de obrero.
Soy distinta
en la tibia
luna de mi sexo.
No hay eclipse
más dulce
que tu cuerpo
y mi cuerpo.
Pero por favor
no olvides
el nombre
que tengo.
Soy distinta, a veces,
pero soy igual.
Tengo la misma
hambre
de trigales
y vientos.
MIGUEL ÁNGEL CORTÉS
Esta misma seguiriya la tocó, pero con la voz de Esperanza y más alargada y con otros textos.
Vaya sueño tuve anoche. Iba conduciendo, ebrio para más cantar, con las cortas, sobre una carretera comarcal estirada. Un coche me dio las largas, ráfaga, luz, invento para no despistarse. Aflojé, no cabíamos los dos si no aflojaba. Aflojó. Casi llego a parar, paró. Era un marido, se le notaba en la cara.
Es sólo lo que recuerdo del sueño, ese haz de luz, esa ralentización. Y no era un ángel. Seguro que era un marido.
José Ángel Trelles (Balada para un loco, Horacio Ferrer.)
Recitado
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese que se yo, viste? Salis de tu casa por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos... Cuando de repente, detras de un arbol, me aparezco yo.
Mezcla rara de penultimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus: medio melon en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies y una banderita de taxi libre levantada en cada mano.
Te reis!... Pero solo vos me ves: Porque los maniquies me guiñan, los semaforos me dan tres luces celestes y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. Veni!, que asi, medio bailando y medio volando, me saco el melon para saludarte, te regalo una banderita y te digo...
Cantado
Ya se que estoy piantao, piantao, piantao... No ves que va la luna rodando por Callao; que un corso de astronautas y niños, con un vals, me baila alrededor... Baila! Veni! Vola!
Yo se que estoy piantao, piantao, piantao... Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrion; y a vos te vi tan triste... Veni! Vola! Senti!... el loco berretin que tengo para vos:
Loco! Loco! Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad, por la ribera de tu sabana vendre con un poema y un trombon a desvelarte el corazon.
Loco! Loco! Loco! Como un acrobata demente saltare, sobre el abismo de tu escote hasta sentir que enloqueci tu corazon de libertad... Ya vas a ver!
Recitado
Salgamos a volar, querida mia; subite a mi ilusion super-sport, y vamos a correr por las cornisas con una golondrina en el motor! De Vieytes nos aplauden: “Viva! Viva!”, los locos que inventaron el Amor; y un angel y un soldado y una niña nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda... Y loco —pero tuyo—, que se yo!; provoco campanarios con la risa, y al fin, te miro, y canto a media voz:
Cantado
Quereme asi, piantao, piantao, piantao... Trepate a esa ternura de locos que hay en mi, ponete esa peluca de alondras, y vola! Vola conmigo ya! Veni, vola, veni!
Quereme asi, piantao, piantao, piantao... Abrite los amores que vamos a intentar la magica locura total de revivir... Veni, vola, veni! Trai-lai-lai-larara!
Gritado
Viva! Viva! Viva! Loca ella y loco yo... Locos! Locos! Locos! Loca ella y loco yo! (Male voice)
'En el compás de su sangre', soleá de Esperanza Fernández acompañada al piano de Dorantes.
El piano de Dorantes, como atajando las notas entra tímidamente en los ritmos de la soleá. Sube el tono hasta que 'ayyea' Esperanza Fernández. Templar es una palabra clave para cantar. También influyen los duendes, sobre todo en las sobrias soleás. Voz gitana sin muchas aristas la de Ella. El piano se echa en falsetas. La tradición entra en la letra y en el alma. Esperanza termina en alto su sentida soleá.
Nana de Esperanza Fernández acompañada por Renaud García-Fons.
Grave entra el contrabajo enlazándose enseguida a un sonido aviolinado. Es el contrabajo de cinco cuerdas del soberbio Renaud García-Fons. Esperanza canta la nana entre el contrabajo y los violines.
Ae, deja mi niño de llorar. Ae, niño tú no llores más. Cada vez que un niño deje de llorar un gran arcoiris saldrá. Ae, niño duérmete ya. Ae, en tu cuna de agua y miel te vendrán a mecer todos los niños del mar, del mar de la esperanza. Ae, ay que siempre te protegerán.
Entrada viva de la guitarra en los acordes del taranto. Canto alto y plateado en el primer tercio:
Tan imposible lo hallo de tu querer apartarme como escribir en el agua de una piedra sacar sangre.
Segundo tercio, la voz sigue sublevada y la guitarra interna y honda.
Mi almita te regalé ay, no sé si la que tenía y mi almita te dediqué y a cada paso fui trampa de tu mal querer yo marqué tu vida inquieta. ¿Quién eres tú para hacer y deshacer?
Guitarra perfecta, leve y perfilada. Y la voz de Rocío, onubense, delicadísima en su entrada, paralela en tono a la guitarra. Palo éste, la granaína, poco frecuente:
Y no me la dejan ver y enferma y en la cama está. Y no me la dejan ver ay a mí me mata la pena y porque de seguro sé que al verme se pone güena.
La guitarra baila agaviotada en la falseta tras este primer tercio. Vuelve a su compás:
Ven y cuéntame tus penas y a quién lloras noche y día ven y cuéntame tus penas que por consolarte a ti doy la sangre de mis venas ay, aunque me cueste el morir.
Umbría de la Mujer Muerta vista desde la casa de los Picos-Segovia
Ya te coviene, Viva
Muerta más Viva.
Esperas. Espero.
Existes, eres. Conviene en ti la nieve.
Espero. Esperas.
Eres agua cierta. Paisaje de mi tiempo. Te inventan mis ojos, y tú, con tu vaso pequeño, tus flores detrás, la primavera cada día con su gesto de andar. Ya te conviene, Viva, ser afluente, ser condición, ser parte del amor.
Otras canciones a Guiomar--Antonio Machado A la manera de Abel Martín y de Juan de Mairena
I ¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura! * ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar! * En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento; * en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca; * asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia a traición, ¡siempre tú! Guiomar, Guiomar, mírame en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar
II
Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.
--Niña, me voy a la mar. --Si no me llevas contigo te olvidaré, capitán. En el puente de su barco quedó el capitán dormido; durmió soñando con ella ¡Si no me llevas contigo!… Cuando volvió de la mar trajo un papagayo verde. ¡Te olvidaré, capitán! Y otra vez la mar cruzó con su papagayo verde ¡Capitán, ya te olvidó!